El agricultor del dato: cómo la tecnología transforma la producción agrícola

Manuel Lainez Andrés, 29 mayo 2026. Fundacion Grupo Cajamar. Plataforrma Tierra.

Hay una imagen que resume bien el cambio que está viviendo la agricultura española: un agricultor de frutales en Murcia que consulta en su móvil, antes de salir a la finca, el mapa de necesidades hídricas de cada parcela generado durante la noche por un algoritmo que ha cruzado datos de sensores de suelo, imágenes de satélite y la previsión meteorológica de los próximos siete días. No riega por intuición ni por fecha en el calendario. Riega donde hace falta, la cantidad que hace falta, en el momento que hace falta.

Este agricultor no es una excepción. Es el perfil al que converge el sector agroalimentario en 2026, impulsado por dos fuerzas que actúan simultáneamente: la presión sobre los márgenes, que obliga a producir mejor con menos, y la demanda del consumidor, que exige cada vez más trazabilidad, calidad y garantías sobre cómo se ha producido lo que come. La revisión científica de Bursać et al. (2026) lo confirma: las tecnologías digitales —precisión agrícola, sistemas de sensores, IA, blockchain y plataformas de datos, biotecnología— han emergido como habilitadoras clave de una mayor eficiencia en el uso de recursos, trazabilidad y toma de decisiones en toda la cadena de valor alimentaria.

La buena noticia es que las herramientas para dar respuesta a ambas presiones ya existen, ya funcionan, como mostraremos en algunos ejemplos, y ya tienen precio de mercado.

Innovación tecnológica en agricultura.

Dato en tiempo real: la base de todo

La agricultura de precisión es, antes que nada, una disciplina de datos. Para tomar mejores decisiones hay que medir mejor: humedad del suelo a distintas profundidades, temperatura del aire y del suelo, concentración de nutrientes disponibles, presencia de patógenos, estado hídrico de la planta.

La evidencia científica avala la rentabilidad de esta inversión. Según Chen (2025), la agricultura de precisión mejora los rendimientos entre un 20 y un 30 % y reduce el desperdicio de inputs entre un 40 y un 60 % frente a los métodos convencionales. El informe ITONICS de tendencias agri-food 2026 identifica la IA para la agricultura de precisión como una de las tres tendencias más críticas del segmento de producción agrícola, junto con la gestión del microbioma del suelo y las redes colaborativas de conocimiento entre agricultores.

En España, Agrodevices (Valladolid) ha desarrollado plataformas que integran sensores de humedad propios, drones, imágenes de satélite y estaciones meteorológicas con modelos de IA para generar recomendaciones de riego y fertilización parcela por parcela. Agualytics (Almería) o Widhoc (Murcia) monitorizan el ciclo completo del agua en comunidades de regantes con IoT e IA, con ahorros documentados de hasta el 50 % en consumo de agua y energía. Blueming Biotech (Murcia) lleva el laboratorio al campo con un sensor único que mide iones como nitrato, fosfatos, salinidad y potasio desde una aplicación móvil accesible sin conocimientos técnicos.

Los Centros de Experiencias de Cajamar han validado en ensayos con agricultores el impacto real de estas tecnologías. Los ensayos con BrioAgro (Navarra) en cebolla (2024) y berenjena (2025) confirman ahorros de agua del 24,5 % y el 20 % respectivamente frente al método FAO convencional, sin diferencias significativas en producción comercial.

Eficiencia hídrica: la clave que no puede esperar

El 40 % del territorio español se encontraba en situación de estrés hídrico en 2023. Tras un año afortunadamente húmedo, las previsiones para 2027 indican que el fenómeno de El Niño extremo podría llevar a un inicio del año más cálido y seco de lo normal. Las áreas de la ribera del mediterráneo son las más expuestas, y la tendencia no mejora. La agricultura consume más de dos tercios del agua dulce del planeta. En este contexto, la eficiencia en el riego no es una obligación regulatoria: es una condición de supervivencia productiva.

EIT Food identifica en su informe de tendencias 2026 la ‘Inteligencia de campo’ —el acceso de los agricultores a herramientas de IA integradas con datos de campo en tiempo real— como una de las seis tendencias que definirán el sector este año. El riego localizado con gestión inteligente es la aplicación más madura y contrastada de este principio.

Los ensayos de riego deficitario controlado en caqui ‘Rojo Brillante’ realizados en nuestro Centro de Experiencias de Cajamar en Paiporta (campaña 2025) demuestran que es posible mantener o incluso incrementar la producción comercial con ahorros de agua de hasta el 16 %. Proyectos como VITISAD en viñedo exploran el riego subterráneo y estrategias apoyadas en imágenes satelitales para ajustar las necesidades de la vid a grandes superficies.

