Las Claves delSector del Agua.

Alejandro Maceira, 25 de mayo de 2026

El acuífero español por fin habla con datos, y lo primero que dice es que sigue enfermo

El agua subterránea fue durante décadas el recurso invisible de la política hídrica española: la que se bombea sin verla y se gestiona sin medirla.

Esta semana, en la jornada del MITECO y el IGME-CSIC por los dos años del Plan de Acción de Aguas Subterráneas, quedó claro que esa etapa termina.

  1. 1.500 piezómetros automatizados.

2. 63 estudios hidrogeológicos en marcha.

3. Satélites InSAR detectando la subsidencia de los acuíferos sobreexplotados.

4. Inteligencia artificial entrando en la simulación.

Pero el dato que ordena todo lo demás fue incómodo: el informe NABIA confirma que, con más muestreo y de mayor fiabilidad, la calidad química no mejora. El 34 % de las estaciones sigue superando los nitratos. La propia sala lo resumió con un juego de palabras revelador: sin datos sólidos, la IA acaba siendo «la TIA», la tonta inteligencia artificial. Una agencia con muchos medios y pocos aciertos.

Esa misma lógica —medir antes de gestionar— rige la otra gran historia regulatoria de la semana. El 2 de enero entró en vigor el límite de 100 ng/L para la suma de veinte sustancias PFAS en el agua de consumo. La fecha pasó sin que la mayoría de las utilities medianas hubiera terminado de entender qué medía, cómo ni con qué presupuesto. La norma no obliga primero a tratar: obliga a medir. Ahí se traza la línea divisoria.

El Consorci d’Aigües de Tarragona encargó análisis en 2023 y hoy sabe dónde está. Quien esperó descubre que los laboratorios tienen cola, que un análisis acreditado cuesta entre 150 y 450 €, que una planta de carbón activo exige de dos a cuatro años y que no hay financiación específica. El sobrecoste acaba en la tarifa. Y la Directiva (UE) 2026/805 lleva esos mismos límites al agua subterránea, con transposición hasta diciembre de 2027.

La asimetría entre saber y no saber se juega también al otro lado del Atlántico, pero en clave de propiedad. Argentina ha publicado el pliego para privatizar el 90 % de AySA, la mayor operadora del país, que sirve a más de catorce millones de personas con una cobertura de saneamiento que apenas roza el 70 %. El comprador tendrá que asumir un servicio cuyo estado real —qué se pierde, qué se vierte, qué falta por construir— depende otra vez de la información disponible. Mientras unos ponen el activo a la venta, otros lo conquistan con el dato bajo el brazo: ACCIONA se ha adjudicado el saneamiento de 85 municipios de Paraíba por 724 M€ hasta 2039, su cuarto contrato brasileño.

Esta semana lo dijimos en voz alta al recoger el Premio Lurra Sariak del Consorcio de Aguas Bilbao Bizkaia, en su categoría Ura-Agua: el agua merece un lugar permanente en la agenda pública, y no solo cuando surgen los problemas. Por eso llevamos dieciocho años contándola todos los días, no solo cuando es noticia, y dando voz a quienes la sostienen sin apenas aparecer en los medios. Como resumió David Escobar en Bilbao: «Nadie se acuerda del ciclo del agua cuando abre el grifo por la mañana, y eso en realidad es una buena noticia: significa que el sistema funciona».

Dos años del Plan de Acción de Aguas Subterráneas: avances tangibles y el dato como hoja de ruta.

David Escobar. 25 de mayo de 2026.

La cita se celebró en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas y Energía, en la madrileña calle Ríos Rosas, y se retransmitió en directo por el canal de YouTube del MITECO. El plan que centraba la jornada cumple dos años de vida —fue aprobado el 19 de julio de 2023 y se prolonga hasta 2030— y nace de un mandato del Plan Hidrológico Nacional para las cuencas intercomunitarias, recogido después en las Orientaciones Estratégicas sobre Agua y Cambio Climático que el Consejo de Ministros aprobó en julio de 2022. Su objetivo: sistematizar bajo un mismo paraguas lo que la administración hidráulica venía haciendo de forma dispersa en torno al recurso subterráneo. Sus dos grandes ejes transversales: la digitalización del dato y la inteligencia artificial.

