Los puntos sobre las íes

Humberto Garcia Larralde. 07-07-2026

Los hechos en torno al doble terremoto ocurrido en Venezuela el 24 de junio revelan lo siguiente:

1. Las dimensiones de la tragedia, como coinciden tantos en señalar, no las determinó la naturaleza sino el grado de destrucción en que se encontraban las instituciones del país, y la consecuente falta de condiciones y preparativos para afrontarla. También por la corrupción que autorizó edificar sobre suelos sedimentarios sin cumplir con las normativas requeridas. En cualquier parte del mundo un sismo tan fuerte hubiera provocado destrozos, pero en un país preparado como Japón, por ejemplo, los daños, tanto humanos como materiales, hubiesen sido bastante menores;

2. El Estado venezolano –lo que queda de él– mostró ser incapaz de cumplir lo que se supone es su misión principal: proteger la vida de sus compatriotas, y atender oportuna y cabalmente sus necesidades en momentos de una tragedia. Demoró la movilización de personal y recursos para socorrer a las víctimas y/o lo hizo de forma incompleta, con pérdidas evitables de vidas. Muchos testimonios señalan, además, acciones de saboteo de algunos agentes a labores de salvamento de rescatistas, tanto voluntarios civiles venezolanos como provenientes de países amigos;

3. Este remedo de Estado no sirve para manejar una emergencia como la actual. Estructuralmente está incapacitado para ello. Quienes lo han detentado a lo largo del último cuarto de siglo lo han convertido en instrumento para controlar, reprimir y expoliar a la nación. Que Gustavo González López y Diosdado Cabello continúen al frente de los aparatos de seguridad de Estado delata fuertes intereses para que tales funciones se mantengan, pues son la base del poder chavista;

4. Estamos en presencia de un Estado fallido, incapaz de reconstruir a Venezuela luego del doble terremoto. Toca culminar las labores de rescate, limpiar miles de toneladas de escombro, sanear los espacios que se van recuperando, proveer servicios de salud y asistencia a los damnificados, garantizarles alimentos, agua y servicios públicos y, con base en estudios calificados, comenzar la construcción de infraestructura y viviendas en los lugares adecuados. Además de sus carencias técnicas e indisposición de quienes lo manejan, el Estado no tiene recursos para realizar estas tareas. Debe buscar el concurso de la inversión privada, así como la provisión de sustanciales créditos, recursos a fondo perdido y asistencia técnica de la banca multilateral. Para ello, debe garantizar estabilidad, inspirar confianza y poner sus cuentas en orden. El Estado actual no puede;

5. La estrategia de tres fases enunciada para Venezuela por Marco Rubio al capturar a Maduro –estabilización, reconstrucción, transición– quedó totalmente trastocada por la tragedia. La reconstrucción es, ahora, tarea central y prioritaria, pero en términos mucho más difíciles. Sin conducción acertada de esta fase, en absoluto habrá estabilidad, base del plan inicial. La desidia del interinato de los Rodríguez ha desatado un coraje y una indignación que exige respuestas. De no ser atendidas, puede desembocar en disturbios y caos. Hay que definir la estrategia;

6. Trump debe modificar su estrategia para Venezuela no sólo para resguardar la paz y la estabilidad. También por la ilegitimidad e inconstitucionalidad del interinato que él sostiene. Carece de apoyo popular, es fuente de corruptelas y su origen es espurio, pues proviene de la usurpación del poder por Maduro. Y además, conforme al artículo 233 de la constitución, Delcy Rodríguez agotó la temporalidad de su cargo el 3 de julio y debe realizar elecciones dentro de los próximos 30 días.

7. Pero el interés que ha manifestado Donald Trump en Venezuela hasta ahora va en otra dirección: el control de una enorme factoría petrolera, extendido, ahora, a sus riquezas minerales. Pero con la incertidumbre que transmite la precariedad de su interinato ante un imperioso cambio de régimen a favor de la democracia, las grandes empresas petroleras y mineras dudan en invertir los enormes recursos que permitirían alcanzar la producción proyectada;

8. En realidad, la afirmación de Trump (luego del terremoto) de que los venezolanos están “bailando en la calle de alegría” gracias a su gestión, revela su desprecio por nosotros. Lo que le interesa es inflar su propia figura de líder infalible ante su fanaticada. Así, Venezuela representa un trofeo a ser exhibido para confirmarlo. Trump busca borrar su fracaso en Irán y evitar ser derrotado en las elecciones midterm. Por eso requiere de la gestión dócil, obsecuente y entreguista de Delcy Rodríguez. Prefiere cegarse ante lo que ello acarrea para la población y la inestabilidad del país;

