Philip Kenworthy, Vasiliki Papagianni, 11 de junio de 2026. Banco Mundial
La inteligencia artificial podría impulsar el crecimiento mundial en 0,6 puntos porcentuales, un factor clave en un año en que el crecimiento global cae al 2,5%, su ritmo más lento desde 2020. Aprovechar ese potencial en los países en desarrollo, sin embargo, exige infraestructura digital sólida, marcos regulatorios claros y reformas que estimulen la inversión privada.
Más allá de la IA, otros sectores muestran que las oportunidades de crecimiento son reales y concretas. Invertir en la economía azul es clave en regiones como el Caribe, donde este sector puede superar el 60% del PIB en algunas islas y sostiene más de 2,7 millones de empleos. Las pymes lideradas por mujeres, en cambio, enfrentan un déficit de financiamiento de billones de dólares que frena su potencial. Este boletín reúne el análisis y las herramientas para identificar estas oportunidades y actuar.

El conflicto en Oriente Medio empuja el crecimiento mundial a su nivel más bajo desde la pandemia, dejando aún más rezagadas a las economías más pobres del mundo.
A principios de 2026, la actividad mundial parecía asentarse sobre bases sólidas. Algunas de las principales economías avanzadas registraban un crecimiento vigoroso, con el comercio mundial impulsado por el auge de las exportaciones vinculadas a la inteligencia artificial (IA). Desde entonces, el conflicto en Oriente Medio ha deteriorado notoriamente las proyecciones, de acuerdo con el informe Perspectivas económicas mundiales.
El conflicto ha generado enormes disrupciones en las exportaciones de energía y otros productos básicos procedentes de la región del Golfo, desencadenando fuertes alzas de precios. La previsión de referencia supone que la fase más aguda de las perturbaciones concluirá en julio, y que los volúmenes de embarques a través del estrecho de Ormuz se recuperarán en gran medida a finales de 2026. Sobre esta base, se proyecta que los precios anuales de los productos básicos suban un 22% este año, con un precio promedio del petróleo Brent de US$94 por barril.

El alza de los precios de los productos básicos ha desencadenado un aumento generalizado de las presiones inflacionarias en todo el mundo. Al mismo tiempo, los niveles previstos de las tasas de interés oficiales en las principales economías avanzadas han aumentado, y los rendimientos de los bonos han seguido la misma tendencia. En este contexto, se espera que el crecimiento mundial se debilite hasta el 2,5% este año, el ritmo más bajo desde 2020. La desaceleración prevista es impulsada por el menor crecimiento de las economías avanzadas y los MEED dependientes de la energía importada, así como por el marcado debilitamiento de las exportaciones en las economías de Oriente Medio afectadas por el conflicto.

La incertidumbre geopolítica sigue siendo elevada, y las previsiones son muy sensibles a la duración y la intensidad de las interrupciones del suministro relacionadas con el conflicto. En un escenario de tensión energética, el estrecho de Ormuz no se abre de nuevo al transporte marítimo hasta el cuarto trimestre de 2026, y la capacidad de suministro de petróleo a mediano plazo también se ve reducida. Los precios del petróleo vuelven a dispararse, y el precio promedio del petróleo Brent es de US$115 por barril en 2026. En este contexto, un aumento más pronunciado de la inflación influiría aún más sobre el crecimiento mundial, con un impacto que podría verse amplificado por las tensiones de los mercados financieros.

En medio de una década turbulenta, caracterizada por crisis sucesivas, los niveles de vida en muchos mercados emergentes y economías en desarrollo (MEED) están avanzando muy poco. Se espera que, para 2028, los MEED —excluidas China y la India— no habrán logrado en conjunto avances en la reducción de la brecha de ingresos con las economías avanzadas desde el inicio de la pandemia de COVID-19. Las perspectivas de crecimiento más débiles, el espacio fiscal limitado y la disminución de la asistencia oficial para el desarrollo están eliminado los márgenes de maniobra en los países más vulnerables y aumentan las brechas de desarrollo que ya eran considerables.

¿Qué podría cambiar el rumbo y encauzar a la economía mundial hacia una senda más saludable? Una respuesta posible es la IA. Sobre la base del punto medio de las estimaciones iniciales de distintos estudios, la IA podría aumentar el crecimiento potencial en 0,6 puntos porcentuales en los años 2030, mediante mejoras más rápidas de la productividad. Sin embargo, lograr este resultado en los MEED exigirá fortalecer la infraestructura digital, las capacidades y los marcos regulatorios, a la vez que se gestionan las complejas transiciones del mercado laboral. Además, incluso si todos los países alcanzaran este considerable impulso, el crecimiento potencial mundial estaría muy por debajo del promedio de la década de 2000, lo que pone de relieve la urgencia de reformas más amplias para estimular la creación de empleo, el dinamismo empresarial y la inversión privada en los MEED.