La apertura institucional

Abrió el acto Lucía Arévalo Lomas, directora adjunta de la Escuela de Ingenieros de Minas y Energía, que dio paso a María Dolores Pascual Vallés, directora general del Agua, encargada de la apertura institucional. Pascual reivindicó el papel estratégico que las aguas subterráneas están asumiendo en la política hídrica española, frente a una realidad pasada en la que el recurso era prácticamente invisible. Y echó mano de cifras para sostenerlo: más de 4.200 puntos activos de control piezométrico, cerca de 6.000 estaciones de seguimiento químico y más de 1.500 piezómetros automatizados dentro de la red de información hidrológica.

La directora general vinculó el reto presente con dos palancas que recorren todo el plan: la digitalización del dato, impulsada por los fondos Next Generation a través del PERTE de digitalización del ciclo del agua, y la inteligencia artificial, una herramienta que, bien gestionada y controlada por la inteligencia humana, puede desplegar su máximo potencial precisamente en un ámbito tan poco visual como el de las aguas subterráneas. Tomó después la palabra Carolina Guardiola, directora del Departamento de Aguas y Cambio Global del IGME, que subrayó la colaboración codo con codo entre instituto y ministerio desde la propia redacción del plan y avanzó el carácter inspirador de la ponencia internacional invitada.

El balance del plan, dos años después

Javier Sánchez, subdirector general de Protección de las Aguas y Gestión de Riesgos de la Dirección General del Agua, fue el encargado de presentar el balance de implantación. Destacó los más de cuatro millones de euros invertidos en el estudio integrado del acuífero del Campo de Cartagena y su relación con el Mar Menor —probablemente, dijo, el mayor proyecto de investigación hidrológica que se conoce en España— y avanzó la próxima firma de sesenta y tres estudios hidrogeológicos en distintos ámbitos geográficos, en coordinación con las confederaciones. En el capítulo normativo, repasó la modificación del Reglamento del Dominio Público Hidráulico operada por el Real Decreto 665/2023, las nuevas órdenes de control volumétrico y de entidades colaboradoras y, sobre todo, la recientísima orden del Sello de Gestión Transparente del Agua, publicada en el BOE apenas dos semanas antes de la jornada. Además, puso especial énfasis en el trabajo conjunto con el IGME en materia de formación, ya en su tercera edición del curso FASTEN y abierto este año también a usuarios. Sánchez también señaló los puntos débiles: en la digitalización del regadío con aguas subterráneas, pese a las reservas de crédito específicas, no hubo candidatos suficientes para ejecutar los proyectos previstos.

Tomó el relevo Carolina Guardiola para repasar el balance del IGME en el plan. La parte general, ejecutada en 2024 y 2025 mediante subvención nominativa del MITECO al CSIC, ha permitido elaborar y consensuar una batería de guías técnicas —de manantiales, perímetros de protección y recarga artificial, esta última con más de cincuenta experiencias documentadas— y construir la base de datos nacional de expertos en aguas subterráneas. En 2026, los trabajos se han desplegado en actividades específicas con cada confederación: revisión de límites de masas en el Cantábrico, mapas de vulnerabilidad por método DRASTIC en el Miño-Sil, modelo piloto de IA y estudio de la recarga manejada ancestral de La Valduerna en el Duero, propuesta de nueva masa en el Calderizo-Cáceres del Tajo, informe anual de la Mancha Occidental y evaluación de la mina de La Parrilla en el Guadiana, caracterización del túnel de Linares en el Guadalquivir, análisis de los pozos de sequía y la subsidencia de Murcia en el Segura, revisión de la red piezométrica del Júcar y evaluación de los impactos térmicos de vertidos geotérmicos urbanos en el Ebro. A todo eso, Guardiola sumó dos líneas que cruzan el conjunto del trabajo: el uso de información satelital InSAR para detectar movimientos del terreno asociados a sobreexplotación de acuíferos y el aprovechamiento del proyecto GRACE de la NASA, capaz de localizar masas con tendencia negativa de almacenamiento en los últimos veinte años. Esa información, ya presentada de forma preliminar al equipo de la DGA, se trasladará a todas las confederaciones a lo largo del verano.