9. El Rodrigato, incluyendo a Diosdado, entran con gusto en este juego, pues les permite sobrevivir. Se les facilita, además, por compartir con Trump el mismo idioma de exageraciones, simbolismos, mentiras y medias verdades. Entre fascistas se entienden, cayéndose mutuamente a embuste para cimentar su alianza. No en balde el interinato mantiene la censura de prensa, se niega a admitir su criminal desidia ante la tragedia, no rinde cuentas sobre los proventos de la exportación de crudo y relega a un futuro nebuloso unas eventuales elecciones. Obliga, asimismo, a que  los militares cumplan el triste papel de anteponer el control a las labores de asistencia a la población;

10. La tarea de reconstrucción que enfrenta Venezuela sobrepasa sus solas capacidades. La Oficina de las NN. UU. para la Reducción del Riesgo de Desastres, estima en USD 37.000 millones (un tercio del PIB) reponer los daños directos en edificios e infraestructuras, sin incluir “pérdidas económicas indirectas, las interrupciones de las actividades productivas y los servicios, los costes de la respuesta de emergencia, los efectos en las cadenas de suministro, los impactos sociales, medioambientales o macroeconómicos, ni los costes asociados a la recuperación integral, la adaptación estructural y la reconstrucción.” Como sabemos, el Estado venezolano está aislado de los mercados financieros internacionales. Tiene una gigantesca deuda –USD 240 mil millones es la última cifra– y su economía está devastada. Gran parte de la población está afuera.

11. La necesidad de reconstruir el país, reactivar la economía y consolidar instituciones de un Estado social de derecho que asegure posibilidades de una vida digna, de creciente prosperidad, no se logrará sin el concurso de ese esfuerzo enorme, hermoso y comprometido que exhibieron tantos voluntarios obrando con las manos para rescatar a quienes se encontraban aprisionados bajo los escombros. Para lograrlo, es menester contar con un liderazgo activo, creíble, con ideas claras. Entre los desafíos, adicional a la destrucción de los terremotos, está conducir un proceso exitoso de reconstrucción de la deuda y concertar con entes multilaterales y países amigos los recursos y la experticia que le devuelva a los venezolanos la confianza de que, juntos, sí se puede. Y movilizar este precioso potencial requiere como prerrequisito sine qua non unas elecciones limpias y transparentes para que se le devuelva la soberanía a la gente. Es menester un gobierno legítimo, capaz de convocar, en todos los niveles, “los poderes creadores del pueblo” (Aquiles Nazoa), incluyendo a la diáspora, para constituirnos de nuevo como nación con futuro promisorio.

12. La obstinación de Mr. Trump con el Rodrigato, heredero del desastre criminal que dejó Maduro, y ahora repudiado por su manifiesta incompetencia y desidia ante la tragedia, impide recuperar el país. Hay que hacerle ver que su codiciado protectorado no va a ningún lado con ellos. Y, ante el desastre actual, su culpa no puede borrarse como quien presiona por anular “su tarjeta roja”. Tiene que entender que es preferible, como aliado, un gobierno democrático, estable, con amplio apoyo popular. Coadyuvar con el regreso seguro al país de María Corina Machado y de tantos otros venezolanos perseguidos y velar por la libertad plena de todos los presos políticos es, en realidad, su mejor apuesta con los venezolanos. Por el contrario, mantener al Rodrigato es verse envuelto, de forma creciente, en otro de los muchos embrollos en los que ha mostrado tanta vocación por meterse. Y Marco Rubio, tan interesado en ser candidato republicano para suceder a Trump en las elecciones de 2028, para lo cual necesita contar con el apoyo de la comunidad latinoamericana en EE. UU., ¿no le conviene convencerlo de que por ahí no van los tiros?

Al gobierno de Trump se le agradece enormemente, como también a los de otros países amigos, la valiosa y urgente ayuda internacional para socorrer a los venezolanos que han sido víctimas de los terremotos. Asimismo, por haber removido a Maduro, un criminal, de la jefatura del Estado a comienzos de año. No se entiende, por tanto, su interés en conservar su régimen por interpuestas personas cuando se ha puesto de manifiesto, claramente, que conduce a lo mismo.

Economista, profesor (J) Universidad Central de Venezuela – humgarl@gmail.com

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