La clave para la recuperación del país
Humberto García Larralde, 15 de septiembre de 2026. El Nacional
El chavismo devastó al país. Junto a la destrucción provocada por el doble terremoto del 24 de junio, arruinó las condiciones de vida de amplios sectores de la población. Además de la inflación, el alto costo de la vida, la inseguridad y la ausencia de oportunidades de empleo bien remunerado, cabe mencionar el colapso de servicios públicos básicos –hogares sin agua durante días y hasta semanas, cortes de luz constantes, escasez de gas, transporte público insuficiente y en mal estado–, así como el grave deterioro en los servicios de salud y educación. A ello se suman los damnificados por el sismo, con seres queridos desaparecidos, sin vivienda y/o en situación sumamente precaria. Todo bajo un régimen que no respeta el Estado de derecho, reprime la libertad de opinión y mantiene a centenares de venezolanos presos por razones políticas. Lamentablemente, con el beneplácito de Trump.
La economía opera apenas por encima del 30% de su capacidad de hace 14 años y las finanzas públicas están asoladas por el gasto dispendioso, la destrucción de la industria petrolera, la contracción de la base tributaria doméstica y la falta de acceso al financiamiento internacional. Con una proporción mayoritaria de la población viviendo en condiciones de pobreza, muchos pasando hambre, las dificultades para la recuperación pueden parecer sobrecogedoras. ¿De qué depende que podamos superar, cuanto antes, tan terrible situación? ¿Cuál es la clave?
Por acto-reflejo, la respuesta automática suele ser: “aumentar, cómo sea, la producción y venta de nuestro petróleo”. Así, Delcy. la designada, modificó de inmediato la normativa correspondiente para ver si atraía inversiones de las empresas inversiones más importantes del sector. El poderoso delirante que nos pretende colonizar, presenta el acuerdo energético “más grande de la historia”. Montado sobre premisas endebles, incierto en cuanto a sus verdaderos propósitos, tal acuerdo es confiado a un operador de poca experiencia, con un pasado reprobable por haber estafado al país con la empresa Derwick e investigado por lavado de dinero. Aun así, la desesperanza aprendida luego de tantas frustraciones pasadas, allana el parecer de algunos. Es menester “agarrar aunque sea fallo”, porque peor es nada. Para otros, si están los gringos metidos, hay que confiar en sus resultados. Discutible.
Pero el petróleo no es la clave a qué nos referimos para salir de abajo. Lo realmente decisivo para sacar a Venezuela cuanto antes de la miseria, es su capacidad para aprovechar el enorme caudal de recursos de todo tipo que fueron arrojadas de las actividades de producción y comercialización por los atropellos y desmanes del chavismo en el manejo de la economía. ¡Una verdad de Perogrullo! Si se quiere reactivar la producción, hay que aumentar, obviamente, el empleo de recursos productivos. Y el desempleo de estos recursos es extendido. Pero, de tan obvio pasamos por alto lo que implica.
Se trata, sobre todo, de aprovechar el formidable contingente de talentos que fueron despedidos, que renunciaron o que quedaron redundantes al desaparecer los sectores en que laboraban: profesionales de todo tipo, mano de obra calificada, proveedores de servicio de distinta naturaleza, pero también trabajadores simples, no especializados. Son los operadores de fábricas ahora quebradas, negocios venidos a menos, servicios y proveedores que ya no existen, canales de comercialización disminuidos, explotaciones abandonadas. Constituyen el factor productivo por excelencia, el que hace andar la maquinaria y los equipos, los mantiene, repara y mejora, que procesa todo tipo de materiales y tareas, supervisa, diseña, planifica y evalúa actividades, limpia y ordena espacios de trabajo o de convivencia, cultiva y distribuye alimentos, presta servicios específicos, coordina iniciativas, orienta y educa a otros, promueve consultas, asesora y/o complementa de variadas maneras lo que hacen los demás. En fin, la lista es interminable. Son los millones de venezolanos que antes daban vida al tejido productivo y comercial que movía nuestra economía. En cada nodo se acumularon experiencias, prácticas y conocimientos operativos que, criminalmente, fueron tirados al traste. Muchos emigraron y constituyen, hoy, la enorme diáspora de compatriotas esparcida por el mundo. Algunos se dedicaron a lo que fuera para sobrevivir, otros languidecen con ayudas familiares y/o pensiones miserables.
