El cambio climático pone en riesgo la lucha contra el hambre en Latinoamérica justo cuando retrocedía

El cambio climático pone en riesgo la lucha contra el hambre en Latinoamérica justo cuando retrocedía

Ecoticias. 10 de marzo de 2026

El cambio climático pone en riesgo la lucha contra el hambre en Latinoamérica en un momento decisivo. Tras cuatro años consecutivos de descenso en la subalimentación, la región había comenzado a consolidar una mejora sostenida que ahora enfrenta nuevas amenazas.

Según la FAO, la presión climática creciente —especialmente en el Caribe y Centroamérica— puede frenar o revertir avances que han permitido que 6,2 millones de personas salgan de la situación de hambre desde 2020.

El cambio climático pone en riesgo la lucha contra el hambre en Latinoamérica pese a la caída de la subalimentación

La FAO advierte que huracanes, sequías y presión climática creciente pueden frenar la reducción histórica de la subalimentación en la región.

Cifras recientes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) indican que la desnutrición se redujo del 6,1 % en 2020 al 5,1 % en 2024. Cerca de 6,2 millones de personas escaparon del hambre en cuatro años.

Brasil redujo la hambruna por debajo del 2,5 % y abandonó el mapa del hambre. México y Chile se acercan a ese nivel. Argentina, Barbados y Colombia se mantienen por debajo del 5 %. Y continúan avanzando hacia la erradicación, mostrando mejoras regionales constantes.

La tendencia invitaba al optimismo. Durante cuatro años consecutivos, Latinoamérica logró reducir el índice de subalimentación. Pero ahora el cambio climático pone en riesgo la lucha contra el hambre en Latinoamérica, justo cuando comenzaban a consolidarse los avances.

Cuatro años seguidos reduciendo el índice de hambre

Según datos recientes presentados por la FAO, la subalimentación cayó del 6,1 % en 2020 al 5,1 % en 2024. Esto significa que 6,2 millones de personas dejaron atrás la situación de hambre en apenas cuatro años.

Un progreso significativo que se explica, en parte, por políticas públicas orientadas a la infancia y la juventud, además de programas de alimentación escolar, apoyo a pequeños productores y fortalecimiento de mercados locales.

Brasil logró abandonar el mapa del hambre al situarse por debajo del 2,5 % de prevalencia. México y Chile están prácticamente en ese umbral. Argentina, Barbados y Colombia ya se encuentran por debajo del 5 % y avanzan con claridad hacia la erradicación.

Sin embargo, el escenario es desigual. El Caribe presenta un 52 % de población en situación de inseguridad alimentaria moderada o grave, frente al 22 % en Sudamérica. La presión climática es uno de los factores que explica esta brecha.

Huracanes y eventos extremos golpean la agricultura

Huracanes recientes en Jamaica y Haití han dañado infraestructuras, encarecido los costes de producción y obligado a reconstrucciones complejas. La agricultura ha absorbido el 23 % del impacto económico derivado de eventos climáticos extremos en la región.

Además, fenómenos prolongados están alterando ecosistemas y favoreciendo la aparición de nuevas plagas y enfermedades animales. En muchos países del Caribe, los sistemas de alerta temprana siguen siendo insuficientes para anticipar estos eventos.

La FAO insiste en que invertir en adaptación climática es imprescindible para reforzar la resiliencia agropecuaria. También apuesta por la digitalización y el uso de inteligencia artificial para mejorar el control sanitario y productivo en el sector agrícola.

Adaptación climática y resiliencia tecnológica

Latinoamérica demostró que es posible reducir el hambre con políticas sostenidas y coordinación regional. Ahora el desafío es impedir que el clima desmonte ese progreso. Porque cuando el campo se debilita, la seguridad alimentaria también lo hace.

A pesar de los avances, persisten las disparidades. El Caribe registra un 52 % de su población que enfrenta inseguridad alimentaria moderada o grave, en comparación con Sudamérica, que se situa en el 22 %. Las presiones climáticas son un factor clave que explica este desequilibrio.

Los huracanes en Jamaica y Haití han dañado la infraestructura y elevado los costes agrícolas. La agricultura ha soportado casi una cuarta parte de las pérdidas regionales causadas por fenómenos meteorológicos extremos.

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