Captaciones, perímetros de protección y contaminación puntual

Sergio Martos, investigador científico del IGME, presentó las guías técnicas sobre captaciones elaboradas con el Grupo Español de la Asociación Internacional de Hidrogeólogos (AIH-GE): la de clausura y sellado, ya publicada en diciembre de 2025, y la de diseño y construcción, en fase final de maquetación y prevista antes del 30 de junio. Martos insistió en una distinción operativa hasta ahora poco asentada en el sector —pozo inactivo, pozo abandonado y perforación negativa—, en la importancia de no dejar abiertas las perforaciones negativas y en la complejidad específica del sellado en acuíferos kársticos.

Le siguió Laura Garrido, jefa de Servicio Técnico de la Subdirección, con el trabajo sobre perímetros de protección de captaciones de abastecimiento. La guía ya está publicada, hay dieciséis perímetros piloto distribuidos en distintas demarcaciones y otros ciento diecisiete, en su mayoría para municipios pequeños, esperan en un pliego por lotes en tramitación. La fecha límite para los abastecimientos de más de cincuenta mil habitantes es septiembre de 2027 y, recordó la DGA, sin perímetro no se renovarán ni concederán concesiones.

José Luis Núñez, hidrogeólogo de la subdirección, abordó el estado de los trabajos de contaminación puntual: más de ciento cincuenta emplazamientos en seguimiento, en torno a 2,5 millones de euros movilizados y unas trescientas actuaciones ejecutadas mediante encargo a EMGRISA, con las cuencas del Miño-Sil, Guadalquivir y Guadiana a la cabeza de las solicitudes de apoyo y los hidrocarburos —en sus distintas familias, incluidos los clorados— como contaminantes dominantes. En paralelo, se ultima una guía técnica en cuatro volúmenes sobre gestión de acuíferos contaminados.

Calidad química, automatización piezométrica y un libro de manantiales

La segunda parte de la mañana giró en torno a los datos. Ana Isabel González Abadías, jefa de servicio en la subdirección, presentó el informe nacional de calidad de las aguas subterráneas referido al periodo 2015-2024, basado en el sistema NABIA. Los datos son contundentes: el 34 % de las estaciones muestreadas supera los 37,5 mg/l de nitratos, los plaguicidas afectan al 8,1 % y la salinización se concentra en problemáticas localizadas del litoral mediterráneo. Y pese al notable incremento del esfuerzo de muestreo en la última década, la tendencia es estable. Es decir, una mala noticia: con más datos y de mayor fiabilidad, la calidad no mejora. La presentación coincidió en el tiempo con el desarrollo del nuevo NABIA, una herramienta digital que permitirá la interoperabilidad automática del dato con las confederaciones y la consulta pública sin necesidad de registro.

Carlos González Trabanco, jefe de servicio e ingeniero de minas de la subdirección, completó el cuadro con el estado cuantitativo: cerca de 1.500 piezómetros ya automatizados con sensores capacitivos, datalogger y transmisión 4G a las confederaciones, y la red de manantiales en pleno despliegue con cofinanciación FRER, si bien la cifra inicial de 140 manantiales se ha quedado en torno a 60 por las dificultades en la obtención de permisos. Toda esta información se vuelca ya en el observatorio Gota, el dashboard del Ministerio que permite consultar en tiempo real embalses, estaciones de la AEMET, niveles fluviales y, ahora también, piezometría de acuíferos.

Tras la pausa del café, Juan José Durán, científico titular del IGME, presentó el proyecto editorial más singular de la mañana: un libro nacional sobre manantiales —no una guía, insistió, sino una obra divulgativa de calidad, la primera que se aborda a escala nacional desde el decreto de 1905—. De los cerca de cincuenta mil manantiales estimados en el territorio español, el equipo ha seleccionado setenta y un casos representativos de la hidrodiversidad española y veintidós reservas naturales subterráneas, ilustrados con seis tipologías de imágenes —de la histórica a la tridimensional— a cargo del Estudio Etérea. La publicación está prevista antes de final de año.

