En los países de ingreso bajo y mediano, los déficits en nutrición, educación y empleo cuestan más de la mitad de los futuros ingresos laborales. La herramienta ICH+ permite a los países convertir esos datos en acción: medir sus brechas, compararlas con las de economías similares y simular el impacto de inversiones concretas en salud, educación y empleo, con el objetivo de demostrar que las políticas basadas en evidencia pueden transformar la trayectoria de cualquier economía. Esta edición también examina otros factores que impulsan el desarrollo: la naturaleza como tecnología habilitante capaz de multiplicar el ingreso local por sector; la evidencia de que abrir mercados agrícolas puede mejorar el bienestar de los hogares, según datos de 54 países; y el papel de los marcos jurídicos como base indispensable para atraer la inversión privada responsable de casi el 90% del empleo mundial.
¿Dónde se pierden más oportunidades en su país: en la salud, la educación o el empleo? El Índice de Capital Humano ampliado (ICH+) ofrece perfiles nacionales, comparaciones entre países, simulaciones y datos descargables para identificar brechas y orientar las inversiones. SELECCIÓN DEL EDITOR
¿Dónde se pierden más oportunidades en su país: en la salud, la educación o el empleo? El Índice de Capital Humano ampliado (ICH+) ofrece perfiles nacionales, comparaciones entre países, simulaciones y datos descargables para identificar brechas y orientar las inversiones. SELECCIÓN DEL EDITOR
La confianza del consumidor en América Latina ha aumentado en varias economías nacionales desde mediados de 2025. Sin embargo, los índices aún están lejos de superar los promedios históricos. ¿Qué consecuencias tiene esto para el crecimiento? Conozca más en el informe.
Manuel Lainez Andrés, 29 mayo 2026. Fundacion Grupo Cajamar. Plataforrma Tierra.
Hay una imagen que resume bien el cambio que está viviendo la agricultura española: un agricultor de frutales en Murcia que consulta en su móvil, antes de salir a la finca, el mapa de necesidades hídricas de cada parcela generado durante la noche por un algoritmo que ha cruzado datos de sensores de suelo, imágenes de satélite y la previsión meteorológica de los próximos siete días. No riega por intuición ni por fecha en el calendario. Riega donde hace falta, la cantidad que hace falta, en el momento que hace falta.
Este agricultor no es una excepción. Es el perfil al que converge el sector agroalimentario en 2026, impulsado por dos fuerzas que actúan simultáneamente: la presión sobre los márgenes, que obliga a producir mejor con menos, y la demanda del consumidor, que exige cada vez más trazabilidad, calidad y garantías sobre cómo se ha producido lo que come. La revisión científica de Bursać et al. (2026) lo confirma: las tecnologías digitales —precisión agrícola, sistemas de sensores, IA, blockchain y plataformas de datos, biotecnología— han emergido como habilitadoras clave de una mayor eficiencia en el uso de recursos, trazabilidad y toma de decisiones en toda la cadena de valor alimentaria.
La buena noticia es que las herramientas para dar respuesta a ambas presiones ya existen, ya funcionan, como mostraremos en algunos ejemplos, y ya tienen precio de mercado.
Dato en tiempo real: la base de todo
La agricultura de precisión es, antes que nada, una disciplina de datos. Para tomar mejores decisiones hay que medir mejor: humedad del suelo a distintas profundidades, temperatura del aire y del suelo, concentración de nutrientes disponibles, presencia de patógenos, estado hídrico de la planta.
La evidencia científica avala la rentabilidad de esta inversión. Según Chen (2025), la agricultura de precisión mejora los rendimientos entre un 20 y un 30 % y reduce el desperdicio de inputs entre un 40 y un 60 % frente a los métodos convencionales. El informe ITONICS de tendencias agri-food 2026 identifica la IA para la agricultura de precisión como una de las tres tendencias más críticas del segmento de producción agrícola, junto con la gestión del microbioma del suelo y las redes colaborativas de conocimiento entre agricultores.
En España, Agrodevices(Valladolid) ha desarrollado plataformas que integran sensores de humedad propios, drones, imágenes de satélite y estaciones meteorológicas con modelos de IA para generar recomendaciones de riego y fertilización parcela por parcela. Agualytics(Almería) o Widhoc(Murcia) monitorizan el ciclo completo del agua en comunidades de regantes con IoT e IA, con ahorros documentados de hasta el 50 % en consumo de agua y energía. Blueming Biotech (Murcia) lleva el laboratorio al campo con un sensor único que mide iones como nitrato, fosfatos, salinidad y potasio desde una aplicación móvil accesible sin conocimientos técnicos.
Los Centros de Experiencias de Cajamar han validado en ensayos con agricultores el impacto real de estas tecnologías. Los ensayos con BrioAgro(Navarra) en cebolla (2024) y berenjena (2025) confirman ahorros de agua del 24,5 % y el 20 % respectivamente frente al método FAO convencional, sin diferencias significativas en producción comercial.
Eficiencia hídrica: la clave que no puede esperar
El 40 % del territorio español se encontraba en situación de estrés hídrico en 2023. Tras un año afortunadamente húmedo, las previsiones para 2027 indican que el fenómeno de El Niño extremo podría llevar a un inicio del año más cálido y seco de lo normal. Las áreas de la ribera del mediterráneo son las más expuestas, y la tendencia no mejora. La agricultura consume más de dos tercios del agua dulce del planeta. En este contexto, la eficiencia en el riego no es una obligación regulatoria: es una condición de supervivencia productiva.
EIT Food identifica en su informe de tendencias 2026 la ‘Inteligencia de campo’ —el acceso de los agricultores a herramientas de IA integradas con datos de campo en tiempo real— como una de las seis tendencias que definirán el sector este año. El riego localizado con gestión inteligente es la aplicación más madura y contrastada de este principio.
Los ensayos de riego deficitario controlado en caqui ‘Rojo Brillante’ realizados en nuestro Centro de Experiencias de Cajamar en Paiporta (campaña 2025) demuestran que es posible mantener o incluso incrementar la producción comercial con ahorros de agua de hasta el 16 %. Proyectos como VITISAD en viñedo exploran el riego subterráneo y estrategias apoyadas en imágenes satelitales para ajustar las necesidades de la vid a grandes superficies.
De la alerta a la acción autónoma: la IA agéntica en campo
El siguiente salto cualitativo es el paso de sistemas que informan a sistemas que actúan. McKinsey (2025) identifica la IA agéntica —sistemas que planifican y ejecutan tareas de múltiples pasos sin intervención humana constante— como la tendencia tecnológica de mayor crecimiento en 2024-2025. EIT Food confirma la dirección: en 2026, los agricultores acceden a herramientas de IA y de «inteligencia de campo» que hace dos años eran solo accesibles para grandes corporaciones agrícolas.
Hemav Technology (Barcelona) ha digitalizado más de 9,2 millones de hectáreas en 24 países, reduciendo costes de insumos hasta un 30 % mediante modelos predictivos de cosecha. Agerpix (Soria) ofrece ‘Aircrop’, que consolida en un único lugar toda la información disponible para el operador y la analiza con machine learning en tiempo real. Una herramienta similar ofrece VisualNACert (Valencia).
La revisión sistemática de Navas et al. (2025) sobre IA en agro-robótica analiza más de 10.000 publicaciones y confirma que la recolección robótica, la pulverización de precisión, la detección de malas hierbas, la estimación de cosecha y la monitorización de plagas son los cinco campos de aplicación con mayor crecimiento en la literatura científica.
El John Deere Innovation Center de Parla (Madrid) trabaja en colaboración con 25 entidades en ‘Smart Apply’, tecnología de pulverización inteligente de fitosanitarios con ahorros del 50 % en viña y del 68 % en cítricos validados por la UPM, y en ‘Atlas’, sistema IoT para optimización del riego.
La calidad de los datos: el verdadero motor de la digitalización y la IA en agroindustriaLeer la publicación
Control Biológico e integrado: producir limpio también sale a cuenta
La Unión Europea se ha propuesto reducir el uso de fitosanitarios en un 50 % para 2030 (Estrategia De la Granja a la Mesa). EIT Food señala para 2026 que la agricultura regenerativa avanza desde el nicho hacia la corriente principal: Walmart se ha comprometido a aprovisionar el 20 % de sus frutas y verduras de granjas regenerativas para 2027, y PepsiCo ha extendido su programa regenerativo a 2 millones de acres.
El manejo integrado de plagas (MIP) combina biocontroladores—depredadores naturales, parasitoides, hongos, bacterias entomopatógenas y otros bioproductos con capacidad de control— con agentes químicos aplicados solo cuando la plaga supera el umbral económico de daño. Agrobío(Almería), entre otras empresas, suministra insectos depredadores con eficacia garantizada. Los Centros de Experiencias de Cajamar publican en Plataforma Tierra resultados de ensayos con programas de control integrado en cerezo y validan nuevos biofungicidas sostenibles derivados de avances en biotecnología vegetal.
La salud del suelo: el activo invisible
ITONICS identifica la gestión del microbioma del suelo como tendencia con impacto alto en un horizonte de 4-6 años, pasando de fases experimentales a despliegue comercial a medida que la volatilidad climática convierte la salud del suelo en una necesidad operativa más que en una inversión a largo plazo. Las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR), documentadas en ensayos de la Estación Experimental Cajamar, permiten mantener rendimientos rentables a dosis inferiores de fertilizantes.
Organic Sanna (Zaragoza) multiplica microorganismos beneficiosos con biorreactores, logrando reducciones del 50 % en costes de fertilizantes. Biome Makers aplica IA sobre la mayor base de datos mundial de microorganismos para optimizar las prácticas agrícolas a escala de explotación.
Las nuevas variedades: la genómica al servicio del campo
La biología sintética para caracteres de cultivos a medida se identifica como una tendencia de impacto muy alto en un horizonte de 8-10 años. Mientras tanto, tenemos a nuestra disposición la edición genómica mediante CRISPR-Cas9, que permite desarrollar variedades resistentes a enfermedades, tolerantes a la sequía o con perfiles nutricionales mejorados y otras biotecnologías que están en fase de desarrollo y expansión. El debate regulatorio europeo — esperemos que, en las próximas semanas, el Parlamento Europeo de la luz verde definitiva a las NGT — determinará el ritmo al que estas variedades llegan al campo. Mientras tanto, la Estación Experimental Cajamar, en Las Palmerillas, trabaja con marcadores moleculares validados para resistencia a patógenos clave como el virus ToBRFV en tomate.
