Arnoldo Bautista Corral. 31 may 2026. Sólo para Ingenier@s
Dos estimados colegas nos hicieron llegar recientemente un par de artículos relacionados con la robótica adaptable y decidimos, con apoyo de la IA, integrar el material en el presente documento. Los artículos originales son: “Inspirada en los armadillos, una carcasa robótica blanda pasa de flexible a fortaleza en un instante” e “Impresión de flexoesqueletos: Fabricación de exoesqueletos flexibles para robots inspirados en insectos”, publicados en TechXplore/Phys.org con siete años de diferencia, mostrando la rápida evolución de la robótica bioinspirada. Esperamos sea de interés. Veamos que tenemos….
Durante gran parte del siglo XX, la ingeniería persiguió un ideal muy claro: construir máquinas cada vez más fuertes, rígidas y resistentes. Puentes capaces de soportar enormes cargas, edificios preparados para desafiar terremotos y robots diseñados para ejecutar movimientos precisos bajo condiciones controladas. Sin embargo, en las primeras décadas del siglo XXI comienza a emerger una visión distinta. En lugar de preguntarse cómo hacer las máquinas más rígidas, los ingenieros empiezan a preguntarse cómo hacerlas más adaptables.
Curiosamente, algunas de las respuestas parecen encontrarse en organismos tan diversos como los insectos y los armadillos.
La naturaleza lleva millones de años perfeccionando estructuras capaces de sobrevivir en ambientes complejos, inciertos y cambiantes. A diferencia de muchas máquinas tradicionales, los organismos vivos no dependen únicamente de la fuerza; dependen también de la flexibilidad, la adaptación y la capacidad de responder rápidamente a los desafíos de su entorno.
Inspirados en estos principios, investigadores de distintas instituciones han desarrollado nuevas generaciones de robots blandos y estructuras inteligentes que podrían transformar campos tan diversos como la medicina, la exploración espacial, la manufactura avanzada y las operaciones de rescate.
De los insectos a los flexoesqueletos
Un paso importante en esta dirección fue presentado hace algunos años mediante el desarrollo de los llamados flexoesqueletos, estructuras impresas en tres dimensiones inspiradas en los exoesqueletos de los insectos. Estos diseños permitieron fabricar cuerpos robóticos ligeros y flexibles capaces de realizar movimientos complejos sin depender de mecanismos rígidos tradicionales.
Los insectos representan una extraordinaria fuente de inspiración para la ingeniería. Son capaces de desplazarse por terrenos accidentados, atravesar espacios reducidos y recuperarse de impactos que podrían inutilizar a muchos dispositivos mecánicos convencionales. Al estudiar estas capacidades, los investigadores descubrieron que la combinación adecuada de flexibilidad y soporte estructural puede generar sistemas mucho más eficientes y resistentes.
El armadillo como modelo de ingeniería adaptable
La evolución de estas ideas ha conducido recientemente a desarrollos aún más sorprendentes. Un ejemplo es una nueva estructura robótica inspirada en la coraza del armadillo. Este diseño permite que un sistema normalmente flexible se transforme casi instantáneamente en una estructura rígida y protectora cuando las condiciones lo requieren.
La estrategia recuerda al mecanismo defensivo de algunos armadillos, cuyos cuerpos combinan movilidad y protección mediante placas articuladas capaces de absorber impactos sin sacrificar completamente la flexibilidad. Traducido al lenguaje de la ingeniería, esto significa materiales y estructuras que pueden modificar sus propiedades mecánicas en tiempo real.
Sus posibles aplicaciones son numerosas. Un robot destinado a operaciones de búsqueda y rescate podría desplazarse de manera flexible a través de escombros y, al detectar una situación de riesgo, endurecer ciertas partes de su estructura para proteger componentes críticos. De manera similar, futuras prótesis inteligentes podrían adaptarse dinámicamente a los movimientos del usuario, mientras que vehículos de exploración espacial podrían modificar su rigidez para enfrentar diferentes condiciones del terreno.
Más allá de la robótica, estos avances forman parte de una tendencia más amplia que integra nuevos materiales, manufactura aditiva, sensores avanzados e inteligencia artificial. El objetivo ya no es únicamente construir máquinas que ejecuten instrucciones, sino desarrollar sistemas capaces de responder físicamente a su entorno de formas cada vez más parecidas a las observadas en la naturaleza.
