World Economic Forum. 1 de septiembre de 2026.

La degradación de la tierra es un desafío económico que afecta hasta al 40 % de la superficie terrestre mundial y expone a más de 3200 millones de personas. Impulsada por el uso insostenible de la tierra, los incentivos económicos a corto plazo y el cambio climático, amenaza la seguridad alimentaria, los medios de subsistencia, la biodiversidad y la estabilidad económica. Los suelos sanos favorecen la productividad, la regulación del agua y la resiliencia, mientras que la degradación de la tierra aumenta la volatilidad y el riesgo. La COP17 en Mongolia puso de relieve la necesidad de una acción integrada contra la desertificación, la sequía y la degradación de la tierra.

¿Por qué existe un poder económico oculto en los suelos sanos?
Los suelos sanos son activos empresariales fundamentales que impulsan la productividad, reducen la volatilidad, fortalecen la resiliencia y protegen el valor a largo plazo en explotaciones agrícolas, empresas y carteras de inversión. A pesar de ello, la salud del suelo suele pasarse por alto en la toma de decisiones empresariales. Los suelos degradados afectan a las cadenas de suministro, incrementan los costes y aumentan los riesgos derivados de los impactos climáticos. Los suelos sanos constituyen una infraestructura básica que mejora la filtración del agua, el ciclo del carbono, la transformación de nutrientes y la biodiversidad. Las empresas pueden convertir sus dependencias ocultas en acciones medibles evaluando los riesgos relacionados con el suelo en las cadenas de suministro, como demuestran compañías como LVMH y Yara. Entre los pasos clave para las empresas se incluyen la identificación de las dependencias del suelo, la medición de indicadores relevantes, la alineación de los incentivos con la gestión sostenible del suelo y la inversión en prácticas de gestión sostenible de la tierra.

Conectar la biodiversidad, la degradación de la tierra y las pérdidas y daños en el contexto del cambio climático.
En la COP17 de la CNULD en Ulán Bator, los expertos destacaron la necesidad crucial de comprender y evaluar mejor las pérdidas relacionadas con los ecosistemas vinculadas al cambio climático para fortalecer la adaptación, la reducción del riesgo de desastres y los esfuerzos de restauración de tierras. Se presentó la iniciativa FRAME-ECO como un marco para abarcar tanto las pérdidas económicas como las no económicas, incluyendo los impactos en los medios de subsistencia y los valores culturales, con el fin de orientar la financiación climática y las respuestas ante pérdidas y daños. Funcionarios de Mongolia y Gambia subrayaron la importancia de integrar la adaptación basada en los ecosistemas en la planificación nacional y reconocer a los ecosistemas como infraestructura protectora. Entre las prioridades clave identificadas se encuentran la eliminación de las barreras institucionales, la visibilización de las pérdidas invisibles, la transformación de los datos en acciones y la movilización de financiación para la resiliencia. La sesión hizo un llamado a una mayor coordinación y a enfoques liderados por la comunidad para apoyar la inversión en la resiliencia de los ecosistemas.

El momento decisivo para la Agenda Global de la Tierra
La degradación de la tierra amenaza a casi el 95 % de la superficie terrestre mundial para 2050, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria e hídrica y costando a la economía global casi un billón de dólares anuales. Sin embargo, la 17.ª Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (COP17), celebrada en Ulán Bator, señala un impulso creciente para una acción global ambiciosa. Entre los factores clave se incluyen una mayor voluntad política, la colaboración internacional y la financiación, con una participación más amplia, como lo demuestra la Agenda de Acción de Riad, que movilizó 12.000 millones de dólares. Una mayor integración de las políticas climáticas, de biodiversidad y de tierras, el liderazgo de los países en desarrollo que organizan COPs y ponen en marcha importantes proyectos de restauración, y las nuevas iniciativas a gran escala marcan un momento crucial para transformar el compromiso en resultados tangibles de restauración y sostenibilidad.