¿Quién invierte en I+D en el sector agroalimentario español?Leer la publicación
Biotecnología agrícola: la herramienta más poderosa para producir más con menos
Si la agricultura de precisión ha transformado cómo se gestiona la explotación, la biotecnología está transformando algo más profundo: la propia biología del cultivo. Las herramientas biotecnológicas disponibles hoy permiten mejorar variedades en años en lugar de décadas, diseñar plantas que consumen menos agua y fertilizantes, y desarrollar cultivos que se defienden solos frente a plagas y enfermedades.
La Estrategia Europea De la Granja a la Mesa reconoce explícitamente la innovación biotecnológica como acelerador de la transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles (Carpmaels & Ransford, 2026).
Edición genómica: precisión quirúrgica en la mejora vegetal
A diferencia de la mejora convencional —que cruza miles de genes a la vez y espera a que la selección identifique las plantas con las características deseadas— CRISPR permite modificar de forma precisa y dirigida una secuencia específica del genoma de la planta, sin introducir material genético de otras especies. El resultado es una variedad mejorada que es virtualmente indistinguible, a nivel genómico, de una obtenida por mejora convencional.
Las aplicaciones tienen impacto directo en productividad y reducción de inputs. En tolerancia a estreses abióticos, se están desarrollando variedades resistentes a sequía extrema, inundaciones y salinidad del suelo. En resistencia a plagas y enfermedades, las plantas diseñadas para defenderse mediante mecanismos internos reducen drásticamente la necesidad de tratamientos fitosanitarios externos. En mejora nutricional, variedades con mayor concentración de vitaminas, micronutrientes y ácidos grasos saludables abren un espacio de diferenciación de producto con valor directo en el mercado. Un ejemplo significativo: la modificación de un único gen en arroz (DREB1c) ha aumentado los rendimientos hasta un 40 % en condiciones de estrés.
La intersección entre IA y multi-ómica —genómica, proteómica y metabolómica— está acelerando aún más el desarrollo de nuevas variedades: los modelos de IA analizan redes genéticas complejas para predecir cómo responderá la planta a los estresores del entorno, recortando el tiempo de desarrollo de nuevas semillas resistentes de décadas a pocos años (Hesami et al, 2025).
Biotecnología microbiana: fertilidad del suelo y reducción de insumos
La biotecnología microbiana actúa sobre el entorno del cultivo: el suelo y su microbioma. Las bacterias fijadoras de nitrógeno aplicadas directamente a las semillas permiten a las plantas capturar nitrógeno directamente del aire, reduciendo la dependencia de fertilizantes nitrogenados de síntesis. Los microorganismos solubilizadores de fosfato hacen más accesibles los nutrientes del suelo. Los microbiomas diseñados para restaurar suelos degradados fijan carbono y recuperan la fertilidad de parcelas que han perdido estructura y vida microbiana.
La empresa Pivot Bioha desarrollado microorganismos diseñados para colonizar raíces y fijar nitrógeno de forma continua durante el ciclo del cultivo, logrando reducciones de hasta el 25 % en el uso de fertilizantes nitrogenados sin pérdida de rendimiento. En España, la Estación Experimental Cajamar lleva años ensayando rizobacterias PGPR de los géneros Azospirillum, Bacillus, Pseudomonas y Rhizobium, con resultados consistentes en reducción de insumos. Biome Makers utiliza la tecnología BeCrop, basada en IA y en la mayor base de datos mundial de microorganismos del suelo, para generar recomendaciones específicas de gestión que optimizan la fertilidad de cada explotación.
El marco regulatorio y la propiedad intelectual como claves de adopción
A diferencia de los OGM transgénicos —que incorporan material genético de otras especies y están sujetos a legislación específica—, las plantas producidas mediante Nuevas Técnicas Genómicas (NGT) como CRISPR son virtualmente indistinguibles de las obtenidas por mejora convencional.
El debate regulatorio europeo — esperemos que, en las próximas semanas, el Parlamento Europeo de la luz verde definitiva a las NGT — determinará el ritmo al que estas variedades llegan al campo.
Un dato que confirma la madurez del sector como actividad económica: el número de patentes en agrobiotecnología ha crecido significativamente, con invenciones relacionadas con secuencias de proteínas vegetales modificadas, microorganismos y procesos de selección asistida por marcadores. Los certificados complementarios de protección (SPCs) están convirtiendo la propiedad intelectual en una pieza central de la estrategia competitiva. Las empresas que invierten hoy en I+D biotecnológico y protegen sus innovaciones tendrán una ventaja de acceso al mercado difícil de replicar a corto plazo.
La agricultura española tiene los ingredientes para liderar la transición tecnológica: un ecosistema de más de 845 empresas Agritech, cultivos de alto valor que justifican la inversión y una red de experimentación —con los Centros de Experiencias de Cajamar como un punto de referencia— capaz de validar las tecnologías en condiciones reales antes de su adopción. La pregunta ya no es si la tecnología merece la pena. La pregunta es qué coste tiene no adoptarla mientras los competidores sí lo hacen.
La sustracción del dictador Maduro el 3 de enero ha renovado el celo por examinar en detalle la situación en que se encuentra el país para así calibrar mejor los desafíos que nos aguardan para su recuperación. Las cifras referentes al colapso económico, las remuneraciones de hambre, la precariedad de los servicios y los índices de morbilidad y mortalidad que empiezan a conocerse, no hacen justicia, a pesar de lo desconsolador, del destrozo ocasionado. Incluso el retrato que, rigurosamente, ha dado a conocer las encuestas de condiciones de vida en Venezuela (ENCOVI), coordinadas por la UCAB, se queda corto. Porque, además de todos los daños tangibles y cuantificables que pueden identificarse, el fascismo madurista destruyó el tegumento de valores y expectativas que, de una forma u otra, inspiraban la seguridad y la confianza que podíamos sentir, como venezolanos, de vivir en una sociedad que valiera la pena, reconociéndonos en una serie de loables propósitos comunes. Un concepto parece venir muy a cuenta para describir esta situación, el de “daño antropológico”. El Dr. Google nos recuerda que trata de un padecimiento que “altera la identidad, la autoestima y los proyectos de vida, generando conformismo, miedo y desesperanza”.
Cabe resaltar que este daño tiene implicaciones en la forma en que puedan materializarse nuestras posibilidades de superación. En el fondo del asunto están las perversidades del rentismo, ya presentes en la deriva populista y clientelar de la democracia representativa, pero que dio un “salto cualitativo”, como gustaban decir los marxistas, bajo Chávez. Transformó el paternalismo estatal de antes en tutelaje vigilante y celoso de nuestras opciones y prerrogativas como venezolanos. Como “segundo libertador” invocó la gesta emancipadora para polarizar a la sociedad entre patriotas -él y quienes lo acompañaban– y enemigos –todo aquel que no compartiera sus prédicas–, y librar una guerra contra éstos, armado con los recursos que le deparaba el poder. Se erigió en ariete para la imposición de fines colectivos superiores con la violencia “persuasiva” de bandas fascistas, un poder judicial cómplice y una cúpula militar corrupta, que terminaron por acabar con nuestros derechos y potestades ciudadanas. En fin, quedamos subsumidos a lo que la “revolución” decidiera sobre nuestros intereses.
La noción de “pueblo” dejó de representar el conjunto heterogéneo de individuos diferentes en sus gustos, prerrogativas y aspiraciones particulares y amparados en derechos constitucionales, que comparten los rasgos generales de una visión de país, para convertirse en una turba homogénea de seres despojados de toda perspectiva ciudadana individual, conminados a proseguir el glorioso destino enarbolado por el visionario comandante en nombre de todos. Fascismo puro, pues, incitado por un lenguaje y una práctica de odios, degradante y destructiva, que pulverizó la inviolabilidad de los derechos humanos, la solidaridad entre quienes conforman una nación y el respeto por el otro, fundamentos de la convivencia pacífica en una democracia liberal. La condición de “pueblo” como actor político nos fue confiscada para depender exclusivamente de Chávez. “El pueblo soy yo”.
La confiscación de la voluntad popular por una camarilla que blindó su control del Estado cercenando toda expresión autónoma de intereses de los venezolanos y manejando a discreción los recursos del poder, sin rendir cuentas, poco se ha alterado desde la sustracción de Maduro. Caracteriza aún la gestión delegada a Delcy Rodríguez por el gobierno de EE. UU. Claro, sujeto ahora a condiciones bastante claras que pueden resumirse en la noción de “protectorado”. Le toca al Rodrigato administrar la factoría petrolera que representa Venezuela cuidando que no sea perturbada por eventos desestabilizadores de ningún tipo. El status quo, pues, sin activación alguna de un pueblo que pueda descarrilar el proceso al reclamar su protagonismo político como actor soberano.
¿Cómo afecta las posibilidades de recuperación económica del país? La arquitectura diseñada desde la Tesorería de EE. UU. supone que, con la seguridad que emana del protectorado, vendrán inversiones para un crecimiento sostenido de la producción petrolera, cuyos proventos de exportación controlará celosamente. Con la batería de permisos y acotaciones de la OFAC se garantizará que se cumplan los objetivos de la ocupación, entre los cuales estarían el resarcimiento de empresas gringas (y otras) expropiadas, la marginación de China y Rusia del negocio y el monitoreo del gasto de los recursos que le entregan a Venezuela (al interinato) para evitar corruptelas.
Este arreglo ha sido criticado desde distintas ópticas y no vamos a redundar en ellas. Basta señalar dos cosas: 1) brilla por su ausencia la rendición de cuentas sobre el destino de los ingresos petroleros en el país. ¿Seguirán sujetos a los canales y mecanismos redistributivos opacos característicos del fascismo madurista?; y 2) En absoluto se proveen mecanismos de consulta a la población sobre cómo, por quiénes y dónde debe priorizarse el uso de esos recursos y, mucho menos, ningún atisbo de su participación futura en la forma en que podrán contribuir con una Venezuela soberana y próspera. Los venezolanos somos espectadores pasivos, ignorantes de cómo “se bate el cobre” en las alturas, obligados a tener paciencia y confiar en la eventual materialización de los beneficios de tales arreglos.
En este mar de incertidumbre supongamos, de todas formas, que el mecanismo instrumentado es exitoso, tan así que permite proyectar un crecimiento sostenido de la economía venezolana de un 5% interanual. ¡Muy bueno! Permitiría alcanzar el nivel de actividad económica que tenía el país en 2013 para finales de los ‘40, es decir, dentro de 22 años o más, casi una generación. Y, de subsistir el petroEstado como ente que maneja de forma exclusiva los ingresos por exportación de crudo, nos exponemos a las iniquidades de su distribución discrecional perversa, como ocurrió en el pasado.