La inteligencia artificial como herramienta: marco estratégico y el caso danés

El segundo gran bloque lo abrió Jorge Molinero, director general de Amphos 21 Consulting, que presentó las posibilidades estratégicas para la implantación de herramientas de inteligencia artificial en la evaluación y seguimiento del estado de las aguas subterráneas en España. Para ello, repasó el trabajo encargado por la subdirección con la colaboración de Tragsatec: un análisis del grado de implantación y de las posibilidades estratégicas de la IA en el ámbito de las aguas subterráneas en España, concretado en dos informes ya entregados. Molinero situó el marco —machine learning, modelos basados solo en datos, modelos subrogados y modelos híbridos—, propuso una matriz de evaluación con un sistema de semáforos sobre impacto, madurez, dependencia de datos, transparencia y coste, y articuló seis líneas estratégicas. La primera, habilitante y prioritaria, es la de datos, digitalización y gobernanza. Las siguientes se centran en aplicaciones operativas para redes de seguimiento y control, modelos subrogados e híbridos para simulación en tiempo cuasi real, integración de teledetección, despliegue de agentes de IA en procedimientos administrativos y, transversalmente, capacidades técnicas y formación. Su mensaje de cierre fue una advertencia citando a un profesor de ESADE: dentro de tres años, sostuvo, habrá dos tipos de empresas, las que tengan integrada la inteligencia artificial en todos sus procesos y las que no existan. El propio Sánchez le pidió desde el público una funcionalidad muy concreta: que las visualizaciones del observatorio Gota y del informe de calidad sean también descargables como datos brutos, no solo navegables como gráficos. Una demanda habitual del sector privado.

Como caso de éxito internacional invitado intervino en remoto Julian Koch, investigador sénior del Departamento de Hidrología del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS). Koch mostró adónde puede llegar este enfoque cuando se cuenta con datos sólidos. Presentó el modelo hidrológico nacional MIKE-SHE, ejecutado para todo el territorio danés con 35 años de histórico y simulación diaria, complementado con un modelo de aprendizaje automático basado en gradient boosting que mejora la resolución espacial hasta los diez metros e integra mapas de detalle de elevación y suelo. El llamado hybrid two model, que utiliza el algoritmo para corregir los residuos del modelo basado en procesos, reduce el error medio a apenas 16 centímetros. Es lo que ha permitido al GEUS desplegar productos espaciales del nivel piezométrico y de la calidad —incluida la modelización tridimensional del nitrato y de compuestos geogénicos como el arsénico, el manganeso o el hierro— al servicio de la regulación agrícola y de la Directiva Marco del Agua.

Aplicaciones en España y la prioridad del dato

Tras Koch llegó el turno del bloque científico nacional, con varias muestras concretas de hacia dónde se dirige la aplicación en España.

Héctor Aguilera, científico titular del IGME especializado en big data y machine learning aplicados a aguas subterráneas, presentó un primer caso piloto de modelo subrogado para la cuenca del Duero. La arquitectura es un transformer espacio-temporal, que combina capas estáticas —geología, información geográfica del portal MiraMeDuero— con capas dinámicas climáticas y de uso del suelo, y se entrena sobre las series del modelo hidrológico europeo TSMP, corregidas mediante kriging con las observaciones de la red piezométrica del Duero. El modelo trabaja a una resolución de once kilómetros, paso mensual, y serie 2013-2022. Los resultados de validación y test arrojan un R² en torno a 0,6 y, aplicado a escenarios climáticos RCP 4.5 y 8.5 con tres modelos de Adapteca, anticipa una disminución progresiva del almacenamiento, más acusada en el escenario más pesimista. La estructura, por capas, está diseñada para ser transferible a otras cuencas.

