Reflexiones sobre la recuperación de Venezuela 👇🏼

El plan de Trump para Venezuela. Los problemas de agencia

Humberto García Larralde, 20 de enero de 2026. El Nacional

Dos encuestas recientes en Venezuela –Meganálisis y Premise/The Economist—registran el apoyo contundente a la incursión militar de EE.UU. para llevarse a Nicolás Maduro y su esposa. Refleja el repudio acumulado contra quien fue cabeza visible del peor régimen de nuestra historia. Que haya estado en el poder durante tanto tiempo revela la perversión a que llegaron las complicidades internas. Y, descabezar esta estructura de complicidades en absoluto asegura que haya cambiado, salvo que, desde su interior, hayan decidido traicionar a Maduro para librarse de tan nefasta carga.

Lo que plantea Trump para Venezuela ahora difícilmente puede tildarse de estrategia, a pesar de los esfuerzos de su secretario de Estado, Marco Rubio, por darle estructura como una sucesión coherente de fases. Esboza, en realidad, sólo una intencionalidad, la de aprovechar sus abundantes recursos petroleros. Su viabilidad, es decir, el cómo, parte del supuesto de que, sacado Maduro, se puede operar con Delcy Rodríguez como “presidente encargada”, dejando el resto del poder intacto. Plantea problemas evidentes de agencia que Trump aspira solventar por dos vías: 1), amenaza con recurrir a una operación similar (o peor), si Delcy y su equipo no cumplen las órdenes impartidas y 2), se concentra en un único objetivo en el que, presume, ambos estarían de acuerdo, el de aumentar, cuánto antes, los ingresos obtenidos por la venta de crudo. Veamos sus posibles implicaciones.

Las autoridades estadounidenses habrían incautado hasta ahora alrededor de un mes de producción de crudo retenida en depósitos y en barcos que, por el embargo, no pudieran zarpar. Serían cerca de 50 millones de barriles que, al precio actual, generarían unos $2,5 millardos al venderlos sin descuento. No hay claridad de cómo serán distribuidos, pero Trump anunció que beneficiará al pueblo venezolano. No obstante, todo hace presumir que la prioridad será compensar a las empresas petroleras estafadas o confiscadas por el Estado chavista. De procesarse a derecho las demandas en curso, demoraría que el resto pudiera ingresar, eventualmente, al país. Sin embargo, ya parecen estar fluyendo los primeros dólares y se espera que ayuden a estabilizar el tipo de cambio. ¿Y luego? Dependerá de la producción, actualmente por debajo del millón de barriles diarios. Algunos analistas señalan que podrá alcanzar 1,5 millardos en dos años, invirtiendo unos $10 millardos. Más a largo plazo, se habla de $110 millardos requeridos para alcanzar, en 8 a 10 años, los 3 millones de b/d.

Dada la ruina de PdVSA, es obvio que estas inversiones deberán proveerlas empresas foráneas. Pero, con la situación de inseguridad en el país, en particular, el marco legal que regula la producción, nadie querrá invertir (it`s uninvestable, dijo el presidente de la ExxonMóbil). En el corto plazo, empresas menores podrán estar tentadas por los “mangos bajitos” dejados por el cierre de pozos de PdVSA, pero lejos está la expectativa insinuada por Trump. Debe tomarse en cuenta, además, que Guyana e incluso Brasil, podrían ofrecer condiciones más atractivas para invertir en el hemisferio.

Consciente de esta traba, Delcy anuncia una reforma de la Ley de Hidrocarburos. ¿Por la Asamblea Nacional ilegítima? ¿Tiene la experticia para ello? Claro, como hizo Gómez con la primera Ley del sector en 1920, podrá pedirles a las propias empresas extranjeras que la redacten, pero a costa de elevar, aún más, la ilegitimidad del instrumento legal y, por ende, su vulnerabilidad ante futuras impugnaciones. Pero, tal “solución” no puede descartarse si la relación entre Venezuela y EE.UU. degenera en un protectorado bajo control de la fuerza armada de aquel país. ¿Cómo evitarlo?