Porque el problema del que hacen caso omiso proyecciones como éstas referentes al petróleo como motor de crecimiento bajo amparo estadounidense, tomadas detrás de un escritorio, es el enorme potencial para la recuperación de Venezuela que representa la activación de sus recursos ociosos. Actualmente se produce apenas una tercera parte de hace 14 años. Si bien algunos de estos recursos se han destruido, es de prever que muchos responderán provechosamente si se logra restablecer un Estado de derecho que provee garantías procesales y a la propiedad, y se promueven condiciones de financiamiento, asistencia técnica, recuperación de servicios y otras formas de apoyo a la altura de las necesidades. No se trata de una especulación abstracta, sino de tejer de nuevo ese entramado de proveedores, complementariedades, canales financieros, de comercialización, servicios y formación de talento, con auxilio financiero y técnico internacional, para ensanchar las oportunidades de emprender un negocio, proyecto y/o emplearse en la provisión de las múltiples necesidades que presenta el país. El talento que representa la diáspora venezolana, millonaria en número pero también en capacidades, relaciones y experiencias, no puede despreciarse, así sea que muchos decidan no regresar al país.
Para grandes problemas, entonces, grandes soluciones. El venezolano se ha visto obligado a emprender –a resolver, aunque sea malamente– porque no tiene de otra. Démosle la oportunidad de hacerlo provechosamente, en el marco de un Estado garante de sus derechos y deberes. Es menester deslastrarnos del Estado paternalista tradicional como administrador de siempre del ingreso petrolero y liberar, como reza el recordado credo de Aquiles Nazoa, “los poderes creadores del pueblo”, en todos sus expresiones y capacidades. El salto de posibilidades a concretarse de poder aprovechar las oportunidades que trae el ejercicio pleno de la libertad y con apoyo internacional, desatará incrementos y sinergias productivas que acortarán, apreciablemente, el lapso en recuperar los niveles de vida de “mejores épocas”, sobre todo porque ocurriría con la participación activa de la gente. Después de tanto desastre, no nos merecemos menos. Obviamente, supone la restitución de la soberanía popular a través de elecciones creibles y confiables que permitan la reforma profunda del Estado, el rescate de las instituciones democráticas y el aprovechamiento de la voluntad de cambio.
¡No pueden esperar!
Economista, profesor (J), Universidad Central de Venezuela- humgarl@gmail.com
3. Satélites InSAR detectando la subsidencia de los acuíferos sobreexplotados.
4. Inteligencia artificial entrando en la simulación.
Pero el dato que ordena todo lo demás fue incómodo: el informe NABIA confirma que, con más muestreo y de mayor fiabilidad, la calidad química no mejora. El 34 % de las estaciones sigue superando los nitratos. La propia sala lo resumió con un juego de palabras revelador: sin datos sólidos, la IA acaba siendo «la TIA», la tonta inteligencia artificial. Una agencia con muchos medios y pocos aciertos.
Esa misma lógica —medir antes de gestionar— rige la otra gran historia regulatoria de la semana. El 2 de enero entró en vigor el límite de 100 ng/L para la suma de veinte sustancias PFAS en el agua de consumo. La fecha pasó sin que la mayoría de las utilities medianas hubiera terminado de entender qué medía, cómo ni con qué presupuesto. La norma no obliga primero a tratar: obliga a medir. Ahí se traza la línea divisoria.
El Consorci d’Aigües de Tarragona encargó análisis en 2023 y hoy sabe dónde está. Quien esperó descubre que los laboratorios tienen cola, que un análisis acreditado cuesta entre 150 y 450 €, que una planta de carbón activo exige de dos a cuatro años y que no hay financiación específica. El sobrecoste acaba en la tarifa. Y la Directiva (UE) 2026/805 lleva esos mismos límites al agua subterránea, con transposición hasta diciembre de 2027.
La asimetría entre saber y no saber se juega también al otro lado del Atlántico, pero en clave de propiedad. Argentina ha publicado el pliego para privatizar el 90 % de AySA, la mayor operadora del país, que sirve a más de catorce millones de personas con una cobertura de saneamiento que apenas roza el 70 %. El comprador tendrá que asumir un servicio cuyo estado real —qué se pierde, qué se vierte, qué falta por construir— depende otra vez de la información disponible. Mientras unos ponen el activo a la venta, otros lo conquistan con el dato bajo el brazo: ACCIONA se ha adjudicado el saneamiento de 85 municipios de Paraíba por 724 M€ hasta 2039, su cuarto contrato brasileño.
Esta semana lo dijimos en voz alta al recoger el Premio Lurra Sariak del Consorcio de Aguas Bilbao Bizkaia, en su categoría Ura-Agua: el agua merece un lugar permanente en la agenda pública, y no solo cuando surgen los problemas. Por eso llevamos dieciocho años contándola todos los días, no solo cuando es noticia, y dando voz a quienes la sostienen sin apenas aparecer en los medios. Como resumió David Escobar en Bilbao: «Nadie se acuerda del ciclo del agua cuando abre el grifo por la mañana, y eso en realidad es una buena noticia: significa que el sistema funciona».
Dos años del Plan de Acción de Aguas Subterráneas: avances tangibles y el dato como hoja de ruta.
David Escobar. 25 de mayo de 2026.
La cita se celebró en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas y Energía, en la madrileña calle Ríos Rosas, y se retransmitió en directo por el canal de YouTube del MITECO. El plan que centraba la jornada cumple dos años de vida —fue aprobado el 19 de julio de 2023 y se prolonga hasta 2030— y nace de un mandato del Plan Hidrológico Nacional para las cuencas intercomunitarias, recogido después en las Orientaciones Estratégicas sobre Agua y Cambio Climático que el Consejo de Ministros aprobó en julio de 2022. Su objetivo: sistematizar bajo un mismo paraguas lo que la administración hidráulica venía haciendo de forma dispersa en torno al recurso subterráneo. Sus dos grandes ejes transversales: la digitalización del dato y la inteligencia artificial.
La apertura institucional
Abrió el acto Lucía Arévalo Lomas, directora adjunta de la Escuela de Ingenieros de Minas y Energía, que dio paso a María Dolores Pascual Vallés, directora general del Agua, encargada de la apertura institucional. Pascual reivindicó el papel estratégico que las aguas subterráneas están asumiendo en la política hídrica española, frente a una realidad pasada en la que el recurso era prácticamente invisible. Y echó mano de cifras para sostenerlo: más de 4.200 puntos activos de control piezométrico, cerca de 6.000 estaciones de seguimiento químico y más de 1.500 piezómetros automatizados dentro de la red de información hidrológica.
La directora general vinculó el reto presente con dos palancas que recorren todo el plan: la digitalización del dato, impulsada por los fondos Next Generation a través del PERTE de digitalización del ciclo del agua, y la inteligencia artificial, una herramienta que, bien gestionada y controlada por la inteligencia humana, puede desplegar su máximo potencial precisamente en un ámbito tan poco visual como el de las aguas subterráneas. Tomó después la palabra Carolina Guardiola, directora del Departamento de Aguas y Cambio Global del IGME, que subrayó la colaboración codo con codo entre instituto y ministerio desde la propia redacción del plan y avanzó el carácter inspirador de la ponencia internacional invitada.
El balance del plan, dos años después
Javier Sánchez, subdirector general de Protección de las Aguas y Gestión de Riesgos de la Dirección General del Agua, fue el encargado de presentar el balance de implantación. Destacó los más de cuatro millones de euros invertidos en el estudio integrado del acuífero del Campo de Cartagena y su relación con el Mar Menor —probablemente, dijo, el mayor proyecto de investigación hidrológica que se conoce en España— y avanzó la próxima firma de sesenta y tres estudios hidrogeológicos en distintos ámbitos geográficos, en coordinación con las confederaciones. En el capítulo normativo, repasó la modificación del Reglamento del Dominio Público Hidráulico operada por el Real Decreto 665/2023, las nuevas órdenes de control volumétrico y de entidades colaboradoras y, sobre todo, la recientísima orden del Sello de Gestión Transparente del Agua, publicada en el BOE apenas dos semanas antes de la jornada. Además, puso especial énfasis en el trabajo conjunto con el IGME en materia de formación, ya en su tercera edición del curso FASTEN y abierto este año también a usuarios. Sánchez también señaló los puntos débiles: en la digitalización del regadío con aguas subterráneas, pese a las reservas de crédito específicas, no hubo candidatos suficientes para ejecutar los proyectos previstos.
Tomó el relevo Carolina Guardiola para repasar el balance del IGME en el plan. La parte general, ejecutada en 2024 y 2025 mediante subvención nominativa del MITECO al CSIC, ha permitido elaborar y consensuar una batería de guías técnicas —de manantiales, perímetros de protección y recarga artificial, esta última con más de cincuenta experiencias documentadas— y construir la base de datos nacional de expertos en aguas subterráneas. En 2026, los trabajos se han desplegado en actividades específicas con cada confederación: revisión de límites de masas en el Cantábrico, mapas de vulnerabilidad por método DRASTIC en el Miño-Sil, modelo piloto de IA y estudio de la recarga manejada ancestral de La Valduerna en el Duero, propuesta de nueva masa en el Calderizo-Cáceres del Tajo, informe anual de la Mancha Occidental y evaluación de la mina de La Parrilla en el Guadiana, caracterización del túnel de Linares en el Guadalquivir, análisis de los pozos de sequía y la subsidencia de Murcia en el Segura, revisión de la red piezométrica del Júcar y evaluación de los impactos térmicos de vertidos geotérmicos urbanos en el Ebro. A todo eso, Guardiola sumó dos líneas que cruzan el conjunto del trabajo: el uso de información satelital InSAR para detectar movimientos del terreno asociados a sobreexplotación de acuíferos y el aprovechamiento del proyecto GRACE de la NASA, capaz de localizar masas con tendencia negativa de almacenamiento en los últimos veinte años. Esa información, ya presentada de forma preliminar al equipo de la DGA, se trasladará a todas las confederaciones a lo largo del verano.
Captaciones, perímetros de protección y contaminación puntual
Sergio Martos, investigador científico del IGME, presentó las guías técnicas sobre captaciones elaboradas con el Grupo Español de la Asociación Internacional de Hidrogeólogos (AIH-GE): la de clausura y sellado, ya publicada en diciembre de 2025, y la de diseño y construcción, en fase final de maquetación y prevista antes del 30 de junio. Martos insistió en una distinción operativa hasta ahora poco asentada en el sector —pozo inactivo, pozo abandonado y perforación negativa—, en la importancia de no dejar abiertas las perforaciones negativas y en la complejidad específica del sellado en acuíferos kársticos.