Quizá una de las lecciones más interesantes de esta nueva etapa tecnológica es que la ingeniería comienza a reconocer el valor de características que durante mucho tiempo fueron consideradas limitaciones. La flexibilidad, la capacidad de deformarse y la adaptación continua dejan de ser defectos para convertirse en ventajas estratégicas.
Durante décadas admiramos las máquinas por su fuerza y precisión. Hoy empezamos a admirar también su capacidad para cambiar. Y en ese proceso descubrimos que algunos de los diseños más sofisticados jamás concebidos no surgieron en laboratorios ni en fábricas, sino a lo largo de millones de años de evolución biológica.
Tal vez la ingeniería del siglo XXI no consista únicamente en construir mejores máquinas, sino en aprender, con humildad, de los organismos que llevan millones de años resolviendo problemas que apenas comenzamos a comprender.
Fuente base: artículos de divulgación científica publicados por Phys.org sobre robótica bioinspirada, estructuras flexibles impresas en 3D y sistemas robóticos inspirados en armadillos e insectos. Adaptado y comentado para Sólo para Ingenier@s.
Somos un equipo de la CEPAL que impulsa una Red regional de parlamentarias y parlamentarios de América Latina y el Caribe enfocada en fortalecer la gobernanza anticipatoria y la prospectiva legislativa. A través de espacios de diálogo y encuentro, articulamos a integrantes de comisiones de futuro, ciencia y tecnología, junto a otros actores clave, para desarrollar capacidades institucionales que permitan anticipar desafíos emergentes —como el envejecimiento poblacional, la inteligencia artificial y el cambio climático— y traducirlos en legislaciones más robustas y adaptadas a las realidades de la región.
Tenemos el agrado de presentar la quinta edición del boletín trimestral de la Red de Comisiones de Futuro Parlamentarias, dirigido a parlamentarios, parlamentarias y otros actores de América Latina y el Caribe interesados en el tema de la gobernanza anticipatoria y prospectiva legislativa. Bajo el liderazgo de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), y en colaboración con los Congresos de Chile y Uruguay, esta iniciativa surge en un contexto global de rápidos cambios tecnológicos, políticos, sociales y ambientales que demandan instituciones capaces de anticipar escenarios futuros y proveer mejor capacidad de respuesta, adaptativa, resiliente e innovadora.
Los objetivos principales de la Red son mejorar las capacidades de prospectiva y gobernanza anticipatoria en el ámbito legislativo de los países que ya cuentan con comisiones parlamentarias de futuro. Así como promover la creación de nuevas comisiones de futuro en países que aún no las tienen. El boletín cuenta con los siguientes espacios:
Documentos fundacionales: revisión histórica bibliográfica del tema.
Tal como anunciamos en la edición pasada, en febrero de este año lanzamos un nuevo curso enfocado en las Políticas de Envejecimiento de la Población en la región. El curso mantiene su formato autoinstruccional y gratuito. Con ello estamos contribuyendo a las agendas de formación de las comisiones de futuro, las legislaturas en general y otros actores. A cuatro meses desde su lanzamiento ya tenemos más de 1.777 personas inscritas. Estamos organizando nuevos espacios de difusión en alianzas con la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS). La CISS fue fundada en 1942, es un organismo internacional técnico especializado de carácter permanente, que tiene el objetivo de fomentar el desarrollo del bienestar y la seguridad social en América.
Asimismo queremos compartir con ustedes la creación del sitio de la Red de las Comisiones de Futuro Parlamentarias, donde tenemos vinculados todos los documentos, boletines, cursos y noticias.
Cómo el tratado con la Unión Europea puede dinamizar la institucionalidad y la productividad del Mercosur.
Pablo Marcelo Garcia, Maria Agustina Lacunza y Rocio Eva Tempestti. Mayo 29, 2026
Más que aranceles, el Acuerdo Mercosur-UE crea un marco institucional que tiene el potencial de transformar la productividad, la inversión y la gobernanza del bloque.
Los resultados dependerán de una implementación eficiente que genere las condiciones para el aprovechamiento del Acuerdo por parte del sector privado.
El BID acompaña al Mercosur con financiamiento, conocimiento y asistencia técnica para traducir el tratado en resultados concretos.
¿Por qué un acuerdo comercial puede importar más por sus reglas que por sus aranceles? Luego de 25 años de negociación, el Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) llegó en un momento decisivo. El mundo atraviesa una reconfiguración de las cadenas de valor, tensiones geopolíticas y la aceleración de la transición digital y energética. En ese contexto, el acuerdo impulsa una integración birregional que va más allá del intercambio de bienes y servicios.