Luego están los compromisos asumidos bajo la ‘Ley Antibloqueo’, así como la amplia gama de litigios que podrían surgir por expropiaciones, violación de contratos y demás arbitrariedades cometidas al amparo de las leyes punitivas aprobadas por el chavismo en el pasado. La ausencia de garantías jurídicas y de respeto a la propiedad privada pintan un ambiente de inseguridad que atenta contra la reactivación de la economía. ¿Cómo crear un clima de confianza para el sector privado? ¿Con el TSJ existente? ¿Dónde están las garantías procesales, la necesaria transparencia y el respeto a los derechos constitucionales tan largamente anulados? Más de la cuarta parte de la población del país tuvo que emigrar huyendo de la destrucción provocada por el régimen de Maduro, talentos y mucha mano de obra calificada. No regresarán y/o pocos colaborarán si se perpetúa el clima de inseguridad actual. Será bastante más difícil recuperar la economía y los servicios sin contar con su aporte.

La estabilización supone derrotar a la inflación. La política de Maduro de anclar el tipo de cambio, contraer el gasto y asfixiar el crédito fracasó estruendosamente. No contó con las divisas para ello, provocó el deterioro de los servicios y de la capacidad adquisitiva de los empleados públicos, e hizo aún más difícil la actividad productiva al sobrevaluar la moneda, reducir su financiamiento al mínimo y restringir la demanda. Un ajuste contractivo nocivo al existir tan alta desocupación de recursos.

Desde la oposición se viene insistiendo en la necesidad de una estabilización macroeconómica expansiva que permita estimular la producción, aumentar el empleo de personas y recursos, y mejorar de forma sostenida sus ingresos. Ello requiere de un préstamo generoso de la banca multilateral, acompañado de una reestructuración profunda de la deuda externa. No será posible sin restaurar el Estado de derecho y las garantías constitucionales que aseguren las condiciones para su reembolso, como la confianza necesaria a los inversionistas extranjeros, sobre todo del sector petrolero. Supone, además, destinar parte del préstamo a reformar el Estado venezolano, tan deteriorado por las mafias que lo colonizaron. ¿Delcy y su equipo podrán agenciar estas transformaciones, sobre todo si sigue insistiendo, para quedar bien con sus partidarios, que el “verdadero” presidente es Maduro?

Para quienes vislumbran una explotación del recurso petrolero bajo supervisión estadounidense que asegure el usufructo prístino de sus proventos en beneficio de la nación, les recuerdo que supondría el desmantelamiento de las complicidades y conexiones erigidas para expoliar cuanta oportunidad de lucro se asomara en el pasado. Ello alimenta al actual chavismo en descomposición e incluye a altos oficiales, funcionarios y bandas foráneas (ELN, Hezbolá, etc.). ¿Delcy y su equipo enfrentarán a tan poderosos intereses simplemente porque se los pide su jefe del norte? Y la influencia cubana, ¿Cómo asegurar que habrá desaparecido?, ¿cómo exorcizar de ella a los aparatos de seguridad del Estado?

Una preocupación central que se desprende de lo anterior es la permanencia inalterada del aparato de represión, SEBIN, DGCIM, Guardia Nacional y otros, en manos de las autoridades de siempre. La violación sistemática de los derechos humanos asociadas a su pasado es incompatible con cualquier noción de justicia y de estabilidad política. Se dice que el Depto. de Estado gringo contactó a Diosdado Cabello para advertirle que lo tenían vigilado y que, de no cooperar con el interinato de Delcy (con quien no ha sido cercano en el pasado), podría proceder en su contra como hizo con Maduro. Y sobre Cabello pesan las mismas acusaciones. Quizás en busca de un equilibrio de fuerzas, la presidente encargada acaba de nombrar a varios militares al reacomodar su gabinete ministerial.

La interrogante vital para los venezolanos es sí tan precario y forzado entendimiento permite confiar en que será desmontado el aparato de terror del Estado. El tortuoso y lento proceso de liberación de presos políticos indica que, en ese monstruo, muchas manos están metidas. Es el nodo determinante en las relaciones de poder del núcleo fascista, factor central de intimidación y control de la población. Y ¿Qué hacer con los militares y policías que viven de la extorsión si no es posible pagarles un sueldo decente para que se dejen de eso? ¿Y las bandas fascistas (colectivos)? Las tensiones que se divisan a lo interno anticipan posibles rupturas, de estirarse demasiada la cuerda en busca de legitimidad.