Le siguió Laura Garrido, jefa de Servicio Técnico de la Subdirección, con el trabajo sobre perímetros de protección de captaciones de abastecimiento. La guía ya está publicada, hay dieciséis perímetros piloto distribuidos en distintas demarcaciones y otros ciento diecisiete, en su mayoría para municipios pequeños, esperan en un pliego por lotes en tramitación. La fecha límite para los abastecimientos de más de cincuenta mil habitantes es septiembre de 2027 y, recordó la DGA, sin perímetro no se renovarán ni concederán concesiones.
José Luis Núñez, hidrogeólogo de la subdirección, abordó el estado de los trabajos de contaminación puntual: más de ciento cincuenta emplazamientos en seguimiento, en torno a 2,5 millones de euros movilizados y unas trescientas actuaciones ejecutadas mediante encargo a EMGRISA, con las cuencas del Miño-Sil, Guadalquivir y Guadiana a la cabeza de las solicitudes de apoyo y los hidrocarburos —en sus distintas familias, incluidos los clorados— como contaminantes dominantes. En paralelo, se ultima una guía técnica en cuatro volúmenes sobre gestión de acuíferos contaminados.
Calidad química, automatización piezométrica y un libro de manantiales
La segunda parte de la mañana giró en torno a los datos. Ana Isabel González Abadías, jefa de servicio en la subdirección, presentó el informe nacional de calidad de las aguas subterráneas referido al periodo 2015-2024, basado en el sistema NABIA. Los datos son contundentes: el 34 % de las estaciones muestreadas supera los 37,5 mg/l de nitratos, los plaguicidas afectan al 8,1 % y la salinización se concentra en problemáticas localizadas del litoral mediterráneo. Y pese al notable incremento del esfuerzo de muestreo en la última década, la tendencia es estable. Es decir, una mala noticia: con más datos y de mayor fiabilidad, la calidad no mejora. La presentación coincidió en el tiempo con el desarrollo del nuevo NABIA, una herramienta digital que permitirá la interoperabilidad automática del dato con las confederaciones y la consulta pública sin necesidad de registro.
Carlos González Trabanco, jefe de servicio e ingeniero de minas de la subdirección, completó el cuadro con el estado cuantitativo: cerca de 1.500 piezómetros ya automatizados con sensores capacitivos, datalogger y transmisión 4G a las confederaciones, y la red de manantiales en pleno despliegue con cofinanciación FRER, si bien la cifra inicial de 140 manantiales se ha quedado en torno a 60 por las dificultades en la obtención de permisos. Toda esta información se vuelca ya en el observatorio Gota, el dashboard del Ministerio que permite consultar en tiempo real embalses, estaciones de la AEMET, niveles fluviales y, ahora también, piezometría de acuíferos.
Tras la pausa del café, Juan José Durán, científico titular del IGME, presentó el proyecto editorial más singular de la mañana: un libro nacional sobre manantiales —no una guía, insistió, sino una obra divulgativa de calidad, la primera que se aborda a escala nacional desde el decreto de 1905—. De los cerca de cincuenta mil manantiales estimados en el territorio español, el equipo ha seleccionado setenta y un casos representativos de la hidrodiversidad española y veintidós reservas naturales subterráneas, ilustrados con seis tipologías de imágenes —de la histórica a la tridimensional— a cargo del Estudio Etérea. La publicación está prevista antes de final de año.
La inteligencia artificial como herramienta: marco estratégico y el caso danés
El segundo gran bloque lo abrió Jorge Molinero, director general de Amphos 21 Consulting, que presentó las posibilidades estratégicas para la implantación de herramientas de inteligencia artificial en la evaluación y seguimiento del estado de las aguas subterráneas en España. Para ello, repasó el trabajo encargado por la subdirección con la colaboración de Tragsatec: un análisis del grado de implantación y de las posibilidades estratégicas de la IA en el ámbito de las aguas subterráneas en España, concretado en dos informes ya entregados. Molinero situó el marco —machine learning, modelos basados solo en datos, modelos subrogados y modelos híbridos—, propuso una matriz de evaluación con un sistema de semáforos sobre impacto, madurez, dependencia de datos, transparencia y coste, y articuló seis líneas estratégicas. La primera, habilitante y prioritaria, es la de datos, digitalización y gobernanza. Las siguientes se centran en aplicaciones operativas para redes de seguimiento y control, modelos subrogados e híbridos para simulación en tiempo cuasi real, integración de teledetección, despliegue de agentes de IA en procedimientos administrativos y, transversalmente, capacidades técnicas y formación. Su mensaje de cierre fue una advertencia citando a un profesor de ESADE: dentro de tres años, sostuvo, habrá dos tipos de empresas, las que tengan integrada la inteligencia artificial en todos sus procesos y las que no existan. El propio Sánchez le pidió desde el público una funcionalidad muy concreta: que las visualizaciones del observatorio Gota y del informe de calidad sean también descargables como datos brutos, no solo navegables como gráficos. Una demanda habitual del sector privado.
Como caso de éxito internacional invitado intervino en remoto Julian Koch, investigador sénior del Departamento de Hidrología del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS). Koch mostró adónde puede llegar este enfoque cuando se cuenta con datos sólidos. Presentó el modelo hidrológico nacional MIKE-SHE, ejecutado para todo el territorio danés con 35 años de histórico y simulación diaria, complementado con un modelo de aprendizaje automático basado en gradient boosting que mejora la resolución espacial hasta los diez metros e integra mapas de detalle de elevación y suelo. El llamado hybrid two model, que utiliza el algoritmo para corregir los residuos del modelo basado en procesos, reduce el error medio a apenas 16 centímetros. Es lo que ha permitido al GEUS desplegar productos espaciales del nivel piezométrico y de la calidad —incluida la modelización tridimensional del nitrato y de compuestos geogénicos como el arsénico, el manganeso o el hierro— al servicio de la regulación agrícola y de la Directiva Marco del Agua.
Aplicaciones en España y la prioridad del dato
Tras Koch llegó el turno del bloque científico nacional, con varias muestras concretas de hacia dónde se dirige la aplicación en España.
Héctor Aguilera, científico titular del IGME especializado en big data y machine learning aplicados a aguas subterráneas, presentó un primer caso piloto de modelo subrogado para la cuenca del Duero. La arquitectura es un transformer espacio-temporal, que combina capas estáticas —geología, información geográfica del portal MiraMeDuero— con capas dinámicas climáticas y de uso del suelo, y se entrena sobre las series del modelo hidrológico europeo TSMP, corregidas mediante kriging con las observaciones de la red piezométrica del Duero. El modelo trabaja a una resolución de once kilómetros, paso mensual, y serie 2013-2022. Los resultados de validación y test arrojan un R² en torno a 0,6 y, aplicado a escenarios climáticos RCP 4.5 y 8.5 con tres modelos de Adapteca, anticipa una disminución progresiva del almacenamiento, más acusada en el escenario más pesimista. La estructura, por capas, está diseñada para ser transferible a otras cuencas.
El bloque científico nacional mostró hacia dónde se dirige la aplicación de la IA en España
A continuación, Antonio Collados Lara, científico titular del IGME centrado en evaluación de impactos del cambio climático en sistemas hídricos, repasó cuatro casos de aplicación. El primero, redes neuronales artificiales para predecir niveles piezométricos en la masa del Campo de Montiel, sobre 51 piezómetros y con precipitación efectiva como variable explicativa. El segundo, modelización híbrida que encadena un modelo MODFLOW de flujo con redes neuronales que corrigen su salida, reduciendo el error cuadrático medio de ocho a cinco. El tercero, la detección de área inundada en la laguna de Ruidera con Landsat —serie 1984-2015— y variables climáticas e hidrogeológicas como explicativas, especialmente útil en escenarios futuros porque las redes neuronales capturan procesos no lineales que los modelos de regresión no detectan. Y el cuarto, en desarrollo dentro del programa Momentum del CSIC, la monitorización del área inundada en todos los humedales Ramsar españoles a partir de Landsat y Sentinel con técnica de gradient boosting.
Por último, Vanessa Godoy, investigadora postdoctoral del grupo de hidrogeología de la Universitat Politècnica de València con beca Schlumberger Faculty for the Future, recorrió siete años de trabajo del grupo en cuatro ejemplos repartidos a lo largo de la cadena de modelización. El primero, imputación iterativa de series temporales piezométricas con random forest, útil cuando hay huecos de datos, pero con cautelas si las observaciones son escasas. El segundo, estimación de la distribución espacial de conductividades hidráulicas a partir de múltiples realizaciones de MODFLOW, una vía para reducir incertidumbre en el modelado conceptual del acuífero. El tercero, redes neuronales informadas por la física como motor de cálculo alternativo a MODFLOW: con pocos datos, pero con conocimiento de la ecuación diferencial de flujo, la predicción se mantiene allí donde los modelos puramente data-driven fracasan. Y el cuarto, el modelo subrogado para las masas de Requena-Utiel y Cabrillas-Malacara, accesible desde una plataforma web que el usuario opera con sus propios valores de bombeo y recarga: con random forest, el cálculo resulta ciento cincuenta y siete veces más rápido que el modelo MODFLOW original. Godoy cerró con una nota de humor que arrancó risas en la sala: la IA, dijo, no sustituye la modelización hidrogeológica, los modelizadores seguirán teniendo trabajo.
Una intervención desde el público en el turno de preguntas introdujo la cautela que recorrió después la sala: la IA no puede ser mejor que los datos que la alimentan; las redes deben estar bien diseñadas y, en una primera evaluación, hasta el 25 % de los piezómetros revisados en el Júcar no resultaban representativos. La idea se condensó en un juego de palabras que circuló durante el resto de la jornada: el riesgo de que la IA acabe convirtiéndose, sin datos sólidos, en «la TIA» —la tonta inteligencia artificial.