De la alerta a la acción autónoma: la IA agéntica en campo 

El siguiente salto cualitativo es el paso de sistemas que informan a sistemas que actúan. McKinsey (2025) identifica la IA agéntica —sistemas que planifican y ejecutan tareas de múltiples pasos sin intervención humana constante— como la tendencia tecnológica de mayor crecimiento en 2024-2025. EIT Food confirma la dirección: en 2026, los agricultores acceden a herramientas de IA y de «inteligencia de campo» que hace dos años eran solo accesibles para grandes corporaciones agrícolas.

Hemav Technology (Barcelona) ha digitalizado más de 9,2 millones de hectáreas en 24 países, reduciendo costes de insumos hasta un 30 % mediante modelos predictivos de cosecha. Agerpix (Soria) ofrece ‘Aircrop’, que consolida en un único lugar toda la información disponible para el operador y la analiza con machine learning en tiempo real. Una herramienta similar ofrece VisualNACert (Valencia).

La revisión sistemática de Navas et al. (2025) sobre IA en agro-robótica analiza más de 10.000 publicaciones y confirma que la recolección robótica, la pulverización de precisión, la detección de malas hierbas, la estimación de cosecha y la monitorización de plagas son los cinco campos de aplicación con mayor crecimiento en la literatura científica.

El John Deere Innovation Center de Parla (Madrid) trabaja en colaboración con 25 entidades en ‘Smart Apply’, tecnología de pulverización inteligente de fitosanitarios con ahorros del 50 % en viña y del 68 % en cítricos validados por la UPM, y en ‘Atlas’, sistema IoT para optimización del riego.

La calidad de los datos: el verdadero motor de la digitalización y la IA en agroindustriaLeer la publicación

Control Biológico e integrado: producir limpio también sale a cuenta

La Unión Europea se ha propuesto reducir el uso de fitosanitarios en un 50 % para 2030 (Estrategia De la Granja a la Mesa). EIT Food señala para 2026 que la agricultura regenerativa avanza desde el nicho hacia la corriente principal: Walmart se ha comprometido a aprovisionar el 20 % de sus frutas y verduras de granjas regenerativas para 2027, y PepsiCo ha extendido su programa regenerativo a 2 millones de acres.

El manejo integrado de plagas (MIP) combina biocontroladores depredadores naturales, parasitoides, hongos, bacterias entomopatógenas y otros bioproductos con capacidad de control— con agentes químicos aplicados solo cuando la plaga supera el umbral económico de daño. Agrobío (Almería), entre otras empresas, suministra insectos depredadores con eficacia garantizada. Los Centros de Experiencias de Cajamar publican en Plataforma Tierra resultados de ensayos con programas de control integrado en cerezo y validan nuevos biofungicidas sostenibles derivados de avances en biotecnología vegetal.

La salud del suelo: el activo invisible

ITONICS identifica la gestión del microbioma del suelo como tendencia con impacto alto en un horizonte de 4-6 años, pasando de fases experimentales a despliegue comercial a medida que la volatilidad climática convierte la salud del suelo en una necesidad operativa más que en una inversión a largo plazo. Las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR), documentadas en ensayos de la Estación Experimental Cajamar, permiten mantener rendimientos rentables a dosis inferiores de fertilizantes. 

Organic Sanna (Zaragoza) multiplica microorganismos beneficiosos con biorreactores, logrando reducciones del 50 % en costes de fertilizantes. Biome Makers aplica IA sobre la mayor base de datos mundial de microorganismos para optimizar las prácticas agrícolas a escala de explotación.

Las nuevas variedades: la genómica al servicio del campo

La biología sintética para caracteres de cultivos a medida se identifica como una tendencia de impacto muy alto en un horizonte de 8-10 años. Mientras tanto, tenemos a nuestra disposición la edición genómica mediante CRISPR-Cas9, que permite desarrollar variedades resistentes a enfermedades, tolerantes a la sequía o con perfiles nutricionales mejorados y otras biotecnologías que están en fase de desarrollo y expansión. El debate regulatorio europeo — esperemos que, en las próximas semanas, el Parlamento Europeo de la luz verde definitiva a las NGT — determinará el ritmo al que estas variedades llegan al campo. Mientras tanto, la Estación Experimental Cajamar, en Las Palmerillas, trabaja con marcadores moleculares validados para resistencia a patógenos clave como el virus ToBRFV en tomate.