En esencia, puede convertirse en un ancla institucional para los países del bloque. Puede fortalecer las reglas de juego, dar mayor previsibilidad, ampliar la cooperación política e institucional y generar mejores condiciones para modernizar la producción y atraer inversiones de largo plazo.
El desafío es claro: la región necesita elevar su productividad y atraer inversión de calidad. Los marcos regulatorios actuales no siempre acompañan ese objetivo. El Acuerdo Mercosur-UE no solo implica una desgravación arancelaria, sino que, además, tiene la capacidad de catalizar las reformas regulatorias e institucionales que la región necesita por sí misma, con o sin tratado. Esto implica adoptar buenas prácticas regulatorias internacionales, modernizar marcos normativos y fortalecer la gobernanza. Esta es, en muchos sentidos, una de las dimensiones más transformadoras del tratado.
¿Por qué este es un acuerdo distinto?
El Acuerdo entre el Mercosur y la UE crea un espacio de más de 700 millones de personas, equivalente al 20% del PIB global, un tercio del comercio internacional y una cuarta parte de la inversión extranjera directa (IED) del mundo.
El rasgo distintivo del acuerdo, para los países del Mercosur, es el alcance de las disciplinas que abarca. No se limita al acceso a mercados de bienes. También incluye compromisos en comercio de servicios, compras públicas, apoyo a las pequeñas y medianas empresas, medidas sanitarias y fitosanitarias, barreras técnicas, reglas de origen, propiedad intelectual y desarrollo sostenible, entre otras disciplinas.
Estudios recientes señalan que los acuerdos comerciales “profundos” —aquellos que van más allá de los aranceles para incluir otras disciplinas— generan mayores beneficios comerciales que los acuerdos superficiales. Adicionalmente, esas disciplinas pueden tener efectos favorables en áreas como la atracción de IED y la calidad ambiental, si bien dichos efectos son heterogéneos y dependen del tipo de provisión y del contexto institucional de cada país.
Más allá del comercio: gobernanza, previsibilidad e impulso institucional
En un escenario global marcado por la incertidumbre, un acuerdo basado en reglas claras y mecanismos institucionales robustos puede aportar mayor previsibilidad para los negocios internacionales. Las reglas sobre defensa comercial, propiedad intelectual, solución de controversias, procedimientos aduaneros, estándares técnicos y transparencia regulatoria reducen la discrecionalidad y fortalecen la seguridad jurídica.
Por ejemplo, el capítulo sobre transparencia exige publicar normas de forma accesible y oportuna, informar con antelación sobre nuevos proyectos regulatorios y basar las regulaciones en evidencia técnica. Esto no solo reduce la incertidumbre para las empresas; también puede mejorar la calidad del proceso regulatorio de los propios países del Mercosur.
La experiencia histórica es elocuente. El stock de IED europea se multiplicó en los países que firmaron acuerdos de este tipo con la UE: casi siete veces en México, cuatro veces en Chile, y cerca de diez veces en Egipto y en Sudáfrica (Figura 1).
Figura 1. Cambios sobre el stock de IED europea en los países que firmaron acuerdos con la UE
Fuente: elaboración propia en base a datos de Eurostat y UNCTAD
Si bien, ese aumento no puede atribuirse al acuerdo de forma exclusiva, distintos estudios muestran que los acuerdos comerciales funcionan como señales de confianza para los inversores internacionales. Al firmarlos, los países asumen compromisos cuyo incumplimiento tiene costos políticos, institucionales y reputacionales más altos que los de los compromisos domésticos, lo que reduce la incertidumbre y favorece la llegada de capital.
Como señalan Büthe y Milner (2008), la asociación con la Unión Europea envía una señal de estabilidad regulatoria y apertura difícil de igualar únicamente con reformas internas. Adicionalmente, también puede impulsar la llegada de inversiones de terceros países que buscan integrarse a cadenas de valor vinculadas a la UE. El acuerdo no solo corrige distorsiones. Al establecer reglas claras y previsibles, promueve una apertura gradual que incentiva mejoras en productividad, eficiencia y calidad, tanto en la industria como en los servicios.
Mejoras en productividad
Estas mejoras en productividad se materializan por tres canales principales. Primero, una mayor competencia puede incentivar la reconversión productiva y la eficiencia de los sectores menos competitivos. Segundo, el acceso a insumos y bienes de capital a menor costo puede facilitar la adopción de tecnologías más avanzadas. Y tercero, el acceso preferencial a un mayor número de consumidores permite ampliar la escala de producción y reducir costos.