Los usuarios aterrizan el PERTE
La sesión de tarde se reservó para los usuarios. Tres proyectos del PERTE de digitalización del ciclo del agua ilustraron cómo está aterrizando esta digitalización en el territorio. Amparo Ferrer presentó el caso de la Junta Central de Usuarios de la Masa de Agua Subterránea Requena-Utiel, una entidad creada en agosto de 2018 con presencia de comunidades de regantes, abastecimiento, industria y particulares, que afronta una situación de mal estado cuantitativo declarado y partía de un censo desactualizado, sin datos de consumo ni meteorológicos fiables. Con cerca de cinco millones de euros entre las dos convocatorias del PERTE para comunidades de usuarios de agua para regadío —tres en la primera, 1,58 en la segunda— y al frente de una agrupación de cuatro comunidades de regantes de aguas subterráneas, la Junta ha desplegado contadores digitales en más de ochocientas captaciones, una sede digital, un GIS de captaciones y red, sondas de humedad y NPK, lisímetros, dieciséis mil hectáreas monitorizadas por teledetección Sentinel y catorce estaciones meteorológicas integradas con un sistema de soporte a la decisión que ya emite avisos de enfermedad de la vid y del almendro mediante un sistema tipo semáforo basado en la previsión de humedad y temperatura a cuatro días. Carolina Guardiola sugirió desde la moderación trabar este despliegue con el modelo numérico desarrollado por la Universitat Politècnica de València para la misma masa, en una conversación natural entre datos de usuario y ciencia académica.
El segundo proyecto, el más complejo en términos de gobernanza, lo presentó Vicente Richart por la Junta Central de Usuarios del Vinalopó-L’Alacantí y Consorcio de Aguas de la Marina Baja. Su exposición permitió poner contexto a un sistema con sobreexplotación insostenible declarada de forma provisional por el extinto MOPU desde 1987, más de 170 hectómetros cúbicos anuales de uso de aguas subterráneas, un millón y medio de habitantes y 65.000 hectáreas de regadío en un territorio donde el 90 % de las explotaciones tiene menos de cinco hectáreas.
Sobre la base de las grandes infraestructuras del plan hidrológico del Júcar de 1998 —mil millones de euros invertidos en la conducción Júcar-Vinalopó, ahora reforzada con noventa millones para integrar energía fotovoltaica— y de un convenio decenal firmado en febrero de 2025 por el presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar, Miguel Polo, que prevé sustituir un mínimo de 34 hm³/año subterráneos por superficiales, el PERTE en el Vinalopó —apenas un 0,55 % de la inversión total acumulada— aporta los datos y el contexto sin los cuales, advirtió Richart, la inteligencia artificial es como la potencia sin control: más de 32.000 hectáreas digitalizadas y, sobre todo, un PERTE concebido como de retorno a la administración, con piezometría de pozos privados volcada de forma automática, máquina a máquina, en la red del organismo de cuenca.
La aprobación del catálogo de acuíferos compartidos por el Consejo de Ministros del 3 de marzo, publicada en el BOE del 15 de abril, abre además un nuevo frente: integrar también las masas compartidas con otras demarcaciones en este esquema de gestión.
El tercer proyecto, presentado por Elena Zuriaga, responsable técnica de I+D+i del Grupo Facsa, y por José Vicente Clausell, llevó el debate al ciclo urbano. El proyecto consorciado entre el Ayuntamiento de Castellón y la propia Facsa, de 7,5 millones de euros y subvención superior al 80 %, integra diecinueve actuaciones en torno a una ciudad que se abastece al cien por cien de aguas subterráneas en una masa declarada en mal estado cuantitativo y químico. Tras un notable trabajo de digitalización de información histórica —algunos sondeos con datos en formatos casi de pergamino—, el equipo ha construido el modelo conceptual piezométrico (con 127 puntos entre 1981 y 2025) y de cloruros (149 puntos desde 1977), un modelo geológico tridimensional con Leapfrog y un modelo numérico que ha permitido calibrar y delimitar los perímetros de protección de los diecisiete pozos de abastecimiento de la ciudad, con isócronas a cincuenta días, cinco y diez años.
La jornada se cerró con un debate abierto y una demanda transversal: la necesidad de avanzar hacia una norma de sensórica de aguas subterráneas que garantice la interoperabilidad y la estandarización del dato, algo que en el ámbito agronómico ya existe. La clausura corrió a cargo de Patxi Elorza, director de la Escuela de Ingenieros de Minas y Energía, que reivindicó la vocación geológica e hidrogeológica de la escuela y celebró acoger una jornada en la que se ha visto el peso creciente del agua subterránea en las carreras de ingeniería de minas y geológica.
Con la mirada puesta en el 30 de junio y en la segunda fase del plan que arrancará tras el verano, el balance es el de un PAAS con hoja de ruta clara —redes más densas, marco normativo más sólido y primeros casos de éxito con los usuarios— y con la inteligencia artificial incorporándose como una herramienta más. Por debajo de todos esos hitos, el hilo común de las intervenciones fue la calidad del dato, sobre la que descansa el conjunto. La grabación íntegra puede consultarse en el canal de YouTube del MITECO, y la cita queda emplazada para dentro de doce meses.
Durante años, al hablar del empleo del futuro, el debate se ha centrado casi siempre en la digitalización, la automatización o la inteligencia artificial. Sin embargo, hay otra transformación, quizá menos visible pero igual de profunda, que ya está cambiando el mercado laboral global: el auge del llamado talento verde.
Este concepto hace referencia a profesionales con habilidades, conocimientos o experiencia vinculados a la sostenibilidad, el cuidado del medioambiente y la transición hacia una economía más limpia. Aunque a menudo se asocia con expertos en energías renovables, biólogos o ingenieros ambientales, la realidad es mucho más amplia.
Hoy, un ingeniero, un financiero, un abogado, un arquitecto o un especialista en marketing pueden formar parte de este nuevo ecosistema profesional si incorporan criterios sostenibles en su trabajo. Esto refleja un cambio importante: la sostenibilidad ya no es un sector aislado, sino una dimensión transversal que empieza a estar presente en toda la economía.
El auge del talento verde responde a varios factores que se han intensificado en los últimos años. Los efectos del cambio climático son cada vez más visibles y han aumentado la presión sobre gobiernos, empresas y ciudadanos. Al mismo tiempo, la regulación ambiental se ha vuelto más exigente, especialmente en Europa, obligando a muchas compañías a revisar sus procesos, cadenas de suministro y formas de reportar información. A ello se suma el crecimiento de la inversión sostenible y una mayor sensibilidad social hacia productos, servicios y modelos de negocio más responsables. Todo esto está generando una demanda creciente de profesionales capaces de entender esta transición y llevarla a la práctica dentro de las organizaciones.
Hace apenas una década, los empleos verdes se asocian sobre todo a sectores como la energía solar, la energía eólica o la gestión de residuos. Hoy esa visión se ha quedado corta. El componente verde se está extendiendo a muchas áreas de actividad. En finanzas, cada vez son más necesarios perfiles capaces de evaluar riesgos climáticos o el impacto ambiental de una inversión. En construcción, crece la demanda de arquitectos e ingenieros especializados en eficiencia energética. En la industria, se buscan profesionales que puedan rediseñar procesos para hacerlos menos contaminantes. En tecnología, gana relevancia la optimización del consumo energético de los sistemas. Y en el ámbito legal, la normativa ambiental y el cumplimiento regulatorio se han convertido en áreas cada vez más estratégicas.
La sostenibilidad ya no funciona solo como un complemento atractivo en un currículum, sino como un elemento diferencial que puede marcar la empleabilidad de una persona. Uno de los aspectos más relevantes de esta tendencia es su capacidad para generar empleo a gran escala. Diversos informes internacionales apuntan a que la transición hacia una economía más sostenible podría crear millones de nuevos puestos de trabajo en los próximos años. Además, no se tratará únicamente de perfiles altamente cualificados. También habrá una demanda creciente de profesionales técnicos y operativos, como instaladores de paneles solares, técnicos de mantenimiento en parques eólicos, especialistas en reciclaje, expertos en economía circular, consultores en sostenibilidad o gestores de proyectos de transición energética. Muchos de estos trabajos tienen, además, un fuerte componente local, lo que puede contribuir a dinamizar economías regionales y generar oportunidades fuera de los grandes centros urbanos.
Ahora bien, este crecimiento también plantea un reto evidente: la falta de talento preparado. Muchas empresas ya tienen dificultades para encontrar profesionales con conocimientos suficientes en sostenibilidad. En parte, esto se debe a que el sistema educativo, la formación profesional y los programas de especialización todavía están adaptándose a esta nueva realidad. Aquí aparece una oportunidad clara tanto para trabajadores como para empresas. Para los profesionales, adquirir habilidades verdes puede mejorar su empleabilidad y abrir nuevas trayectorias laborales. Para las compañías, invertir en formación interna será clave para cubrir sus necesidades futuras y no quedarse atrás en un mercado que cambia con rapidez.
Pero formar parte del talento verde no implica únicamente tener conocimientos técnicos. También exige una determinada forma de mirar los problemas y tomar decisiones. Las empresas valoran cada vez más a profesionales capaces de pensar a largo plazo, comprender los riesgos y oportunidades asociados al cambio climático, innovar con criterios sostenibles y tener sensibilidad hacia el impacto social y ambiental de su actividad. No se trata solo de saber más, sino de pensar de otra manera.
Desde el punto de vista empresarial, apostar por el talento verde ya no es únicamente una cuestión de reputación. Es también una cuestión de competitividad. Las compañías que integren la sostenibilidad en su estrategia estarán mejor posicionadas para cumplir con la regulación, atraer inversión, conectar con consumidores más exigentes y reducir riesgos a largo plazo.
En este punto, los inversores también desempeñan un papel relevante. Cada vez más, los mercados prestan atención a la capacidad de las empresas para adaptarse a la transición sostenible. Cuanto más capital se orienta hacia modelos de negocio sostenibles, mayor es la presión para transformar las compañías y mayor es, a su vez, la demanda de profesionales capaces de liderar ese cambio. Para quienes invierten, entender esta tendencia puede ser especialmente relevante. El crecimiento del talento verde no es solo una cuestión social o ambiental, sino también económica. Está vinculado a sectores con alto potencial de desarrollo, como las energías renovables, la movilidad sostenible, la eficiencia energética, la economía circular o la tecnología climática.
Todo apunta a que el talento verde seguirá ganando peso. No parece una moda pasajera, sino una transformación estructural del mercado laboral y de la economía. La cuestión ya no es tanto si esta tendencia continuará, sino a qué velocidad lo hará y qué países, empresas y profesionales estarán mejor preparados para aprovecharla.
Para los trabajadores, incorporar la sostenibilidad a su perfil puede abrir nuevas oportunidades. Para las empresas, el reto será atraer, formar y retener este talento. Y para los inversores, comprender esta dinámica puede ayudar a identificar mejor dónde se están generando cambios reales y oportunidades de largo plazo.