El llamado “milagro alemán” de la postguerra se explica, en no pequeña medida, por la existencia de personas con experiencias diversas, especialidades, conocimientos particulares sobre cómo hacer una variedad de cosas, en fin, un sustrato de talentos sin el cual hubiera sido más problemático asentar las inversiones que, amparadas en el Plan Marshall, recuperaron sin demora la maquinaria industrial de aquel país. Guardando la distancia –Venezuela no llegó nunca a articular un denso tejido productivo como el de los países más avanzados y de ahí nuestra condición de país “subdesarrollado” o “en vías de desarrollo”–, es mucho lo que puede lograrse en un plazo sorprendentemente rápido, si se logra rescatar aunque sea parte del talento, know-how, conocimientos y prácticas que, alguna vez, hacían funcionar, mal que bien, las cosas en el país. Tenemos una ventaja incuestionable representada en la disposición de muchos a incorporarse para hacer realidad la recuperación de su tierra. Esto incluye el valioso activo esparcido en la diáspora. Muchos habrán enraizado sus vidas fuera y no regresarán, pero, aun así, sospecho que la mayoría no habrá de desentenderse de la suerte del país si se le presentan posibilidades de contribuir, desde donde sea que estén, con su futuro. Por demás, son el eslabón por excelencia para articular el bagaje de ese know-how de los venezolanos actualmente desocupados o subempleados, con los conocimientos nuevos y las tecnologías de avanzada que aprendieron a dominar afuera, imprescindibles para el desarrollo competitivo de Venezuela hoy.
¿Cómo enganchar esos talentos, habilidades y capacidades, esa energía prometeica, para reconstruir el país? No lo harán Delcy y cía., culpables de destruir sus capacidades productivas. Tampoco los amigotes de Trump, engolosinados con las perspectivas de los negocios petroleros y mineros.
Corresponde, entonces, al ámbito político crear las condiciones para ello. Estas son: la conquista plena de la libertad, el ejercicio sin cortapisas de nuestros derechos y la puesta en práctica de las garantías, seguridades y apoyos que los resguardan, como base de una vida digna en democracia. Un liderazgo político inspirador, capaz de imprimir confianza y nutrir esperanzas de que, entre todos, superaremos los obstáculos, es crucial. Ahí está la valiosa enseñanza del voluntariado que se volcó a auxiliar a sus compatriotas cuando el terremoto. El aprovechamiento de tales voluntades requiere conquistar, de una vez por todas, las libertades políticas. Debe producirse, con todos sus derechos y garantías, el regreso de María Corina Machado y los demás líderes democráticos. Porque, sin rescatar el Estado venezolano de quienes lo han colonizado para proseguir intereses bastardos, no habrán de desatarse los aportes, iniciativas y emprendimientos de tantos que buscan recuperar su país. Significa una reforma profunda del Estado, de su entramado normativo, para lograr que todas sus instancias estén al servicio de la población, de conformidad con el ordenamiento constitucional.
Y se requerirá dinero, mucho dinero. Por supuesto que un mayor ingreso petrolero es importante. Para muchos, decisivo. Pero depende para qué se usa. La historia reciente muestra cómo derivó en corruptelas que destruyeron las capacidades productivas de la economía. Hoy, con el llamado sector conexo –construcción, industrias metalmecánicas y químicas, servicios e ingeniería especializados– en el suelo, el efecto multiplicador de la actividad petrolera es mínimo. Pero, sin los proventos de la exportación del crudo, será muy cuesta arriba negociar favorablemente la reestructuración de la deuda pública externa, pasaporte para acceder al financiamiento externo y la asistencia técnica que facilitará nuestra recuperación. Es la garantía para la reinserción productiva de Venezuela en el mundo. Queda para otra oportunidad esta discusión, así como la de los desafíos que significa evitar que la dependencia de las exportaciones de crudo vuelva a reproducir las perversiones del rentismo.
https://www.elnacional.com/columnas/2026/09/la-clave-para-la-recuperacion-del-pais/

