Pablo Kaplun. Abril 13, 2026. El Nacional Ambiente: situación y retos
Hay conversaciones que no terminan. Se suspenden. Quedan flotando, como esas ideas que no se resignan a desaparecer. El martes pasado se cumplieron cinco años de que Benito Moreno León se fue —a su estrella, como él mismo decía—, y este 14 de abril habría cumplido años Jesús Rafael Delgado Villasmil.
Por eso, quizás, esta conversa con ellos —imaginaria pero rigurosamente fiel a su pensamiento— no tiene nada de ficción. Es, más bien, continuidad.
“La educación sigue siendo el punto de partida”
—Benito, si tuvieras que mirar hoy la escuela venezolana…
Benito sonríe, como siempre, con esa mezcla de rigor y ternura que lo caracterizaba.
—La escuela nunca fue un edificio, Pablo. Era un proceso. Pero hoy ese proceso está en riesgo. No porque falten ideas, sino porque faltan condiciones mínimas.
Hace una pausa breve, como quien mide el peso de lo que dirá.
—Un maestro que gana menos de un euro al mes no puede sostener la curiosidad de un niño. Y si además tiene que dar clases dos días a la semana porque el resto del tiempo sobrevive… entonces lo que está en crisis no es solo el sistema educativo: es la posibilidad misma de futuro.
No exagera. Su vida entera fue prueba de lo contrario: que con pocos recursos se puede hacer educación poderosa, pero no sin dignidad. Durante más de medio siglo, Benito recorrió Venezuela sembrando una idea simple y revolucionaria: que la ciencia no debía enseñarse desde el pizarrón, sino desde la experiencia directa con el entorno. (EL NACIONAL)
De allí nacieron los Centros de Ciencia, Tecnología y Educación Ambiental (CCTEA), una red que llegó a cientos de escuelas en todo el país, convirtiendo patios, montañas y ríos en laboratorios vivos.
—Nosotros no necesitábamos grandes equipos —continúa—. Teníamos el mejor laboratorio posible: el territorio.
Jesús: “El riesgo no es natural, es socialmente construido”
Jesús Delgado interviene con esa claridad conceptual que lo definía.
—Y hoy ese territorio está más vulnerable que nunca.
—¿Por el cambio climático? —le pregunto.
—Por el cambio climático… y por la política —responde sin titubeos.
Se inclina hacia adelante, como cuando daba clases.
—Estamos entrando en una fase de eventos extremos más frecuentes: sequías prolongadas y lluvias torrenciales. Eso no es una percepción, es una tendencia global. Pero el problema no es solo climático. Es estructural.
Levanta la mano, marcando cada idea.
—Cuando tienes comunidades empobrecidas, sin planificación urbana, sin mantenimiento de infraestructuras, sin sistemas de alerta… cualquier evento natural se convierte en desastre.
Hace una pausa.
—El riesgo no es natural. Es socialmente construido.
Su énfasis en la gestión comunitaria del riesgo siempre fue claro: no esperar al Estado, sino organizarse desde lo local.
—Las comunidades pueden mapear sus riesgos, organizar brigadas, identificar zonas seguras, gestionar el agua, recuperar saberes. Eso no sustituye al Estado, pero salva vidas cuando el Estado falla.
Política sin educación: una transición incompleta
—¿Y el momento político? —les lanzo.
Benito y Jesús se miran. Hay acuerdo.
—Se habla mucho de transición —dice Benito—, pero poco de educación.
—Exacto —añade Jesús—. No hay reconstrucción posible sin reconstrucción educativa. Y eso implica algo más profundo que salarios: implica un proyecto de país.
Benito retoma:
—Cuando creamos los Centros de Ciencia, no era solo para enseñar ecología. Era para formar ciudadanos críticos, capaces de entender su entorno y transformarlo.
Y ahí aparece una de sus ideas más vigentes: la educación ambiental como eje transversal, no como asignatura marginal.
—Sin comprensión ecológica —dice— no hay democracia sostenible.
Lo que Venezuela ya le enseñó al mundo
La conversación cambia de tono. Se vuelve más luminosa.
—Porque también hay que decirlo —insiste Benito—: Venezuela ya aportó cosas importantes.
Y menciona, con orgullo sereno, los Centros de Ciencia, Tecnología y Educación Ambiental.
—Eso fue una innovación pedagógica adelantada a su tiempo. Aprendizaje activo, trabajo en equipo, integración ciencia-comunidad, enfoque ambiental… Hoy eso se discute en el mundo como si fuera nuevo.
No lo era.
Durante décadas, miles de estudiantes venezolanos participaron en convenciones científicas, investigaciones escolares y experiencias de campo que marcaron generaciones enteras. (FUNDACENTROCIENCIA)
Jesús asiente.
—Y eso conecta directamente con la gestión comunitaria del riesgo. Porque una comunidad que entiende su territorio, que investiga, que se organiza… es una comunidad más resiliente.
“A pequeña escala también se transforma”
—Pero hoy, con el abandono institucional, ¿qué queda? —pregunto.
Jesús responde sin dudar:
—Quedan las comunidades.
—Y quedan las semillas —añade Benito.
Jesús desarrolla:
—A pequeña escala se pueden hacer cosas muy concretas:
- Sistemas comunitarios de alerta temprana
- Organización para el manejo del agua
- Identificación de zonas de riesgo
- Educación ambiental local
- Redes de apoyo ante emergencias
—Eso es gestión de riesgos real —dice—. No la de los documentos, sino la de la vida cotidiana.
Benito sonríe.
—Eso es, en el fondo, lo que siempre hicimos en los Centros de Ciencia.
La conversa que no termina
La tarde cae en algún lugar entre Mérida, Caracas y la memoria.
—¿Y ahora qué? —pregunto.
Benito responde primero:
—Ahora toca volver a empezar… pero mejor.
Jesús cierra:
—Y entender que el futuro no depende solo de grandes decisiones, sino de miles de pequeñas acciones organizadas.
La conversa se diluye, pero no se apaga.
Porque, al final, lo que dejaron no fue solo un recuerdo: fue un método, una ética y una certeza.
Que incluso en las peores condiciones, la educación, la comunidad y el territorio siguen siendo la base de cualquier transformación posible.
Ambiente: Situación y retos es un espacio de El Nacional coordinado por Pablo Kaplún Hirsz
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