Francisco Ortega y Luciano Di Fiori con Constanza Tapparelli y Sol Puente. 5 de mayo de 2026. McKinsey&Company

Vaca Muerta podría reconfigurar la trayectoria macroeconómica de Argentina e influir en la dinámica del suministro mundial de GNL, pero para alcanzar todo su potencial se necesitará una inversión coordinada a lo largo de toda la cadena de valor.
A medida que evoluciona el panorama energético mundial, se prevé que la demanda de gas natural licuado (GNL) aumente hasta 2050, y el GNL desempeñará un papel importante en la seguridad energética y la estabilidad de la red como combustible de transición. Sin embargo, ante la probable aparición de un déficit de suministro cada vez mayor a mediados de la década de 2030, se necesitan nuevas fuentes de GNL para satisfacer esta demanda, y con rapidez.
La formación de esquisto Vaca Muerta de Argentina se encuentra entre las más prometedoras no convencionales.1Recursos de petróleo y gas natural en el mundo. Reconocida desde hace tiempo como una de las mayores formaciones de esquisto con potencial para desempeñar un papel fundamental en la satisfacción de la demanda mundial, la cuenca se encuentra ahora al borde de una expansión transformadora que podría remodelar la trayectoria económica de Argentina y redefinir el papel del país en los mercados energéticos mundiales, particularmente en el gas natural.
En condiciones de mercado y de ejecución favorables, el desarrollo de Vaca Muerta podría representar hasta el 5% del PIB de Argentina para 2030, generando hasta 30.000 millones de dólares en exportaciones anuales y creando 25.000 empleos adicionales en el sector del petróleo y el gas por año, así como muchos más empleos para apoyar esta actividad.
Los recientes cambios económicos y regulatorios, junto con los avances en la productividad de los pozos y el desarrollo de la infraestructura necesaria, han reactivado el sector de petróleo y gas del país. Sin embargo, se requerirá una acción rápida y coordinada para aprovechar esta oportunidad. Para desarrollar plenamente el potencial de Vaca Muerta, se necesitará una inversión coordinada a lo largo de toda la cadena de valor, desde la perforación y la infraestructura de transporte hasta las instalaciones de exportación de GNL y la demanda industrial en la fase posterior.
Este artículo explora la magnitud de esta oportunidad y lo que Argentina necesitará para aprovecharla, incluyendo los requisitos críticos en todo el ecosistema de petróleo y gas del país.
El desarrollo de Vaca Muerta podría impulsar el crecimiento de Argentina y ayudar a satisfacer la demanda mundial.
La transformación del sistema energético mundial continúa a buen ritmo, y se prevé que el gas natural sea un combustible clave para la mayoría de las economías. Se espera que la demanda de gas natural crezca de forma constante hasta 2050 , y el GNL seguirá siendo un pilar fundamental de la seguridad energética y la diversificación del suministro mundial.2 Según los modelos de McKinsey Energy Solutions, si bien es posible que se observe un exceso de oferta en los mercados de GNL —impulsado por la nueva capacidad de Qatar y Estados Unidos— hasta 2030, podría surgir un déficit de suministro cada vez mayor, de entre 135 y 220 millones de toneladas anuales (MTPA), a mediados de la década de 2030. Este déficit tendría que cubrirse con nuevos proyectos en fase previa a la decisión final de inversión (pre-FID), que entrarán en funcionamiento a principios de la década de 2030.
Gracias a sus amplias reservas de gas natural, Argentina podría estar en una posición ventajosa para ayudar a cubrir este déficit de suministro. Si bien los proyectos de GNL de Argentina se sitúan actualmente en un nivel intermedio en cuanto a competitividad de costos con respecto a los estándares globales, su oferta se ve reforzada por factores cada vez más valorados por los compradores de GNL: flexibilidad, confiabilidad y potencial para establecer alianzas de inversión.3De este modo, Argentina podría acercarse a la competitividad de costes a nivel mundial en el suministro de GNL y ayudar a cubrir el creciente déficit de suministro global.
Encuestas recientes de McKinsey a compradores de GNL muestran que la flexibilidad en el destino y el volumen ha superado al precio como principal prioridad, seguida de la confiabilidad del proveedor y la transparencia en la presentación de informes sobre emisiones (Gráfico 1). La proximidad de Argentina a las rutas comerciales del Atlántico podría posicionarla como un nuevo actor capaz de satisfacer los cambiantes perfiles de demanda, especialmente a medida que los compradores buscan diversificar sus inversiones fuera de las regiones geopolíticamente expuestas.