Las consideraciones anteriores pudieran alargarse, pero lo fundamental es que, sin recomponer las instituciones de una democracia liberal funcional, es ilusorio pensar que las aludidas fases de estabilización, recuperación y transición democrática lleguen a feliz término. Porque, sin instituciones adecuadas, no hay agencia. No existe la voluntad, la capacidad, ni los recursos de entes y/o personas que aseguren la ejecución de los mandatos de quien se ha apersonado como agente principal en el país a raíz del 3 de enero, Donald Trump. Me atrevería a afirmar, además, que este autonombrado “agente principal” tampoco tiene claro sus objetivos y aun menos, cómo hacerlos realidad.

De ahí la importancia decisiva de activar, por distintas vías, la presencia de la oposición democrática como referencia para superar el atolladero en ciernes. Dispone de un mandato claro y contundente, el del 28J de 2024, que se mantiene firme y beligerante en todas las encuestas. Además, cuenta con un programa coherente, apoyado por talentos y voluntades tanto internas como fuera del país, que aborda la atención a la emergencia humanitaria compleja, la recuperación de los servicios públicos y la creación de condiciones propicias a la iniciativa privada, el empleo productivo y la mejora salarial, desmantelando leyes punitivas. Es menester desatar una dinámica comprometida con la recuperación de la libertad, el emprendimiento y la justicia social como base de un proceso de estabilización social. Un liderazgo fuerte, coherente y decidido es crucial para lograr que el pueblo expectante supere su condición de tal y se movilice para hacer realidad el mandato por el que tanto ha luchado y sufrido.

La mejor manera de desactivar las resistencias del fascismo recalcitrante y acelerar la recuperación de la FAN y de las instancias públicas controladas por mafias corruptas, es con la presencia fuerte y protagónica de un pueblo incorporado activamente en el rescate de su país. Es aquí donde reside la agencia transformadora y es aquí de dónde debería coger señas para viabilizar la prosecución de sus intereses particulares el autonombrado tutor. Aprovechar las riquezas del crudo y de otros minerales del país tiene que compatibilizarse con las aspiraciones legítimas del pueblo soberano.

Y, en este punto, el proceder de María Corina Machado, cuyo liderazgo, coraje y visión para abrirles las posibilidades de liberación que hoy se le presentan a los venezolanos pocos le discuten, no ayuda. Al querer congraciarse como sea con el narcisista emperador del norte, entregándole la medalla de su Premio Nóbel, está corroyendo su propio capital político, tan decisivo para las tareas de estos momentos. Su Nóbel evoca la necesidad de convivir en paz para poder construir un mundo mejor para todos. Trump, al que, no obstante, hay que agradecer haber descabezado al fascismo venezolano, está demostrando que no representa nada de eso. Además, al depositar en un chavismo resabiado la recuperación del país, hace peligrar, precisamente, tal acometida.

Enfrentar los posibles riesgos que plantea la actual situación requiere de fuerte liderazgo democrático, claro y firme, como única referencia viable. María Corina debe entender que ahí está su papel, como ha sabido ejercer en el pasado, y no acomodándose a decisiones caprichosas de otros. Si, ya sé. No manejo el “realismo” de la política actual en Venezuela. Pero no veo otra solución. Porque el otro “realismo” es el de la gente viviendo en la miseria por el grado de destrucción dejado por quienes han conducido el país, Delcy y Jorge incluidos. Es menester aunar voluntades junto con dirigentes tan importantes como Enrique Márquez y otros –incluyendo las figuras respetables, comprometidos con la libertad, que decidieron participar en las elecciones recientes–, para forjar el protagonismo requerido para que Venezuela navegue resueltamente hacia la democracia. Las etapas del secretario Rubio deben invertirse, ya que, sin desatar y canalizar apropiadamente esas fuerzas en un proceso de transición democrática, ni se estabilizará el país ni podrá recuperarse satisfactoriamente. De lo contrario, se incrementa la amenaza del caos y del empantanamiento destructivo de la presencia gringa, mucho más costoso para el propio EE.UU. pero, sobre todo, para Venezuela.

Humberto García Larralde, es economista, profesor (j), Universidad Central de Venezuela, y Miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, Sillon 6
humgarl@gmail.com


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