¿Quién invierte en I+D en el sector agroalimentario español?Leer la publicación

Biotecnología agrícola: la herramienta más poderosa para producir más con menos

Si la agricultura de precisión ha transformado cómo se gestiona la explotación, la biotecnología está transformando algo más profundo: la propia biología del cultivo. Las herramientas biotecnológicas disponibles hoy permiten mejorar variedades en años en lugar de décadas, diseñar plantas que consumen menos agua y fertilizantes, y desarrollar cultivos que se defienden solos frente a plagas y enfermedades

La Estrategia Europea De la Granja a la Mesa reconoce explícitamente la innovación biotecnológica como acelerador de la transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles (Carpmaels & Ransford, 2026). 

Edición genómica: precisión quirúrgica en la mejora vegetal

A diferencia de la mejora convencional —que cruza miles de genes a la vez y espera a que la selección identifique las plantas con las características deseadas— CRISPR permite modificar de forma precisa y dirigida una secuencia específica del genoma de la planta, sin introducir material genético de otras especies. El resultado es una variedad mejorada que es virtualmente indistinguible, a nivel genómico, de una obtenida por mejora convencional.

Las aplicaciones tienen impacto directo en productividad y reducción de inputs. En tolerancia a estreses abióticos, se están desarrollando variedades resistentes a sequía extrema, inundaciones y salinidad del suelo. En resistencia a plagas y enfermedades, las plantas diseñadas para defenderse mediante mecanismos internos reducen drásticamente la necesidad de tratamientos fitosanitarios externos. En mejora nutricional, variedades con mayor concentración de vitaminas, micronutrientes y ácidos grasos saludables abren un espacio de diferenciación de producto con valor directo en el mercado. Un ejemplo significativo: la modificación de un único gen en arroz (DREB1c) ha aumentado los rendimientos hasta un 40 % en condiciones de estrés.

La intersección entre IA y multi-ómica —genómica, proteómica y metabolómica— está acelerando aún más el desarrollo de nuevas variedades: los modelos de IA analizan redes genéticas complejas para predecir cómo responderá la planta a los estresores del entorno, recortando el tiempo de desarrollo de nuevas semillas resistentes de décadas a pocos años (Hesami et al, 2025).

Biotecnología microbiana: fertilidad del suelo y reducción de insumos

La biotecnología microbiana actúa sobre el entorno del cultivo: el suelo y su microbioma. Las bacterias fijadoras de nitrógeno aplicadas directamente a las semillas permiten a las plantas capturar nitrógeno directamente del aire, reduciendo la dependencia de fertilizantes nitrogenados de síntesis. Los microorganismos solubilizadores de fosfato hacen más accesibles los nutrientes del suelo. Los microbiomas diseñados para restaurar suelos degradados fijan carbono y recuperan la fertilidad de parcelas que han perdido estructura y vida microbiana.

La empresa Pivot Bio ha desarrollado microorganismos diseñados para colonizar raíces y fijar nitrógeno de forma continua durante el ciclo del cultivo, logrando reducciones de hasta el 25 % en el uso de fertilizantes nitrogenados sin pérdida de rendimiento. En España, la Estación Experimental Cajamar lleva años ensayando rizobacterias PGPR de los géneros AzospirillumBacillusPseudomonas y Rhizobium, con resultados consistentes en reducción de insumos. Biome Makers utiliza la tecnología BeCrop, basada en IA y en la mayor base de datos mundial de microorganismos del suelo, para generar recomendaciones específicas de gestión que optimizan la fertilidad de cada explotación.

El marco regulatorio y la propiedad intelectual como claves de adopción

A diferencia de los OGM transgénicos —que incorporan material genético de otras especies y están sujetos a legislación específica—, las plantas producidas mediante Nuevas Técnicas Genómicas (NGT) como CRISPR son virtualmente indistinguibles de las obtenidas por mejora convencional. 

El debate regulatorio europeo — esperemos que, en las próximas semanas, el Parlamento Europeo de la luz verde definitiva a las NGT — determinará el ritmo al que estas variedades llegan al campo.

Un dato que confirma la madurez del sector como actividad económica: el número de patentes en agrobiotecnología ha crecido significativamente, con invenciones relacionadas con secuencias de proteínas vegetales modificadas, microorganismos y procesos de selección asistida por marcadores. Los certificados complementarios de protección (SPCs) están convirtiendo la propiedad intelectual en una pieza central de la estrategia competitiva. Las empresas que invierten hoy en I+D biotecnológico y protegen sus innovaciones tendrán una ventaja de acceso al mercado difícil de replicar a corto plazo.

La agricultura española tiene los ingredientes para liderar la transición tecnológica: un ecosistema de más de 845 empresas Agritech, cultivos de alto valor que justifican la inversión y una red de experimentación —con los Centros de Experiencias de Cajamar como un punto de referencia— capaz de validar las tecnologías en condiciones reales antes de su adopción. La pregunta ya no es si la tecnología merece la pena. La pregunta es qué coste tiene no adoptarla mientras los competidores sí lo hacen.

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