Anexo 1
El pleno desarrollo de Vaca Muerta podría convertir a Argentina en exportador neto de energía por primera vez en más de una década y transformar su trayectoria macroeconómica.4La magnitud, la calidad y la competitividad en costes de las reservas de Vaca Muerta podrían utilizarse para posicionar al país como un competidor creíble en la próxima ola de desarrollo mundial de GNL.5Los volúmenes derivados del desarrollo de estas reservas podrían situar a Argentina entre los principales exportadores mundiales de petróleo y gas, pero la ejecución tendría que acelerarse para que el país pudiera aprovechar esta oportunidad.
Se estima que los recursos de Vaca Muerta podrían sustentar una producción de gas de entre 70 y 100 mil millones de metros cúbicos (bcm) anuales para 2035, lo que duplicaría la producción actual de Argentina. Además, el desarrollo de las reservas de petróleo de Vaca Muerta podría llevar a una producción de petróleo superior a 1 millón de barriles por día (MMb/d) para 2030 y a 1,7 MMb/d para 2035, aproximadamente el doble de los niveles actuales, lo que contribuiría a satisfacer la demanda mundial y a promover la seguridad energética nacional (Gráfico 2).
Anexo 2
La inversión acumulada hasta 2030 podría alcanzar entre 60.000 y 95.000 millones de dólares, con un gasto anual que se estabilizaría entre 10.000 y 15.000 millones de dólares a partir de 2030. Se prevé que hasta el 50% de este capital provenga de fuentes internacionales, lo que subraya la necesidad de que Argentina desarrolle un entorno empresarial atractivo a nivel mundial para garantizar que se aproveche el potencial de Vaca Muerta.
Si las reservas se explotaran por completo, los beneficios podrían ser sustanciales. Los ingresos por exportaciones podrían alcanzar los 30.000 millones de dólares anuales para 2030.6(que representan alrededor de un tercio de las exportaciones totales de Argentina para 2025),7y hasta 25 000 empleos anuales en el sector de petróleo y gas, muchos de ellos altamente cualificados, concentrados en la provincia de Neuquén y distribuidos por los corredores industriales y logísticos de Argentina. A pleno rendimiento, Vaca Muerta podría aportar hasta 34 000 millones de dólares en valor agregado bruto anual, lo que equivale a cerca del 5 % del PIB de Argentina en 2025.8
Se requerirá una inversión sostenida y coordinada para liberar el potencial de Vaca Muerta.
El desarrollo de Vaca Muerta representa una oportunidad considerable, pero para aprovechar todo su potencial se requiere una inversión sostenida y coordinada en todos los eslabones de la cadena de valor del petróleo y el gas, desde la exploración y producción hasta los mercados de refinación y comercialización. Nuestro análisis identifica cuatro segmentos interconectados que deben desarrollarse: exploración y producción, transporte y distribución, exportación e infraestructura para el consumo interno. En total, esto requeriría entre 125.000 y 170.000 millones de dólares en inversión durante la próxima década, lo que representa entre un 10 % y un 15 % más anualmente que la inversión total prevista para 2025 (Gráfico 3).9
Anexo 3
Fase inicial: Escalado eficiente con equipos especializados
Para aumentar la producción en Vaca Muerta, sería necesario incrementar sustancialmente la actividad de perforación y terminación, pasando de unos 450 pozos no convencionales perforados al año en 2025 a más de 900 en 2030, manteniéndose esta actividad estable hasta 2035.10Nuestro análisis sugiere que la inversión anual en exploración y producción, que actualmente ronda los 7.000 millones de dólares, tendría que duplicarse hasta alcanzar los 14.000 millones de dólares en 2030 en el mismo escenario intermedio, con aproximadamente el 90 % del gasto destinado a perforación y terminación de pozos. Hemos observado esta situación en otras cuencas de esquisto que han madurado y adoptado el modelo de producción en serie. A modo de referencia, en la cuenca Pérmica de Estados Unidos, se invirtieron 46.000 millones de dólares en actividades similares en 2024.11
Para mantener este ritmo de crecimiento, se requeriría el despliegue de entre 15 y 25 nuevas plataformas de perforación de alta especificación durante los próximos cinco años, lo que representa un aumento de entre el 40 y el 75 por ciento, según el escenario. Si bien Argentina opera actualmente poco más de 30 de estas plataformas, existen más de 200 unidades inactivas de alta especificación en toda Norteamérica, lo que ofrece una oportunidad para su redistribución y transferencia de tecnología. Sería necesario ampliar el equipo auxiliar, mientras que las unidades de bombeo de fracturación, los sistemas de tubería flexible y los suministros de apuntalantes tendrían que multiplicarse entre 1,7 y 2,6 veces para 2030 en comparación con los niveles de uso actuales (Gráfico 4).