El ascenso del talento verde refleja hacia dónde se está desplazando la economía global. En un mundo que busca avanzar hacia modelos más sostenibles, las habilidades relacionadas con el medioambiente y la transición ecológica dejan de ser accesorias y pasan a ser estratégicas. Quienes sepan adaptarse antes tendrán una ventaja clara.
Más de 2.000 estudiantes andaluces se forman con Moeve en transición energética y sostenibilidad (A manera de ejemplo)
Un total de 53 centros educativos de Cádiz y Málaga han participado en una nueva edición del Campus de la Energía de Moeve, un programa educativo centrado en sostenibilidad, seguridad y transición ecológica. Según informa la compañía, más de 2.000 alumnos y 140 docentes han pasado este año por las instalaciones del Parque Energético San Roque.
La formación en sostenibilidad y transición energética gana peso en las aulas andaluzas. Moeve ha cerrado una nueva edición de su programa educativo Campus de la Energía, una iniciativa dirigida a estudiantes de 2º ciclo de ESO, Bachillerato y Formación Profesional que combina contenidos digitales con experiencias presenciales para acercar el sector energético a los jóvenes.
Esta semana comenzamos con una cifra impactante: la fijación de precios del carbono generó más de 107 mil millones de dólares en 2025 , según nuestro nuevo informe «Estado y tendencias de la fijación de precios del carbono 2026» . A medida que los sistemas de fijación de precios del carbono se expanden a nivel mundial, nuestros expertos analizan qué significan estas tendencias para la financiación, la inversión y el crecimiento del desarrollo sostenible.
El crecimiento también es nuestra prioridad en Oriente Medio, el Norte de África, Afganistán y Pakistán, donde una fuerza laboral en rápida expansión intensifica la urgencia de crear empleo en el sector privado. Al mismo tiempo, la volatilidad de los precios del petróleo y la disminución de la ayuda ponen a prueba la capacidad de todos los gobiernos para proteger las inversiones que sustentan el empleo, la resiliencia y las oportunidades económicas.
Para conmemorar el Día Internacional de la Diversidad Biológica , defendemos la idea de considerar la naturaleza no como algo separado de la tecnología, sino como su fundamento, ya que impulsa sectores que van desde la agricultura y la energía hasta el turismo y la industria manufacturera. También les invitamos a escuchar el último episodio de Talking Development , en el que Christine Lagarde nos recuerda que promover la participación económica de las mujeres no solo se trata de equidad, sino que también impulsa la productividad y el crecimiento a largo plazo.
La naturaleza impulsa las economías más de lo que pensamos. A menudo se considera que la naturaleza está separada de la tecnología, pero los bosques, los sistemas hídricos, los suelos y los océanos saludables constituyen la infraestructura fundamental para el crecimiento económico. En los países en desarrollo, invertir en capital natural puede fortalecer la agricultura, la energía, la salud, el turismo y la industria manufacturera, generando empleo, resiliencia y crecimiento a largo plazo. Tres vías para la creación de empleo en las regiones que más lo necesitan. La población en edad laboral de Oriente Medio, el Norte de África, Afganistán y Pakistán podría aumentar en 220 millones de personas en las próximas décadas, lo que convierte la creación de empleo en el sector privado en una prioridad urgente. Exploremos tres vías para acelerar la creación de empleo: una infraestructura más sólida, políticas más favorables a las empresas y apoyo a la inversión para atraer capital privado.
Cómo proteger las inversiones durante la crisis del precio del petróleo. Ante el resurgimiento de la volatilidad en los precios del petróleo, los gobiernos se enfrentan a una creciente presión para salvaguardar las inversiones que impulsan el crecimiento, el empleo y la resiliencia a largo plazo. Nuestros expertos explican cómo los países pueden fortalecer la seguridad energética y climática mientras afrontan las crisis globales. La reducción de la ayuda implica una mayor autosuficiencia para los más vulnerables de Kenia. Ante la disminución de la ayuda humanitaria, los refugiados y las comunidades de acogida en Kenia se enfrentan a una creciente presión económica, lo que hace que el empleo y la movilidad sean cada vez más importantes. Un nuevo enfoque centrado en la integración, los permisos de trabajo y las oportunidades económicas busca ayudar a las comunidades a desarrollar una mayor autosuficiencia a largo plazo.
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El WASDE de mayo anticipa déficit de cereales en 2026/27 y costes de insumos siguen en máximos por la crisis energética. Análisis mundial, europeo y de España.
Precios mundiales de cereales, energía y fertilizantes
Los precios de los cereales responden a un conjunto de variables que se retroalimentan. Las expectativas de producción y demanda son el motor fundamental a medio plazo. El clima actúa como amplificador a corto plazo. Y el equilibrio entre el precio del grano y el coste de los insumos —fertilizantes, energía— determina la superficie sembrada de la siguiente campaña. En 2026 este equilibrio está deteriorado, con los costes de producción en niveles históricos mientras los precios del grano, aunque en recuperación, siguen muy por debajo de los máximos de 2022. Los índices del Banco Mundial, publicados en el Pink Sheet con datos mensuales hasta abril de 2026, ofrecen la referencia histórica para medir esa tensión. A ellos se suman los precios FOB semanales de FranceAgriMer y el Consejo Internacional de Cereales.
El índice de cereales del Banco Mundial se sitúa en torno a 107-108 puntos en abril de 2026, por encima de los niveles anteriores a la pandemia pero muy alejado del pico de 150 puntos de 2022. El índice de fertilizantes ha vuelto a 208,7 puntos en abril de 2026, cerca de los niveles de 2022 aunque por debajo de la media anual de ese año (214,9) y del pico trimestral (232,8). El repunte coincidió con el conflicto en Irán y las restricciones al tránsito en Ormuz, que comprimieron el suministro de gas natural del Golfo Pérsico, principal materia prima de la urea. La urea escaló de 393 €/t en diciembre de 2025 a 726 €/t en abril de 2026.
Índices históricos del Banco Mundial (2010=100) desde 2013
El índice de cereales alcanzó su máximo en 2022 con 150,4 puntos, impulsado por la guerra de Ucrania, para caer hasta los 94-100 puntos en el verano de 2025 con la cosecha récord de maíz. La recuperación hasta los 107,6 puntos de abril de 2026 refleja el deterioro de las expectativas para 2026/27. El índice de fertilizantes, tras el pico de 235,7 puntos de 2022 y la corrección de 2023-2024 hasta 117,6, se dispara en el primer trimestre de 2026 hasta 208,7 puntos, como consecuencia del conflicto en Irán y la interrupción del suministro de gas desde el Golfo Pérsico. La segunda pestaña muestra que el índice energético sigue la misma dinámica de rebote en 2026.
Precios FOB en €/t — evolución semanal jun 2024 – may 2026
Los precios FOB de exportación de FranceAgriMer y el Consejo Internacional de Cereales (CIC), convertidos a €/t, reflejan transacciones físicas reales. El trigo ucraniano de molturación es la referencia más barata (25-40 €/t por debajo del EU Rouen), mientras el HRW estadounidense amplía su diferencial hasta 50-60 €/t en mayo por la demanda de trigos proteicos. El salto de la semana del 12 de mayo refleja la incorporación de las perspectivas 2026/27 tras el WASDE de mayo.
Nota. El WASDE de mayo fue aprobado el 12 de mayo de 2026. El PDF oficial fue revisado el 13 de mayo por una errata en la tabla de trigo por clases. Este informe usa la versión corregida.
Revisión del balance mundial de cereales en la campaña 2025/26
El WASDE de mayo presenta las primeras estimaciones del USDA para 2026/27, al tiempo que actualiza los balances de la campaña en curso, 2025/26. En el conjunto de cereales mundiales sin arroz, la producción estimada para 2025/26 se eleva a 2.450,7 Mt, frente a 2.442,4 Mt de abril. La revisión al alza de 8,25 Mt responde casi en exclusiva al maíz, cuya producción global crece 11,6 Mt hasta el récord de 1.312,7 Mt, con Argentina revisando al alza en 7,0 Mt (de 52,0 a 59,0 Mt) y Brasil sumando 3,0 Mt adicionales (de 132,0 a 135,0 Mt), con una segunda cosecha (safrinha) que cerró mejor de lo previsto.
Los stocks finales del conjunto de cereales sin arroz quedan en 608,1 Mt, apenas 1,25 Mt menos que en abril (609,3 Mt). La reducción de los stocks de trigo —que caen 3,9 Mt hasta 279,2 Mt— es la señal más relevante. El análisis por países revela que la corrección se concentra en tres grandes tenedores. China reduce 2,0 Mt, Kazajistán 1,6 Mt y Rusia 1,5 Mt, reflejo de una demanda más elevada de lo previsto. Los stocks de cereales secundarios mejoran ligeramente hasta 328,8 Mt (+2,7 Mt), apoyados por el excedente de maíz sudamericano.
Los ajustes de mayo son la consecuencia natural de disponer de datos reales de cosecha en lugar de estimaciones provisionales. El proceso de revisión mensual del USDA integra información de campo de los grandes exportadores del hemisferio sur en los meses de abril y mayo, cuando sus cosechas estivales están prácticamente concluidas.
Análisis por cultivo: trigo, maíz, arroz y soja
El trigo registra la revisión más significativa en términos de stocks al cierre de campaña 2025/26. Los inventarios finales caen 3,91 Mt hasta 279,2 Mt (−1,38 %). La producción mundial apenas varía (−0,31 Mt hasta 843,8 Mt), pero las exportaciones mundiales suben 1,8 Mt hasta 223,7 Mt, drenando reservas. Este ajuste se explica principalmente por la revisión al alza del consumo y las exportaciones de Rusia —cuyas exportaciones 2025/26 se estiman en 46,0 Mt, récord histórico— y por una mayor demanda desde el Sudeste Asiático y Oriente Próximo. China reduce sus reservas en 2,0 Mt, Kazajistán en 1,6 Mt y Rusia en 1,5 Mt. La UE y Australia compensan parcialmente con revisiones al alza (+0,7 Mt cada una).
