Humberto García Larralde.
España es un país de buen vivir gracias a su gente, Estado de derecho, políticas sociales, servicios públicos, su cultura, gastronomía y atractivos diversos. No obstante, aumentan las tensiones por las bajas remuneraciones, condiciones de trabajo criticables en los sectores de la salud, de la educación, servicios de bomberos y otros, además del encarecimiento sostenido de la vivienda en las principales ciudades, que remiten al imperativo de mejorar el desempeño de su economía.
Los hechos, según Eurostat 1 Durante décadas, España ha ocupado el puesto de la cuarta economía en tamaño dentro de la Unión Europea (UE) de 27 miembros, excluida Gran Bretaña que ya no pertenece. Sin embargo, a precios constantes, su ingreso per cápita se ubicó en el noveno lugar en 2025. Ajustado para equiparar el poder adquisitivo del gasto (PPA), baja al puesto décimo quinto. En ambas medidas, se registra un ingreso por habitante en España inferior en un 9 a 10% a la media de la UE.
Como España no es un outlier en cuanto al comportamiento de sus variables macroeconómicas –comparte el euro como moneda con 20 países más de la Unión y, en los últimos años, su inflación ha sido ligeramente inferior al promedio–, esta incongruencia apunta a una inferior productividad y/o a un mayor desempleo, comparativamente hablando, que el promedio de la UE.
La productividad laboral de España (a precios de 2010) para 2025, fue inferior a la media de la UE en 13%. En 2013 esta diferencia había sido de 4%. Implica que su productividad laboral ha crecido desde entonces a menor ritmo que la del total de los 27 miembros, incrementándose su rezago en el tiempo.
España ha sido el país de la UE que, en el presente siglo, registra mayores niveles de desempleo. Emerge de la gran recesión 2008 – 2013 con poco más de la cuarta parte de su población de 15 a 74 años desempleada, 2,25 veces la tasa promedia de la Unión. Aunque el desempleo español se ha reducido paulatinamente, llegando en 2025 al 10,5%, también bajó en la UE (al 6%), por lo que aún casi duplica la tasa de la Unión. Para este año España aportaba algo menos del 9% al PIB conjunto de la UE, pero era origen de casi la quinta parte de sus desempleados.
El desempleo juvenil, correspondiente a la cohorte de edad entre 15 y 29 años, es bastante más alto. En 2013 superó el 40%, más del doble de la tasa media de la UE. Bajó del 20% sólo en 2025, siendo aún 60% más alta que la de la UE. Los jóvenes desempleados en España representaron más del 16% del total de la Unión aunque, en términos absolutos, Francia registró mayor número. .
Una simple proyección lineal revela que, de haber homologado España sus tasas de desempleo y de productividad con las medias de la UE de los 27, su PIB habría aumentado en 11,13% en 2013 y en 16,66% en 2025. Para este último año, la productividad laboral de España habría sido mayor en un 14,7% que el efectivamente registrado y su empleo en un 1,7%..
Marco explicativo
I: problemas de la productividad El rezago productivo de España en el seno de la UE coincide con lo que el premio Nóbel de Economía (2025), Philippe Aghion, denomina la “trampa de los países de ingreso medio”. Luego de incorporarse en 1986 a la Comunidad Económica Europea (CEE) y adecuar su marco institucional para aprovechar el mercado europeo ampliado, como a su transformación posterior en Unión Europea (tratados de Maastricht y de Lisboa), crece a tasas mayores que las del promedio de la UE. Permitió alcanzar (“catch up”) a economías europeas más avanzadas en distintos aspectos, superando su ingreso medio por habitante (PPA) entre 2005 y 2008. Pero una vez alcanzada la frontera del conocimiento su productividad laboral se rezaga con respecto a la UE, por no desarrollar aptitudes para poder innovar ahí. Lamentablemente, España sufre más profundamente la llamada Gran Recesión de 2008-13. Su economía se redujo en -8,36% cuando la de la UE como un todo apenas disminuyó (-1,18%). A partir de 2013, España crece a una tasa que apenas supera la del promedio de la Unión. Su ingreso (real) relativo por habitante mejora poco, ubicándose inferior, en un 11%, a la media de la UE en 2025.
II: el alto desempleo El desempleo español no se asocia con salarios superiores a los que equilibrarían el mercado laboral. La remuneración promedia por empleado ha sido inferior a la promedia en la UE y se ha venido reduciendo aún más, comparativamente. En 2025 alcanzó apenas el 85% de esa media. Si se incluyen otros emolumentos para considerar la compensación total por empleado, llega al 87% del promedio de los 27 países. En cuanto al costo laboral unitario ( CLU = remuneración / productividad) España exhibe uno de los menores en términos comparativos, inferior en 10% a la media. Pero no es por una productividad laboral alta, si no por unas remuneraciones bajas. Al incluir impuestos menos subsidios por empleado, las estadísticas de Eurostat para la economía privada de España ( Business economy ), la sitúa un 25% por debajo de la media de la UE para 2025. Desde 2008, este índice ha crecido a una tasa inferior en 42% a la de la media de la Unión. Todo indica, entonces, que el elevado desempleo español no se relaciona con el costo de su mano de obra, que es bajo, sino con factores que reducen la movilidad laboral y disuaden la absorción de empleo, propios del marco institucional imperante.