Anexo 4
Gestionar los costos iniciales será fundamental. Actualmente, los costos promedio para un pozo de 2800 metros pueden oscilar entre 12 y 16 millones de dólares.12Al ajustar los costos según la geología, esto resulta entre un 30 y un 40 por ciento más caro que pozos similares en la Cuenca Pérmica de Estados Unidos. Si no se reduce esta brecha, Argentina corre el riesgo de sufrir una desventaja estructural en los mercados mundiales de GNL.
Esta industrialización del segmento inicial podría generar oportunidades para los fabricantes y proveedores de servicios nacionales, especialmente en los sectores del acero, el cemento y los servicios de mantenimiento. Sin embargo, para aprovechar estos beneficios a gran escala, será necesario abordar factores clave de competitividad, como una logística más eficiente, un entorno operativo estable y predecible, y un mejor acceso a mano de obra y capacidades especializadas.
Transporte y distribución: Conectando recursos con mercados a medida que Argentina se convierte en exportador neto de energía.
Es probable que la infraestructura de transporte y almacenamiento actúe como pilar fundamental de la transición de Argentina hacia un exportador neto de energía, ya que, sin ella, el crecimiento de la producción podría estancarse. Nuestro análisis sugiere que Vaca Muerta requeriría más de 10.000 millones de dólares, e incluso hasta 21.000 millones, en inversión en infraestructura de transporte y almacenamiento hasta 2030, incluyendo gasoductos de larga distancia, plantas de procesamiento de gas, plantas de fraccionamiento de líquidos de gas natural (LGN) y sistemas de recolección.
Se necesitarían gasoductos de larga distancia para consolidar la futura capacidad de exportación de GNL de Argentina. En nuestro escenario base, se requerirían alrededor de 1.600 millones de dólares en capital para la infraestructura intermedia para financiar un gasoducto de 450 kilómetros (280 millas) y 36 pulgadas de diámetro que conecte Vaca Muerta con la primera terminal flotante de GNL (Anexo 5).13En el peor de los casos, la inversión necesaria podría alcanzar los 5.000 millones de dólares para construir un oleoducto principal de mayor diámetro, de 48 pulgadas, que se extienda hasta Punta Colorada, lo que permitiría aprovechar el valor de los líquidos asociados y asegurar las rutas de evacuación de gas a largo plazo.
Anexo 5
Al mismo tiempo, el procesamiento de gas y la infraestructura de líquidos de gas natural (LGN) serían fundamentales para sostener el crecimiento de la producción y la competitividad del GNL. A medida que aumentan las exportaciones de GNL, la capacidad de recuperar y monetizar los LGN de los flujos de gas ricos se vuelve crucial para reducir los costos efectivos del gas de alimentación y mejorar la rentabilidad de los proyectos. Nuestro análisis indica que la producción de LGN podría multiplicarse por 3,5 a 4,6 para 2030, lo que implica una inversión acumulada de entre 6.000 y 11.000 millones de dólares en plantas de procesamiento, unidades de fraccionamiento e infraestructura asociada para el manejo de líquidos en la próxima década. Sin este desarrollo, el manejo de líquidos podría convertirse en una limitación importante tanto para la producción de gas como de petróleo.
En lo que respecta al petróleo crudo, el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), actualmente en construcción, junto con los sistemas Oldeval existentes, proporcionarían suficiente capacidad de transporte de crudo hasta mediados de 2030. Sería necesaria una ampliación adicional del VMOS, por encima de la capacidad anunciada de 700 mil barriles por día (kbbl/d), para dar cabida al aumento de la capacidad después de 2030. La capacidad de transporte ha sido históricamente un cuello de botella que ha limitado la producción y restringido el desarrollo de la cuenca, y esta red podría ser clave para aliviar la limitación del transporte de petróleo a medida que aumenta la producción.14
Finalmente, los sistemas de recolección en la cuenca tendrían que ampliarse en paralelo con la actividad de perforación. Estimamos que se necesitarían entre 290 y 320 millones de dólares anuales hasta 2035 para conectar los nuevos pozos e integrarlos a la infraestructura de procesamiento y exportación. Como se ha visto en otras cuencas de esquisto maduras, las demoras en la capacidad de recolección, procesamiento o manejo de líquidos pueden traducirse rápidamente en recortes en la fase inicial de la producción, lo que subraya la importancia de una inversión coordinada y oportuna en la fase intermedia.