El maíz protagoniza la revisión al alza más llamativa. La producción mundial 2025/26 sube 11,6 Mt hasta el récord de 1.312,7 Mt. El origen del ajuste es inequívocamente sudamericano. Argentina eleva su estimación en 7,0 Mt (de 52,0 a 59,0 Mt); Brasil suma 3,0 Mt adicionales (de 132,0 a 135,0 Mt), con una segunda cosecha (safrinha) que cerró mejor de lo previsto. El comercio mundial sube 6,3 Mt hasta 213,6 Mt, y los stocks finales mejoran 2,1 Mt hasta 297,0 Mt. El arroz cáscara sorprende con un aumento de 4,0 Mt en sus reservas finales (hasta 196,3 Mt, +2,08 %), la mayor revisión porcentual positiva del informe.
La soja cierra el análisis con un balance prácticamente sin cambios. La producción 2025/26 sube 0,19 Mt hasta 427,6 Mt y los stocks finales se revisan al alza en 0,34 Mt hasta 125,1 Mt. La estabilidad refleja que las cosechas sudamericanas ya estaban bien recogidas en el WASDE de abril. Las exportaciones mundiales retroceden levemente −0,6 Mt hasta 186,6 Mt, con una modesta reasignación de flujos desde EE. UU. —donde las tensiones arancelarias con China comprimieron los embarques en 2025/26— hacia Sudamérica.
Nuevas perspectivas para la campaña 2026/27: producción a la baja y consumo creciente
El WASDE de mayo incorpora por primera vez las estimaciones para la campaña 2026/27, que el propio USDA califica de «muy provisionales», dado que la siembra de primavera en el hemisferio norte todavía está en curso. En el conjunto de cereales sin arroz, la producción mundial se proyecta en 2.407,7 Mt, frente al récord de 2.450,7 Mt de 2025/26, lo que supone un retroceso de 43,0 Mt (−1,8 %). Al mismo tiempo, el consumo mundial continúa su tendencia alcista y se estima en 2.431,5 Mt (+7,1 Mt respecto a 2025/26), situando el saldo de producción menos consumo en −23,8 Mt, el primer déficit desde 2022/23. Este escenario, de confirmarse, implicaría una reducción de los stocks globales de cereales.
El trigo concentra la mayor contracción productiva. La cosecha mundial 2026/27 se proyecta en 819,1 Mt, 24,8 Mt menos que el récord de 843,8 Mt de 2025/26 (−2,9 %). Los descensos más llamativos corresponden a los grandes exportadores — EE. UU. pierde 11,5 Mt (de 54,0 a 42,5 Mt), por una superficie sembrada notablemente menor y un rendimiento proyectado 5,8 bu/acre inferior al récord del año anterior. La UE reduce 9,1 Mt, Argentina 6,9 Mt, Australia 6,0 Mt, Canadá 5,0 Mt y Rusia 4,3 Mt. Como contrapeso, India suma 3,1 Mt hasta un récord proyectado de 121,0 Mt, y el Norte de África gana 5,7 Mt.
El maíz también retrocede. La producción 2026/27 se proyecta en 1.295,4 Mt, frente a 1.312,7 Mt en 2025/26 (−17,3 Mt, −1,3 %). EE. UU. lidera los descensos con −26,1 Mt (de 432,3 a 406,3 Mt). Argentina pierde 4,0 Mt adicionales. Compensan parcialmente China (+5,8 Mt, hasta 307 Mt) y Brasil (+4,0 Mt, hasta 139 Mt). El consumo mundial supera en 19,4 Mt a la producción proyectada, lo que llevaría los stocks finales al nivel más bajo desde 2013/14.
El saldo producción-consumo: del superávit estructural al equilibrio inestable
La serie histórica 2013/14–2026/27 revela una transformación profunda en el balance mundial de cereales sin arroz. En la primera mitad de la década, el mundo producía sistemáticamente más de lo que consumía — los superávits de 2013/14 (+64,2 Mt), 2014/15 (+58,5 Mt) y 2016/17 (+52,8 Mt) reflejaban una oferta holgada. A partir de 2017/18 ese colchón comenzó a erosionarse, con años de déficit moderado (2020/21 — −27,7 Mt; 2024/25 — −33,5 Mt) alternados con años de recuperación, lo que evidencia que el consumo mundial crece a un ritmo estructuralmente superior al de la producción. La campaña 2025/26 fue una excepción de gran magnitud con +26,3 Mt, pero el WASDE de mayo proyecta para 2026/27 un retorno al déficit de −23,8 Mt, lo que apunta a un endurecimiento estructural del balance a largo plazo.
Arroz y soja en 2026/27: primer descenso del arroz desde 2015/16 y expansión sojera
El arroz protagoniza uno de los cambios cualitativos más relevantes del WASDE de mayo. La producción mundial 2026/27 se proyecta en 537,8 Mt (base elaborada), el primer descenso desde 2015/16. Según el USDA, las mayores contracciones corresponden a India, Birmania y EE. UU. India pierde 2,0 Mt hasta 150,0 Mt como corrección parcial tras el récord de 2025/26; Birmania pierde 1,0 Mt por condiciones agronómicas desfavorables; EE. UU. cae 1,0 Mt sobre una superficie cosechada un 17 % inferior. El balance del arroz en 2026/27 no responde únicamente a un problema de oferta, sino también de demanda — el consumo mundial alcanza un récord de 541,4 Mt (+3,8 Mt), impulsado principalmente por India (+4,0 Mt hasta 128,0 Mt). El resultado es un déficit de 3,6 Mt, reduciendo los stocks mundiales hasta 192,7 Mt, el primer retroceso interanual en tres campañas.
La soja ofrece el contraste más marcado con los cereales. La producción mundial 2026/27 se proyecta en 441,5 Mt, un incremento de 13,9 Mt (+3,3 %). El alza se sustenta en Brasil (+6,0 Mt hasta 186,0 Mt) y en EE. UU. (+4,7 Mt hasta 120,7 Mt equivalente), donde el récord proyectado de 4.435 millones de bushels refleja mayor superficie sembrada y rendimiento tendencial. En 2026/27 el WASDE proyecta una recuperación de los envíos estadounidenses, con exportaciones que ascienden a 1.630 millones de bushels tras la compresión arancelaria de 2025/26. Argentina suma 2,0 Mt adicionales (hasta 50,0 Mt). Pese al fuerte crecimiento de la oferta, el consumo avanza al mismo ritmo (+14,1 Mt hasta 440,7 Mt), por lo que los stocks finales quedan planos en 124,8 Mt (−0,35 Mt).
Reservas mundiales fuera de China según el USDA y el IGC
Los inventarios mundiales fuera de China son la referencia más útil para los mercados internacionales. Las reservas chinas son inaccesibles para el comercio exterior y, en la práctica, no están disponibles para cubrir déficits en otros países. Según el USDA, las reservas de trigo fuera de China alcanzan 156,4 Mt en 2025/26, el nivel más alto desde 2017/18. Para 2026/27 el WASDE prevé una ligera caída hasta 154,2 Mt, en línea con la menor producción esperada. El IGC trabaja con una muestra de 19 grandes economías sin China y apunta a 91,1 Mt para 2026/27 frente a 90,1 Mt en 2025/26. Ambas fuentes coinciden en que 2025/26 marcó un techo y que 2026/27 traerá una leve reducción.
Para el maíz, el WASDE sitúa las reservas fuera de China en 111,4 Mt en 2026/27, 7,4 Mt menos que el año anterior (118,8 Mt). El IGC apunta en la misma dirección con 37,6 Mt, es decir, 5,8 Mt menos que en 2025/26. Que las dos fuentes coincidan en el sentido del movimiento refuerza la señal de que las reservas de maíz disponibles para el comercio mundial se están reduciendo. De confirmarse la proyección del WASDE, las reservas de maíz fuera de China quedarían por debajo de 112 Mt, mínimo desde 2020/21, lo que presionaría los precios al alza.
En arroz aparece la única divergencia clara entre fuentes. El WASDE prevé una reducción de las reservas fuera de China de 6,6 Mt hasta 84,7 Mt en 2026/27, mientras que el IGC apunta a un ligero aumento hasta 75,7 Mt desde 73,2 Mt. En soja, las dos fuentes dan prácticamente lo mismo — el WASDE estima 80,5 Mt fuera de China en 2026/27 frente a 80,8 Mt en 2025/26, y el IGC 15,7 Mt frente a 15,4 Mt. La diferencia entre ambas fuentes —unos 65 Mt— se debe a que el WASDE suma todos los países del mundo menos China, mientras el IGC solo trabaja con 19 economías.
Previsiones para Europa de la campaña 2026/27
Las estimaciones de la Comisión Europea (CE, Short-Term Agricultural Outlook, mayo 2026) y del USDA (WASDE de mayo) coinciden en proyectar una caída de la producción total de cereales sin arroz en la UE para 2026/27. La CE estima una reducción del 3,2 % respecto a 2025/26 (de 289,8 a 280,5 Mt), mientras que el USDA proyecta un descenso algo mayor del 4,5 % (de 282,3 a 269,6 Mt). Las diferencias en las cifras de partida responden en parte a distintos criterios metodológicos. Para el trigo, CE y USDA convergen en proyectar una caída de producción de aproximadamente el 6,1 % en la UE. Para el maíz, la CE proyecta +5,3 % y el USDA solo +1,2 %. La cebada presenta el mayor desacuerdo. La CE estima +11 % de área UE y el USDA +1,2 %.
La cebada presenta el mayor desacuerdo en superficie. La CE estima un aumento espectacular del +11 % en el área UE (de 9,98 a 11,08 millones de ha), impulsado fundamentalmente por España (+30,9 %, de 2,29 a 3,00 Mha según CE) y apoyado en amplios aumentos en Polonia (+16,3 %) y Hungría (+17,4 %). El USDA proyecta un incremento mucho más modesto del +1,2 % en la superficie de cebada UE. Esta divergencia es probablemente la mayor discrepancia cuantificable entre ambas fuentes para 2026/27 en Europa.
Comparativa CE vs. USDA para la UE — variación 2026/27 respecto a 2025/26
Los gráficos de variación porcentual muestran dónde coinciden y dónde divergen las dos fuentes. En producción, ambas apuntan a caídas en trigo y en el total de cereales, con el maíz como única categoría con variación positiva. En superficie, la divergencia más llamativa es la de la cebada. La CE estima un fuerte aumento apoyado en señales tempranas de siembra en España y Polonia, mientras el USDA mantiene una visión más conservadora.
España — comparativa USDA, Comisión Europea y Ministerio de Agricultura (campaña 2026/27)
El caso de España presenta mayor dispersión entre fuentes. Para el trigo, las tres fuentes apuntan a una reducción de superficie. La CE proyecta 1.808 mil ha de trigo blando (+0,9 % sobre 2025), el USDA estima 1.950 mil ha de trigo total (−2,7 %), y el Ministerio, con datos de siembra ya realizados a enero de 2026, reporta un avance de 1.935 mil ha para trigo total (−3,4 %). La producción de trigo cae de forma consistente en todas las fuentes — CE estima 6.407 mil toneladas (−17,6 %) y USDA 6.900 mil toneladas (−17,9 %).
