Una molécula orgánica almacena energía solar durante años y la libera como calor bajo demanda.

Seren Snow. 13 feb 2026. University of California – Santa Barbara J. Arnoldo Bautista Corral editada por Gaby Clark y revisada por Robert Egan

El reto fundamental de la energía solar es evidente: cuando el sol se oculta, los paneles dejan de producir electricidad. La pregunta es simple pero profunda: ¿cómo almacenar la energía del sol para usarla después —en un día nublado o en una noche fría— sin depender de grandes baterías o complejas redes eléctricas?

Un grupo de químicos de la University of California – Santa Barbara, encabezado por la profesora asociada Grace Han, ha desarrollado una solución elegante: un material molecular capaz de capturar luz solar, almacenarla en enlaces químicos durante años y liberarla como calor cuando se necesite. Los resultados fueron publicados en la revista Science.

Inspiración biológica: del ADN a la energía solar

El material desarrollado es una molécula orgánica modificada llamada pirimidona, una estructura similar a ciertos componentes del ADN que pueden sufrir cambios reversibles al exponerse a luz ultravioleta.

Inspirados en este comportamiento, los investigadores diseñaron una versión sintética optimizada que permite almacenar y liberar energía de forma reversible. Para comprender por qué la molécula puede conservar energía durante años sin degradarse, colaboraron con el profesor Ken Houk de UCLA, quien utilizó modelado computacional avanzado para estudiar su estabilidad.

El objetivo fue claro: crear una molécula ligera, compacta y altamente eficiente, eliminando cualquier estructura innecesaria.

¿Cómo funciona? Una “batería recargable” térmica

A diferencia de los paneles solares tradicionales, que convierten luz en electricidad, este sistema pertenece a la categoría MOST (Molecular Solar Thermal energy storage), donde la luz se convierte en energía química almacenada directamente en la molécula.

El mecanismo es fascinante:

  • Cuando la luz solar incide sobre la molécula, esta se “retuerce” hacia una configuración de alta energía (como un resorte comprimido).
  • Permanece estable en ese estado durante largos periodos.
  • Al aplicarse un pequeño estímulo (calor leve o un catalizador), vuelve a su estado relajado.
  • En ese retorno libera la energía almacenada en forma de calor.

Podría describirse como una batería solar recargable de calor.

Y los números son impresionantes: la nueva molécula alcanza una densidad energética superior a 1.6 megajoules por kilogramo (MJ/kg).

Para ponerlo en perspectiva:

  • Una batería estándar de ion-litio almacena aproximadamente 0.9 MJ/kg.
  • Este sistema prácticamente duplica esa capacidad en términos de energía por masa.
  • Supera además generaciones previas de interruptores fotoquímicos.

De la teoría al agua hirviendo

El avance crucial no fue sólo lograr alta densidad energética, sino demostrar su utilidad práctica.

En el estudio, el equipo mostró que el calor liberado por la molécula es suficiente para hervir agua en condiciones ambientales —algo difícil de conseguir en este campo debido a las pérdidas térmicas y limitaciones de transferencia de calor.

Hervir agua no es trivial: requiere una cantidad significativa de energía. Lograrlo bajo condiciones normales demuestra que el sistema no es únicamente una curiosidad de laboratorio.

Aplicaciones potenciales

Las implicaciones son interesantes:

  • Calefacción portátil fuera de red (camping, zonas rurales).
  • Sistemas domésticos de calentamiento de agua.
  • Integración en colectores solares en techos.
  • Sistemas térmicos sin necesidad de baterías eléctricas adicionales.

Dado que el material es soluble en agua, podría circularse en sistemas cerrados: cargarse durante el día en colectores solares y almacenarse en tanques para liberar calor durante la noche.

Como señala uno de los investigadores: en este caso, el propio material es simultáneamente captador y sistema de almacenamiento.

Reflexión final

En América Latina —y particularmente en México— donde la radiación solar es abundante pero la infraestructura de almacenamiento sigue siendo costosa, tecnologías como esta podrían representar una alternativa complementaria a los sistemas fotovoltaicos tradicionales.

No todo almacenamiento energético tiene que ser eléctrico. La química molecular podría ofrecernos soluciones más ligeras, compactas y potencialmente más sostenibles para aplicaciones térmicas.

Quizá el futuro de la energía solar no sólo esté en los paneles…sino también en moléculas invisibles que guardan el sol dentro de sus enlaces.

Como siempre, la ingeniería comienza cuando la ciencia se vuelve aplicable.

Fuente: https://techxplore.com/news/2026-02-molecule-solar-energy-years-demand.html

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