Exportaciones internacionales: el GNL como catalizador del crecimiento.
Dado el aumento de la producción de petróleo y gas en Vaca Muerta, Argentina podría convertirse en un importante exportador neto de energía. La infraestructura de GNL probablemente se convertiría en la piedra angular de la estrategia de exportación energética de Argentina. Un conjunto de proyectos de GNL en diferentes etapas de desarrollo —incluidos el buque flotante de gas natural licuado (GNL) Hilli Episeyo, el buque flotante de GNL MKII y el concepto más amplio de GNL argentino— podrían atraer en conjunto alrededor de 30 mil millones de dólares en inversión entre 2026 y 2030 y generar hasta 28 millones de toneladas anuales de capacidad de exportación de GNL para finales de la década.15
Si bien el conjunto de proyectos de GNL anunciados ha evolucionado con el tiempo, los escenarios modelados no están vinculados a proyectos específicos. Representan diferentes grados de realización de exportaciones de GNL, desde proyectos que han alcanzado la decisión final de inversión (FID) hasta una mayor expansión de la capacidad de exportación. Este enfoque refleja la incertidumbre actual sobre el ritmo y la escala del desarrollo futuro del GNL y proporciona un marco sólido para evaluar el potencial de Vaca Muerta en función de diversos resultados.16
Se prevé que la inversión de capital para el procesamiento de GNL aumente de tan solo 1.100 millones de dólares en 2025 a casi 7.000 millones de dólares anuales para 2028, antes de disminuir a medida que finalice la construcción.17Entre una cuarta parte y dos tercios de la inversión total podrían provenir de la inversión extranjera directa, lo que subraya la integración de la cuenca en los mercados de capitales globales.
Las implicaciones estratégicas son significativas. Las exportaciones de gas podrían llegar a representar hasta el 25% de los ingresos totales por hidrocarburos de Argentina, considerando precios del petróleo de alrededor de 60 dólares por barril y precios del GNL de alrededor de 8 dólares por millón de unidades térmicas británicas (MMBTU), lo que contribuiría a estabilizar la balanza de pagos y a diversificar la base exportadora nacional. A plena capacidad, las exportaciones de GNL por sí solas podrían generar hasta 13.000 millones de dólares anuales para 2034. Sin embargo, las políticas globales de descarbonización y los marcos de fijación de precios del carbono podrían afectar estas proyecciones e influir en la competitividad del GNL a largo plazo.
Nuestro análisis indica que la producción de gas asociado no sería suficiente para cubrir tanto la demanda interna como los volúmenes de exportación, lo que hace necesario el desarrollo de gas seco para abastecer el mercado interno y respaldar las exportaciones de GNL (Gráfico 6). Esto, a su vez, subraya la importancia de un entorno de precios que permita sostener la inversión incremental en gas seco, especialmente después de 2028, cuando expire el actual Plan de Fomento de la Producción de Gas Natural Argentino.18
Anexo 6
Generar demanda de líquidos asociados
La gestión de los líquidos de gas natural (LGN), cuyo mercado no es tan definido como el del petróleo y el gas natural licuado (GNL), será clave para equilibrar la cadena de valor. El aumento de la producción de etano, propano y butano derivado del desarrollo de Vaca Muerta podría proporcionar materia prima para las industrias petroquímicas argentinas, y el excedente podría generar rutas de exportación regionales para nuevos productos, como el etileno.
Fomentar un ecosistema competitivo y sostenible
La inversión específica y sostenida a lo largo de toda la cadena de valor es crucial para desarrollar el potencial de las reservas de Vaca Muerta, pero no es suficiente por sí sola. La experiencia internacional demuestra que el desarrollo de cuencas a gran escala depende no solo del capital, sino también de una coordinación eficaz entre la industria, el gobierno y los actores locales.
En varias cuencas, las plataformas de colaboración lideradas por la industria han desempeñado un papel decisivo en la alineación de incentivos y la aceleración de la ejecución de proyectos. Por ejemplo, en Nigeria, la Sección Comercial de Productores de Petróleo (OPTS) proporciona una plataforma que reúne la experiencia colectiva para desarrollar soluciones, establecer estándares e impulsar el progreso en todo el sector del petróleo y el gas.19Mientras que la iniciativa Década del Gas se centra en transformar el país en una economía impulsada por el gas para 2030 a través de la maduración de proyectos, la expansión de infraestructuras, el desarrollo de capacidades y la atracción de inversiones.20
En este contexto, identificamos tres acciones específicas que podrían ayudar a aprovechar todo el potencial de la oportunidad energética de Argentina.