Instituciones Siguiendo a North, (1993); Acemoglu y Robinson, (2012; 2019) y otros, puede argumentarse que el marco institucional opaco, rígido, engorroso y pesado de España incide en su baja productividad y elevado desempleo crónico, perjudicando las capacidades competitivas de su economía. Esto es de particular importancia en cuanto a su capacidad de innovar, entendido como proceso comercial, sujeto a incentivos de mercado y a sus expectativas. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual ( World Intellectual Property Organization -WIPO) en su Global Innovation Index 2025 (GII, 18ª edición) registra indicadores para 139 naciones, incluidas las de la UE, que determinan, según su metodología, sus capacidades para innovar. Al comparar España con los 27 integrantes de la UE, se observa:.
El marco institucional español para innovar está entre los más débiles, a pesar del tamaño de su economía. Su gasto relativo en educación es bajo, así como su ranking en las escalas PISA para matemáticas, lectura y ciencias. Su educación terciaria no es atractiva para estudiantes extranjeros y el peso de los estudios de ciencia e ingeniería es reducido. El número de investigadores es bajo en proporción a su población. Sus mejores universidades no se ubican en posiciones cimeras en rankings conocidos y su inversión en I y D tiende a concentrarse en un grupo reducido de grandes empresas.
El apoyo financiero a actividades innovadoras es pobre, con una baja proporción de financiamiento a startups y a operaciones de capital de riesgo 2 . Las empresas incorporan pocos trabajadores del conocimiento y muestran escasa colaboración con las universidades. La co-publicación público-privado de investigación científica es baja, así como la capacidad empresarial para absorber conocimientos.
El dominio tecnológico de España aparece relativamente débil si se mide a través de las exportaciones de alta tecnología, registro de patentes, valor de empresas insurgentes (unicornios), y complejidad de sus procesos productivos y de exportación. España aparece como el país de la UE que más gasta en software en proporción a su PIB, pero, al no repercutir en un mejor desempeño productivo, sugiere un uso poco efectivo 3 . De hecho, se registra un pobre desempeño en la red con relación al tamaño de su población. Salvo la industria del cine, España no revela fortalezas en la creación y uso de intangibles.
Finalmente, examinar el marco institucional español desde la óptica de la teoría de la innovación y de los condicionantes de su éxito (Rothwell, Roy 1977; Porter, M. 1990; Freeman, C., y Soete, L. 1997; Vásquez-Barquero, A. 2002; Pérez, C. 2004) , resaltan las siguientes características:
– Normas puntillosas que reducen la iniciativa privada;
– Baja inversión en Investigación, Desarrollo e Innovación por parte del sector privado;
– Entrabamiento de una libre y ágil movilidad de factores productivos;
– La opacidad normativa dificulta el acceso oportuno, fluido y transparente a información relevante;
– Cultura empresarial poco acostumbrada a interactuar con consumidores y proveedores;
– Poco estímulo a la constitución de clusters de innovación;
– Altos costos de transacción por procedimientos engorrosos;
– Aversión al riesgo por normas restrictivas que problematizan posibilidades de otras opciones. – Clima y cultura poco favorables al emprendimiento creativo;
– Poca interacción con universidades para el desarrollo conjunto de conocimientos;
– Conformidad con rutinas de una regulación excesiva y minuciosa de la vida social y económica;
– Fuga, desempleo y subempleo de talentos;
La explicación del marco institucional institucional español desfavorable a la innovación se remonta a su historia, valores, costumbres y al protagonismo que ha tenido la iglesia católica en la conformación del Estado español moderno. En particular, cabe destacar los siguientes elementos;
– España fue el país más poderoso del mundo occidental entre los siglos XVI y XVIII, centro de un vasto y heterogéneo imperio que forjó una administración centralizada, compleja y pesada para intentar controlarlo en toda su diversidad
– Las estructuras verticales de dominación resultantes contaron con el apoyo de la iglesia católica, cuyo pensamiento escolástico legitimó, en detalle, el ordenamiento social a regir en el reino;
– A ello contribuyó la Santa Inquisición y la Contrarreforma. Proporcionaron la ideología que justificó la rigidización de preceptos morales minuciosos que debían regir las costumbres y normas;
– Las verdades insustituibles de la iglesia, sostén del poder, resultaron ser un obstáculo a la difusión de nuevas ideas, lo que explica la tardía y débil introducción de la Ilustración en España;
– Al perder sus colonias, España buscó cubrir su atraso comparativo con las estructuras rígidas de Estado a que estaba habituado, refractarias a ideas y prácticas liberales de la política;
– La legitimación ideológica nacional-católico de la dictadura de Francisco Franco conservó esa rigidez y centralidad de las instituciones, y ahogó la libertad y creatividad;
– Para facilitar la transición a la democracia después de muerto el dictador, se evitó provocar la reacción del “bunker” franquista con una ruptura abierta al orden existente. Hubo continuidad con su “formato” institucional, aun cuando fueron introduciéndose leyes con propósitos muy diferentes;
Lo anterior explica la pervivencia de una institucionalidad informal que contribuyó a la prevalencia de una cultura conformista, indispuesta a abandonar costumbres y valores del pasado, o a revisar el ordenamiento normativo existente y sus razones de ser.
