Los bioestimulantes, ¿van a revolucionar la fertilización del futuro?

Un aspecto que podría marcar la diferencia en la mejora de la sostenibilidad de las explotaciones agrarias es el uso de la fertilización orgánica (estiércol, compost, etc.)
en detrimento del uso de la fertilización de síntesis minera.

El reto al que se enfrenta la agricultura en un futuro inmediato, ante el panorama de aumento demográfico y cambio climático, es el de adoptar métodos de producción más eficientes y a su vez sostenibles con el medio natural. El papel de los fertilizantes es clave para abordar este nuevo enfoque. Sin embargo, la fertilización mineral es la que tiene un mayor impacto en la huella de carbono, ya que su fabricación y uso en agricultura representan la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero que produce un sistema agrícola. El uso de bioestimulantes puede frenar esta tendencia.

Jordi Cabrefiga1 y Maria Boix21Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentàries (IRTA). Programa de Protección Vegetal Sostenible. 2Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentàries (IRTA). Programa de Cultivos Extensivos.

Un aspecto que podría marcar la diferencia en la mejora de la sostenibilidad de las explotaciones agrarias es el uso de la fertilización orgánica (estiércol, compost, etc.) en detrimento del uso de la fertilización de síntesis mineral. De hecho, en los últimos años, la tendencia a utilizar la fertilización orgánica ha aumentado, tanto de forma exclusiva, por ejemplo, en parcelas en producción ecológica, como combinada con la fertilización mineral.

En esta situación, el uso de bioesti­mu­lantes puede mejorar la capacidad de las plantas para absorber nutrientes, hecho que puede llevar a una reducción en la cantidad de fertilizantes necesarios para conseguir la misma producción y con la misma calidad, lo cual puede ser beneficioso desde una perspectiva de sostenibilidad tanto económica como medioambiental. A la vez, al reducir la cantidad de fertilizantes aplicados se disminuye el riesgo de la contaminación del suelo y del agua, especialmente debido a los nitratos y fosfatos, que pueden causar eutrofización y dañar los ecosistemas acuáticos.
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