La evidencia también respalda estos efectos. Distintos estudios muestran que en países emergentes la apertura comercial suele impulsar la productividad y la innovación de las empresas. Buena parte de esa evidencia surge de procesos de apertura en Chile, Brasil, Argentina y México durante las décadas de 1980 y 1990. En la misma línea, Melitz y Redding (2023) sostienen que el comercio internacional también puede producir mejoras dinámicas de productividad que, en el largo plazo, resultan incluso más importantes.
Por último, los beneficios no se proyectan solo hacia afuera. La asociación con la UE también puede impulsar una mayor integración dentro del Mercosur. A medida que los países del bloque adapten sus normas y políticas a las disciplinas del Acuerdo, también tenderán a converger entre sí. Esa armonización regulatoria puede generar efectos positivos sobre el comercio intrarregional. Al mismo tiempo, el acuerdo crea mecanismos de diálogo y cooperación que requieren mayor coordinación entre los socios, lo que puede fortalecer la gobernanza y cooperación regional y consolidar la capacidad negociadora del Mercosur frente a terceros.
El desafío de la implementación
Desde el 1 de mayo de 2026, con la entrada en vigor provisional del Acuerdo Interino de Comercio (iTA), el foco pasó a la implementación. El iTA comenzó a regir tras la aprobación de los cuatro parlamentos del Mercosur y la decisión del Consejo de la Unión Europea de autorizar su aplicación provisional.
La ratificación simultánea en los cuatro países del bloque permite que los beneficios arancelarios y las nuevas disciplinas entren en vigor al mismo tiempo, lo que favorece una implementación coordinada y el aprovechamiento de sinergias entre los socios.
Sin embargo, en la fase de implementación surgen cuatro desafíos clave: armonizar las normas nacionales con las nuevas disciplinas; definir la gestión y distribución interna de las cuotas otorgadas por la UE; impulsar una estrategia de difusión y capacitación para el sector privado; y establecer sistemas de monitoreo de los impactos sectoriales y regionales.
Estas prioridades revelan que la implementación no es un asunto menor ni meramente técnico-burocrático. Es la etapa en la que se definirá cuánto de los beneficios potenciales logra transformarse en resultados concretos para empresas, trabajadores y ciudadanos. Al mismo tiempo, como en todo proceso de apertura, habrá sectores que enfrenten mayor presión competitiva, lo que hace que el monitoreo de los impactos distributivos sea parte indispensable de una implementación responsable.
En ese sentido, la implementación del acuerdo requiere que los países del Mercosur emprendan una agenda de reforma regulatoria, que ofrece una oportunidad de modernización para marcos normativos que, en muchos casos, no se actualizan desde hace décadas. Por ejemplo, en las medidas sanitarias y fitosanitarias (SPS), la adopción de procedimientos modernos de análisis de riesgo y notificación no solo puede reducir rechazos en frontera y facilitar el acceso al mercado europeo, sino que también puede mejorar la calidad de la regulación doméstica. En compras públicas, la digitalización y estandarización de las licitaciones fortalecen la gobernanza del gasto público y promueven una mayor competencia entre proveedores.
Por otra parte, la experiencia demuestra que la desgravación arancelaria es condición necesaria, pero no suficiente, para aprovechar las oportunidades del acuerdo. La capacidad exportadora depende de que las empresas y los sistemas regulatorios de los países del Mercosur puedan cumplir con los requisitos de etiquetado, trazabilidad, evaluación de conformidad y estándares sanitarios exigidos por el mercado europeo. A eso se suman las certificaciones privadas que exigen compradores y cadenas minoristas europeas, que en la práctica funcionan como requisitos de ingreso de facto.
Rodrik (2018) enfatiza que, en la medida en que los acuerdos comerciales se adentran en el terreno regulatorio, normativo y de procesos, se han vuelto más complejos de analizar con la teoría económica tradicional, dado que sus impactos son multidimensionales y altamente dependientes de la capacidad institucional de los países que los implementan. Precisamente por ello, la asistencia técnica y el fortalecimiento de capacidades institucionales son componentes indispensables del proceso.
Apoyo del BID y serie de entradas de blogs
Desde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hemos sido un socio estratégico del Mercosur y continuaremos acompañando a los países, no solo con financiamiento, sino también con generación de conocimiento, asistencia técnica y apoyo a la implementación y al aprovechamiento del acuerdo.