El bloque científico nacional mostró hacia dónde se dirige la aplicación de la IA en España

A continuación, Antonio Collados Lara, científico titular del IGME centrado en evaluación de impactos del cambio climático en sistemas hídricos, repasó cuatro casos de aplicación. El primero, redes neuronales artificiales para predecir niveles piezométricos en la masa del Campo de Montiel, sobre 51 piezómetros y con precipitación efectiva como variable explicativa. El segundo, modelización híbrida que encadena un modelo MODFLOW de flujo con redes neuronales que corrigen su salida, reduciendo el error cuadrático medio de ocho a cinco. El tercero, la detección de área inundada en la laguna de Ruidera con Landsat —serie 1984-2015— y variables climáticas e hidrogeológicas como explicativas, especialmente útil en escenarios futuros porque las redes neuronales capturan procesos no lineales que los modelos de regresión no detectan. Y el cuarto, en desarrollo dentro del programa Momentum del CSIC, la monitorización del área inundada en todos los humedales Ramsar españoles a partir de Landsat y Sentinel con técnica de gradient boosting.

Por último, Vanessa Godoy, investigadora postdoctoral del grupo de hidrogeología de la Universitat Politècnica de València con beca Schlumberger Faculty for the Future, recorrió siete años de trabajo del grupo en cuatro ejemplos repartidos a lo largo de la cadena de modelización. El primero, imputación iterativa de series temporales piezométricas con random forest, útil cuando hay huecos de datos, pero con cautelas si las observaciones son escasas. El segundo, estimación de la distribución espacial de conductividades hidráulicas a partir de múltiples realizaciones de MODFLOW, una vía para reducir incertidumbre en el modelado conceptual del acuífero. El tercero, redes neuronales informadas por la física como motor de cálculo alternativo a MODFLOW: con pocos datos, pero con conocimiento de la ecuación diferencial de flujo, la predicción se mantiene allí donde los modelos puramente data-driven fracasan. Y el cuarto, el modelo subrogado para las masas de Requena-Utiel y Cabrillas-Malacara, accesible desde una plataforma web que el usuario opera con sus propios valores de bombeo y recarga: con random forest, el cálculo resulta ciento cincuenta y siete veces más rápido que el modelo MODFLOW original. Godoy cerró con una nota de humor que arrancó risas en la sala: la IA, dijo, no sustituye la modelización hidrogeológica, los modelizadores seguirán teniendo trabajo.

Una intervención desde el público en el turno de preguntas introdujo la cautela que recorrió después la sala: la IA no puede ser mejor que los datos que la alimentan; las redes deben estar bien diseñadas y, en una primera evaluación, hasta el 25 % de los piezómetros revisados en el Júcar no resultaban representativos. La idea se condensó en un juego de palabras que circuló durante el resto de la jornada: el riesgo de que la IA acabe convirtiéndose, sin datos sólidos, en «la TIA» —la tonta inteligencia artificial.

Los usuarios aterrizan el PERTE

La sesión de tarde se reservó para los usuarios. Tres proyectos del PERTE de digitalización del ciclo del agua ilustraron cómo está aterrizando esta digitalización en el territorio. Amparo Ferrer presentó el caso de la Junta Central de Usuarios de la Masa de Agua Subterránea Requena-Utiel, una entidad creada en agosto de 2018 con presencia de comunidades de regantes, abastecimiento, industria y particulares, que afronta una situación de mal estado cuantitativo declarado y partía de un censo desactualizado, sin datos de consumo ni meteorológicos fiables. Con cerca de cinco millones de euros entre las dos convocatorias del PERTE para comunidades de usuarios de agua para regadío —tres en la primera, 1,58 en la segunda— y al frente de una agrupación de cuatro comunidades de regantes de aguas subterráneas, la Junta ha desplegado contadores digitales en más de ochocientas captaciones, una sede digital, un GIS de captaciones y red, sondas de humedad y NPK, lisímetros, dieciséis mil hectáreas monitorizadas por teledetección Sentinel y catorce estaciones meteorológicas integradas con un sistema de soporte a la decisión que ya emite avisos de enfermedad de la vid y del almendro mediante un sistema tipo semáforo basado en la previsión de humedad y temperatura a cuatro días. Carolina Guardiola sugirió desde la moderación trabar este despliegue con el modelo numérico desarrollado por la Universitat Politècnica de València para la misma masa, en una conversación natural entre datos de usuario y ciencia académica.