Establecer un entorno de inversión competitivo
La entrada de capitales a la escala requerida dependerá de un entorno fiscal predecible y competitivo a nivel mundial. Los inversionistas priorizan regímenes tributarios transparentes, estructuras de regalías consistentes y estabilidad regulatoria al asignar recursos a proyectos energéticos de ciclo largo. El reciente marco del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) de Argentina representa un avance en este sentido. Sin embargo, una mayor claridad en materia de impuestos a la exportación, acceso a divisas y repatriación de capitales podría ser fundamental.21
Ante la competencia global por la inversión energética —especialmente de Norteamérica, Oriente Medio y África—, los incentivos fiscales de Argentina deben garantizar que los proyectos sigan siendo competitivos en cuanto a costos, incluso en medio de la volatilidad de los precios de las materias primas. Según el análisis comparativo de McKinsey, persisten brechas de rendimiento en el costo total de hasta un 35 % con respecto a las cuencas estadounidenses, impulsadas principalmente por los costos de logística, infraestructura y financiamiento, todos los cuales pueden abordarse en Argentina mediante consorcios.22
Desarrollar el talento y las capacidades locales.
Atraer y retener mano de obra calificada puede ser un factor determinante para la competitividad de Argentina. A medida que la actividad se expanda, el sector requerirá una combinación de experiencia local y especialistas internacionales en diversas disciplinas, como ingeniería, geociencias, operaciones digitales y mantenimiento. Las políticas que faciliten la movilidad laboral, agilicen los permisos para expertos internacionales y adapten los programas de capacitación a la demanda de la industria pueden contribuir a prevenir la escasez de talento.
Las experiencias de otros países ofrecen valiosas enseñanzas. La Alianza Estratégica del Pérmico en Estados Unidos, por ejemplo, reunió a operadores del sector energético para invertir en educación, atención médica y desarrollo de la fuerza laboral en Nuevo México y Texas.23Se pueden replicar iniciativas similares con la participación de múltiples actores en Neuquén y Río Negro para apoyar el bienestar de la comunidad y construir una base laboral local sostenible.
Actualizar la logística y la infraestructura de apoyo.
Garantizar la infraestructura y la logística necesarias representaría un desafío importante para que Vaca Muerta alcance su máximo potencial. Una logística eficiente y una infraestructura social serían esenciales para el desarrollo sostenible del sitio. La modernización de las redes de carreteras y ferrocarriles podría reducir los altos costos del transporte de plataformas, arena y equipos, que actualmente representan entre el 20 y el 30 por ciento de la diferencia de costos del 35 por ciento entre Argentina y la Cuenca Pérmica en Estados Unidos. La transición del transporte terrestre de larga distancia al transporte ferroviario podría mejorar la seguridad, la confiabilidad y el desempeño en materia de emisiones, a la vez que aliviaría la presión sobre las carreteras regionales.
Al mismo tiempo, la infraestructura social, que incluye viviendas, escuelas, hospitales y servicios básicos, tendría que ampliarse para dar cabida a la afluencia prevista de trabajadores y familias a las provincias de Neuquén y Río Negro.
Las alianzas público-privadas, inspiradas en iniciativas como el OPTS de Nigeria, que ha permitido compartir recursos y reducir los costes logísticos, podrían ayudar a alinear las prioridades de desarrollo entre la industria, el gobierno y las comunidades.
Aprovechar el enorme potencial de Vaca Muerta no es una cuestión de geología, sino de coordinación, capital y confianza. La cuenca contiene recursos que podrían posicionar a Argentina como un exportador líder mundial de GNL y un proveedor neto de energía para la región. La próxima década determinará si cumple con esa promesa.
Con los elementos facilitadores adecuados, respaldados por la acción coordinada de la industria, el gobierno y los actores locales, Vaca Muerta tiene el potencial de convertirse en un motor de prosperidad nacional y un pilar de la estabilidad energética global en las próximas décadas. Si Argentina logra aprovechar esta oportunidad, demostrará su capacidad para ejecutar proyectos a gran escala, competir a nivel mundial y generar un crecimiento sostenible a largo plazo.