Este artículo inaugura una serie de blogs relacionados con el acuerdo, orientados a traducir el contenido técnico del tratado en políticas públicas concretas, como, por ejemplo: ¿Qué deben hacer las aduanas del Mercosur para ponerse al nivel de los estándares europeos? ¿Cómo pueden las empresas cumplir con las reglas de origen y aprovechar el acceso preferencial? ¿Qué oportunidades abre el Acuerdo para las empresas de servicios digitales? ¿Cómo asegurarse de que la transición sea ordenada?
La desgravación arancelaria es la dimensión más visible del acuerdo, pero no necesariamente la más transformadora. Las disciplinas regulatorias, los compromisos de modernización institucional y el impulso a la gobernanza constituyen el núcleo del Acuerdo como herramienta de desarrollo. La magnitud de sus beneficios no dependerá solo de la firma del Acuerdo, sino también de la calidad de su implementación. El desafío —y también la oportunidad— empieza ahora.
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La tecnología CRISPR-Cas9 puede ayudar a potenciar la fotosíntesis de las plantas para incrementar la fijación y almacenamiento de carbono.
La tecnología CRISPR-Cas9 representa una herramienta revolucionaria con el potencial de mejorar la eficiencia fotosintética y aumentar el rendimiento de los cultivos. Este sistema de edición genética permite a los investigadores identificar y modificar genes específicos involucrados en la fotosíntesis, ajustando su función o desactivándolos para optimizar las rutas metabólicas de la planta.
Dado que la fotosíntesis comprende una serie de reacciones bioquímicas complejas, la edición de los genes que regulan estos procesos puede conducir a una mayor productividad vegetal. Mediante la biotecnología moderna, es posible intervenir en distintas etapas de la vía fotosintética, abriendo oportunidades para incrementar la eficiencia energética y el rendimiento agrícola de manera sostenible.
La edición de genes puede mejorar los procesos fotosintéticos
Mayor eficiencia en la captación de luz, mediante la edición de los genes responsables de la captación de luz, como la proteína B1 del complejo captador de luz ( Lhcb1 ), para mejorar la absorción de longitudes de onda específicas, útil en regiones donde las plantas crecen con poca luz o en entornos controlados como los invernaderos.
Optimización de la enzima RuBisCo, que es clave en el ciclo de Calvin, pero es ineficiente, ya que a menudo fija el oxígeno en lugar del dióxido de carbono, generando fotorrespiración, que se traduce en pérdida de eficiencia energética para la planta
Regulación de los genes que controlan los estomas, dos de ellos: EPF1 y EPF2 (factores de patrón epidérmico), estos genes pueden modificarse para mejorar la eficiencia hídrica.
La tecnología CRISPR-Cas9 para captura de carbono
El cambio climático representa uno de los desafíos más significativos de la actualidad, y el Instituto IGI (Innovative Genomics Institute) desarrolla enfoques biotecnológicos orientados a la captura biológica de carbono. Dichos enfoques incluyen la modificación genética de plantas y microorganismos con el propósito de incrementar su capacidad para fijar y almacenar carbono atmosférico.
Actualmente, los investigadores del IGI trabajan para entender cómo los genes asociados a proteínas clave de la fotosíntesis, pueden potenciar la eficiencia de captura de carbono y abrir nuevas perspectivas en el ámbito de la bioingeniería ambiental y la sostenibilidad agrícola de cultivos clave. La investigación de la edición de inició usando células vegetales aisladas de hojas de sorgo, donde se simularon los efectos de miles de mutaciones, mostrando dónde y cómo editar el ADN para aumentar los niveles de proteínas importantes de la fotosíntesis.
Incremento en la producción
La optimización de la fotosíntesis constituye un eje central de estas investigaciones, dado que este proceso es determinante para el secuestro de carbono en los tejidos vegetales. En sistemas agrícolas, la mejora de la eficiencia fotosintética no solo favorece la mitigación del cambio climático, sino que también puede incrementar el rendimiento en la producción de frutos y granos comestibles.
Dentro de las grandes conclusiones de la investigación se encontró que el mapeo de mutaciones cis -reguladoras a gran escala en el sorgo permite la modulación de la expresión génica, que pueden ser replicadas en estudios con otras especies como arroz. Así mismo, los datos también pueden utilizarse para evaluar y perfeccionar modelos de aprendizaje automático entrenados con genomas de cultivos.