El segundo proyecto, el más complejo en términos de gobernanza, lo presentó Vicente Richart por la Junta Central de Usuarios del Vinalopó-L’Alacantí y Consorcio de Aguas de la Marina Baja. Su exposición permitió poner contexto a un sistema con sobreexplotación insostenible declarada de forma provisional por el extinto MOPU desde 1987, más de 170 hectómetros cúbicos anuales de uso de aguas subterráneas, un millón y medio de habitantes y 65.000 hectáreas de regadío en un territorio donde el 90 % de las explotaciones tiene menos de cinco hectáreas.

Sobre la base de las grandes infraestructuras del plan hidrológico del Júcar de 1998 —mil millones de euros invertidos en la conducción Júcar-Vinalopó, ahora reforzada con noventa millones para integrar energía fotovoltaica— y de un convenio decenal firmado en febrero de 2025 por el presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar, Miguel Polo, que prevé sustituir un mínimo de 34 hm³/año subterráneos por superficiales, el PERTE en el Vinalopó —apenas un 0,55 % de la inversión total acumulada— aporta los datos y el contexto sin los cuales, advirtió Richart, la inteligencia artificial es como la potencia sin control: más de 32.000 hectáreas digitalizadas y, sobre todo, un PERTE concebido como de retorno a la administración, con piezometría de pozos privados volcada de forma automática, máquina a máquina, en la red del organismo de cuenca.

Vicente José Richart Díaz. Responsable de planificación y explotación, Post-Trasvase Júcar – Vinalopó y Junta Central de Usuarios del Vinalopó.

La aprobación del catálogo de acuíferos compartidos por el Consejo de Ministros del 3 de marzo, publicada en el BOE del 15 de abril, abre además un nuevo frente: integrar también las masas compartidas con otras demarcaciones en este esquema de gestión.

El tercer proyecto, presentado por Elena Zuriaga, responsable técnica de I+D+i del Grupo Facsa, y por José Vicente Clausell, llevó el debate al ciclo urbano. El proyecto consorciado entre el Ayuntamiento de Castellón y la propia Facsa, de 7,5 millones de euros y subvención superior al 80 %, integra diecinueve actuaciones en torno a una ciudad que se abastece al cien por cien de aguas subterráneas en una masa declarada en mal estado cuantitativo y químico. Tras un notable trabajo de digitalización de información histórica —algunos sondeos con datos en formatos casi de pergamino—, el equipo ha construido el modelo conceptual piezométrico (con 127 puntos entre 1981 y 2025) y de cloruros (149 puntos desde 1977), un modelo geológico tridimensional con Leapfrog y un modelo numérico que ha permitido calibrar y delimitar los perímetros de protección de los diecisiete pozos de abastecimiento de la ciudad, con isócronas a cincuenta días, cinco y diez años.

En el conjunto del PERTE de digitalización del ciclo del agua, según el último balance del MITECO, se han movilizado ya más de 1.200 millones de euros, repartidos entre 550 millones para los operadores del ciclo urbano, 170,2 millones para las comunidades de usuarios de agua para regadío, 200 millones para las comunidades autónomas y 280 millones para la Dirección General del Agua, las confederaciones y la Mancomunidad de los Canales del Taibilla.

Hacia el 30 de junio y la segunda fase del plan

La jornada se cerró con un debate abierto y una demanda transversal: la necesidad de avanzar hacia una norma de sensórica de aguas subterráneas que garantice la interoperabilidad y la estandarización del dato, algo que en el ámbito agronómico ya existe. La clausura corrió a cargo de Patxi Elorza, director de la Escuela de Ingenieros de Minas y Energía, que reivindicó la vocación geológica e hidrogeológica de la escuela y celebró acoger una jornada en la que se ha visto el peso creciente del agua subterránea en las carreras de ingeniería de minas y geológica.

Con la mirada puesta en el 30 de junio y en la segunda fase del plan que arrancará tras el verano, el balance es el de un PAAS con hoja de ruta clara —redes más densas, marco normativo más sólido y primeros casos de éxito con los usuarios— y con la inteligencia artificial incorporándose como una herramienta más. Por debajo de todos esos hitos, el hilo común de las intervenciones fue la calidad del dato, sobre la que descansa el conjunto. La grabación íntegra puede consultarse en el canal de YouTube del MITECO, y la cita queda emplazada para dentro de doce meses.

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