Otras implicaciones
Lo engorroso, opaco y complejo del marco institucional español incide en el manejo de sus instancias políticas y sociales. Afectan, también, su desempeño como nación. En particular, hacen más turbios, trabajosos e inciertos los procedimientos judiciales, facilitando corruptelas. La falta de transparencia, celeridad y escasa rendición de cuentas tergiversan la aplicación justa del Estado de derecho y se prestan a la politización de la justicia. De ahí se cae en prácticas de judicialización de la lucha política, que degrada el debate de ideas y la confianza del público en sus instituciones representativas. Es decir, el apego a la democracia como régimen que promueve la libertad, la justicia y la convivencia pacífica entre integrantes de una sociedad plural, se ve amenazada. Abre las puertas a soluciones populistas basadas en la siembra de odios y la culpabilización del otro, que conduce a la negación de derechos y a la descriminación, poniendo en peligro la estabilidad y la paz social.
Por otro lado, la opacidad y pesadez de la institucionalidad española se expresa en la escasa rendición de cuentas, lo cual aleja al ciudadano de los procesos de toma de decisiones y refuerza el centralismo. En muchas ocasiones, la descentralización de potestades a las comunidades autónomas toma más la forma de una desconcentración administrativa que poco acerca al ciudadano a la toma de decisiones. Tampoco se promueve la interacción activa entre éstas para facilitar aprendizajes y emular las mejores prácticas de gobernanza. El marco institucional de España resulta refractario al empoderamiento ciudadano, lo cual debilita la democracia, limita la participación e inhibe la aparición de capital social y las iniciativas surgidas de diferentes colectivos para mejorar sus condiciones de vida. Para el proceso electoral que se aproxima, estas reflexiones deberían ser parte importante del debate político.
La innovación y el desarrollo tecnológico son, hoy, la base de la prosperidad de los países avanzados. Sostienen al Estado social de derecho. Tanto el Informe Draghi (2024), como numerosos análisis (FMI, 2025; Roubini; 2025), expresan alarma por el rezago de la productividad y la innovación europea ante EE.UU. y China. El desempeño español en ambos aspectos debe ser objeto de mayor inquietud aún.
Referencias Acemoglu, Daron y Robinson, James (2012), Por qué fracasan los países, Deusto, Barcelona.
_______(2019), El pasi lo estrecho. Estados, sociedades y cómo alcanzar la libertad, Deusto, España.
Aghion, Phi lipe, Antonin, Celine y Bunel, Simon (2021), The Power of Creative Destruction. Economic Upheaval and the Wealth of Nations , Harvard University Press.
Draghi, Mario (septiembre 2024), « The future of European Competitiveness », Unión Europea, Bruselas.
EUROSTAT, https://ec.europa.eu/eurostat/web/main/data , última visita, agosto, 2026.
Freeman, Christopher, y Soete, Luc (1997), The Economics of Industrial Innovation . 3a. edición. Cambridge: The MIT Press.
North, D. (1993), Instituciones, cambio institucional y desempeño económico , Fondo de Cultura Económica.
Pérez, Carlota (2004), Revoluciones tecnológicas y capital financiero. La dinámica de las grandes burbujas financieras y las épocas de bonanza , Siglo XXI editores, Argentina.
Porter, Michael (1990), The Competitive Advantage of Nations, The Free Press, Nueva York. Rothwel, Roy (1977), «The characteristics of successful innovators and technica ly progressive firms», en, R+D Management, Vol. 7, NQ 3.
Roubini Nouriel, “Trump is wrong: ‘woke’ policies aren’t the real threat to Europe” Project Syndicate, enero, 2026.
Vásquez-Barquero, Antonio (2002), Endogenous Development. Networking, innovation, institutions and cities , Routledge. World Inte lectual Property Organization -WIPO, (2025), Global Innovation Index , Ginebra, Suiza.


