Shiv Yucel. 14 de mayo de 2026. The Conversation
Arnoldo Bautista Corral. 16 may 2026. Solo para Ingenieros
Un estimado colega nos comparte un artículo escrito por Shiv Yucel, publicado originalmente el 14 de mayo de 2026 en The Conversation, posteriormente editado por Lisa Lock, revisado por Andrew Zinin y republicado por Phys.org. A partir de ese material realizamos una traducción, adaptación y edición para este espacio con apoyo de herramientas de inteligencia artificial. Muchas gracias a todos los colegas que enviaron sus felicitaciones a Sólo para Ingenier@s por estos 15 años ininterrumpidos de compartir conocimiento. Veamos de qué se trata el presente artículo…

Durante décadas, las olas de calor fueron consideradas eventos excepcionales asociados principalmente a regiones desérticas o temporadas particularmente severas. Hoy la realidad es otra: el calor extremo se está convirtiendo en una característica permanente de la vida moderna.
En 12 de las principales ciudades europeas, durante el verano de 2025, un periodo de apenas diez días de calor extremo provocó alrededor de 2,300 muertes. Diversos análisis estiman que aproximadamente 1,500 de esas muertes estuvieron relacionadas con el cambio climático, el cual elevó las temperaturas entre 1 °C y 4 °C. A escala global, las olas de calor causaron cerca de medio millón de muertes anuales entre los años 2000 y 2019.

El fenómeno no se limita a Europa. El año 2025 se ubicó entre los tres años más calurosos registrados en la historia moderna. Además de afectar directamente la salud humana, las temperaturas extremas aceleraron el deshielo de glaciares, intensificaron incendios forestales y sometieron a enormes presiones a los sistemas eléctricos y de abastecimiento de agua en numerosas regiones del planeta.
Y lo más preocupante es que el problema no desaparecerá pronto. Incluso si el mundo lograra cumplir las metas actuales de reducción de emisiones, las temperaturas globales no regresarían a niveles preindustriales durante siglos.
Ante esta situación, al menos 47 países han implementado planes de acción frente al calor extremo. Estas estrategias incluyen sistemas de alerta temprana, coordinación entre instituciones de salud, campañas de información pública y recomendaciones básicas para reducir riesgos: mantenerse hidratado, evitar actividades físicas intensas y buscar espacios frescos.
Sin embargo, en la práctica, mantenerse fresco no es igual de sencillo para todos.

Desigualdad bajo el calor
Las olas de calor están revelando profundas desigualdades sociales y urbanas. Para algunos sectores, el calor representa una incomodidad temporal; para otros, puede convertirse en una amenaza mortal.
A ello se suma la situación de millones de trabajadores agrícolas, obreros de la construcción, repartidores y empleados de servicios que deben continuar laborando al aire libre aun durante temperaturas extremas.
A diferencia de huracanes, inundaciones o terremotos, las olas de calor no detienen la vida cotidiana. La gente sigue trabajando, trasladándose y cumpliendo horarios normales, incluso cuando las condiciones ambientales se vuelven peligrosas.
En algunos países europeos se han comenzado a discutir límites máximos de temperatura para ciertas actividades laborales. Sin embargo, en muchas regiones del mundo —incluyendo América Latina— esas regulaciones aún son inexistentes o insuficientes.
Un estudio reciente basado en datos de geolocalización de teléfonos móviles en países como Brasil, India, Nigeria, Turquía, China, Francia y Estados Unidos mostró que las personas modifican sus rutinas durante las olas de calor: reducen salidas, permanecen más tiempo en interiores y disminuyen ciertas actividades comerciales y recreativas. No obstante, estas posibilidades dependen fuertemente del nivel socioeconómico y del acceso a espacios climatizados.
Paradójicamente, permanecer en casa tampoco garantiza seguridad. Durante la devastadora ola de calor que afectó al noroeste del Pacífico en 2021, muchas de las víctimas fallecieron dentro de viviendas sobrecalentadas donde ventiladores o sistemas de climatización resultaron insuficientes.
Todo esto plantea desafíos enormes para gobiernos, urbanistas, ingenieros y especialistas en salud pública.

La adaptación no es igual para todos
La adaptación al calor extremo no puede depender exclusivamente de decisiones individuales. Requiere infraestructura urbana adecuada, sistemas eléctricos resilientes, viviendas mejor diseñadas, acceso público a espacios climatizados y nuevas políticas laborales capaces de responder a condiciones climáticas cada vez más severas.
Bibliotecas, centros comunitarios y edificios públicos podrían funcionar como refugios climáticos accesibles para la población, especialmente en barrios urbanos densamente poblados y de bajos ingresos. Del mismo modo, las ciudades necesitarán ampliar áreas verdes, incrementar superficies sombreadas y rediseñar materiales urbanos capaces de reducir las llamadas “islas de calor”.
El desafío urbano del siglo XXI
Estos desafíos son particularmente relevantes para regiones como el norte de México y el suroeste de Estados Unidos, donde las temperaturas extremas forman ya parte de la vida cotidiana. Ciudades como Hermosillo, Mexicali, Phoenix, Las Vegas, Ciudad Juárez o Tucson enfrentan ya veranos con temperaturas capaces de poner en riesgo tanto la salud humana como la operación de infraestructura crítica.
En este contexto, el calor extremo deja de ser solamente un problema meteorológico. Se convierte en un problema de ingeniería, planeación urbana, energía, salud pública y justicia social.

Reflexión final
Quizá una de las lecciones más importantes del siglo XXI es que el cambio climático ya no pertenece al terreno de las advertencias futuras. Está modificando nuestras ciudades, nuestros hábitos de trabajo, nuestras formas de movilidad y nuestra relación cotidiana con el espacio urbano.
Durante mucho tiempo imaginamos los desastres climáticos como fenómenos espectaculares y repentinos. Pero las olas de calor representan otra clase de amenaza: silenciosa, progresiva y persistente.
Y precisamente por ello podrían convertirse en uno de los mayores desafíos tecnológicos, sociales y humanos de nuestra época.
Fuentes: https://phys.org/news/2026-05-ever