La mayor discrepancia se produce en cebada. La CE proyecta un incremento extraordinario hasta 2.996 mil ha (+30,9 %). El USDA proyecta una reducción hasta 2.151 mil ha (−6,2 %). La fuente más cercana a la realidad es el Ministerio, cuyo avance de enero 2026 indica 2.294 mil ha prácticamente sin cambio (−0,1 %). En producción, la divergencia es aún mayor — CE estima 8.864 mil toneladas (−2,6 %) mientras el USDA proyecta solo 7.522 mil toneladas (−18,2 %).
Para el maíz, las estimaciones convergen mejor. La CE proyecta 308 mil ha (−3,9 %) y 3.786 mil toneladas (−8,7 %); el USDA estima 325 mil ha (+0,9 %) y 3.950 mil toneladas (−2,6 %). En conjunto, el total de cereales sin arroz en España se proyecta entre 20.537 mil toneladas (USDA, −14,9 %) y 21.765 mil toneladas (CE, −10,6 %), en ambos casos una caída significativa tras la excepcional cosecha de 2025/26.
España — comparativa tres fuentes en superficie y dos fuentes en producción (2026/27)
Fuentes de la tabla. Superficie y producción 2025/26 según USDA (campaña 2025); superficie 2026/27 según CE Short-Term Agricultural Outlook (mayo 2026) y USDA WASDE de mayo; avance de superficie 2026 según Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación — Avances mensuales de superficies y producciones agrícolas, enero 2026, basado en declaraciones de las comunidades autónomas. Las cifras de producción 2026/27 corresponden a las primeras proyecciones de CE y USDA y están sujetas a revisión.
Aprovisionamiento exterior de cereales, soja y arroz en España durante la campaña 2025/26
El comercio exterior de materias primas agrícolas en España refleja con precisión los cambios geopolíticos y de mercado de los últimos años. Los datos de importación de la Agencia Tributaria, analizados para los meses homólogos de las campañas 2024/25 y 2025/26, revelan transformaciones profundas tanto en volumen como en el mapa de proveedores. La comparación se establece sobre los meses comunes disponibles, a saber, julio, septiembre, octubre, noviembre, enero y febrero para trigo, maíz y soja; y octubre, noviembre, enero y febrero para el arroz.
El cambio más llamativo es la desaparición casi total de Ucrania como proveedor de trigo y su sustitución por fuentes del norte y oeste de Europa, en paralelo a un aumento extraordinario del volumen total importado. En maíz, Brasil irrumpe con fuerza como nuevo suministrador. En soja, la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China ha reorientado flujos hacia España. En arroz, el volumen total se mantiene estable pero la composición por tipos varía de forma sustancial.
Trigo — duplicación de las importaciones y reorientación total del suministro
Durante los seis meses comparables de la campaña 2025/26, España importó en torno a 3,24 millones de toneladas de trigo, frente a 1,46 millones en el mismo período de 2024/25, un incremento del 122 %. Este salto combina mayor demanda y precios más bajos en puerto con con la reconfiguración relevante del mapa de aprovisionamiento por el conflicto ucraniano. En la campaña anterior, Ucrania aportaba el 57,8 %. En 2025/26 esa cuota ha caído hasta el 3,3 %. Las nuevas referencias dominantes son Francia (28,1 %), Canadá (15,7 %), Lituania (13,6 %) y Letonia (13,1 %). El conjunto de estados bálticos y nórdicos representa en la campaña actual alrededor del 28 % de las importaciones totales.
Maíz — fuerte crecimiento del volumen con la irrupción de Brasil como segundo proveedor
Las importaciones de maíz en los seis meses comparables crecieron un 75 %, pasando de 2,84 millones de toneladas en 2024/25 a 4,96 millones en 2025/26. El cambio más significativo en el mapa de proveedores es la emergencia de Brasil como segunda fuente de suministro, con un salto desde el 2,1 % hasta el 21,6 % de la cuota total, directamente relacionado con la expansión récord de la cosecha brasileña de maíz safrinha en 2025. Estados Unidos mantiene el primer puesto con el 42,2 %. Ucrania pierde peso relativo del 42,0 % al 15,7 %. Francia se consolida como cuarta fuente (14,2 %).
Habas de soja — descenso leve en volumen y giro pronunciado hacia Estados Unidos
Las importaciones de habas de soja totalizaron 1,47 millones de toneladas en los seis meses comparables de 2025/26, frente a 1,60 millones en 2024/25, una reducción del 8 %. En la campaña 2024/25, Brasil y Estados Unidos estaban prácticamente empatados, aportando cada uno en torno al 49-50 % del total. En 2025/26, la balanza se inclina de forma decidida hacia Estados Unidos (61,3 %), mientras Brasil retrocede al 37,3 %. Esta reconfiguración tiene como causa la guerra arancelaria entre EE. UU. y China, que se intensificó en 2025 y redujo drásticamente las compras chinas de soja estadounidense. Con China restringiendo importaciones, el origen americano llega a Europa en condiciones de precio más competitivas.
Arroz — estabilidad en toneladas totales y transformación profunda por tipo de elaboración
Las importaciones de arroz durante los cuatro meses comparables sumaron 81,9 mil toneladas en 2025/26, frente a 86,7 mil toneladas en 2024/25, una reducción del 5,6 %. El análisis desagregado por tipo revela una recomposición interna de gran alcance. El arroz en cáscara —el de menor grado de transformación— prácticamente se duplica (+117 %), señal de que la industria española está aumentando su capacidad de procesado local. El arroz descascarillado cae a la mitad (−47 %). El arroz blanqueado crece un 28 %. Myanmar refuerza su posición de primer proveedor (30,3 %). Pakistán cae del 11,0 % al 5,7 %, relacionado con las exportaciones reducidas del país tras las inundaciones de 2024.
Arnoldo Bautista Corral. 16 may 2026. Solo para Ingenieros
Un estimado colega nos comparte un artículo escrito por Shiv Yucel, publicado originalmente el 14 de mayo de 2026 en The Conversation, posteriormente editado por Lisa Lock, revisado por Andrew Zinin y republicado por Phys.org. A partir de ese material realizamos una traducción, adaptación y edición para este espacio con apoyo de herramientas de inteligencia artificial. Muchas gracias a todos los colegas que enviaron sus felicitaciones a Sólo para Ingenier@s por estos 15 años ininterrumpidos de compartir conocimiento. Veamos de qué se trata el presente artículo…
Durante décadas, las olas de calor fueron consideradas eventos excepcionales asociados principalmente a regiones desérticas o temporadas particularmente severas. Hoy la realidad es otra: el calor extremo se está convirtiendo en una característica permanente de la vida moderna.
En 12 de las principales ciudades europeas, durante el verano de 2025, un periodo de apenas diez días de calor extremo provocó alrededor de 2,300 muertes. Diversos análisis estiman que aproximadamente 1,500 de esas muertes estuvieron relacionadas con el cambio climático, el cual elevó las temperaturas entre 1 °C y 4 °C. A escala global, las olas de calor causaron cerca de medio millón de muertes anuales entre los años 2000 y 2019.
El fenómeno no se limita a Europa. El año 2025 se ubicó entre los tres años más calurosos registrados en la historia moderna. Además de afectar directamente la salud humana, las temperaturas extremas aceleraron el deshielo de glaciares, intensificaron incendios forestales y sometieron a enormes presiones a los sistemas eléctricos y de abastecimiento de agua en numerosas regiones del planeta.
Y lo más preocupante es que el problema no desaparecerá pronto. Incluso si el mundo lograra cumplir las metas actuales de reducción de emisiones, las temperaturas globales no regresarían a niveles preindustriales durante siglos.
Ante esta situación, al menos 47 países han implementado planes de acción frente al calor extremo. Estas estrategias incluyen sistemas de alerta temprana, coordinación entre instituciones de salud, campañas de información pública y recomendaciones básicas para reducir riesgos: mantenerse hidratado, evitar actividades físicas intensas y buscar espacios frescos.
Sin embargo, en la práctica, mantenerse fresco no es igual de sencillo para todos.
Desigualdad bajo el calor
Las olas de calor están revelando profundas desigualdades sociales y urbanas. Para algunos sectores, el calor representa una incomodidad temporal; para otros, puede convertirse en una amenaza mortal.
A ello se suma la situación de millones de trabajadores agrícolas, obreros de la construcción, repartidores y empleados de servicios que deben continuar laborando al aire libre aun durante temperaturas extremas.
A diferencia de huracanes, inundaciones o terremotos, las olas de calor no detienen la vida cotidiana. La gente sigue trabajando, trasladándose y cumpliendo horarios normales, incluso cuando las condiciones ambientales se vuelven peligrosas.
En algunos países europeos se han comenzado a discutir límites máximos de temperatura para ciertas actividades laborales. Sin embargo, en muchas regiones del mundo —incluyendo América Latina— esas regulaciones aún son inexistentes o insuficientes.
Un estudio reciente basado en datos de geolocalización de teléfonos móviles en países como Brasil, India, Nigeria, Turquía, China, Francia y Estados Unidos mostró que las personas modifican sus rutinas durante las olas de calor: reducen salidas, permanecen más tiempo en interiores y disminuyen ciertas actividades comerciales y recreativas. No obstante, estas posibilidades dependen fuertemente del nivel socioeconómico y del acceso a espacios climatizados.
Paradójicamente, permanecer en casa tampoco garantiza seguridad. Durante la devastadora ola de calor que afectó al noroeste del Pacífico en 2021, muchas de las víctimas fallecieron dentro de viviendas sobrecalentadas donde ventiladores o sistemas de climatización resultaron insuficientes.
Todo esto plantea desafíos enormes para gobiernos, urbanistas, ingenieros y especialistas en salud pública.
La adaptación no es igual para todos
La adaptación al calor extremo no puede depender exclusivamente de decisiones individuales. Requiere infraestructura urbana adecuada, sistemas eléctricos resilientes, viviendas mejor diseñadas, acceso público a espacios climatizados y nuevas políticas laborales capaces de responder a condiciones climáticas cada vez más severas.
Bibliotecas, centros comunitarios y edificios públicos podrían funcionar como refugios climáticos accesibles para la población, especialmente en barrios urbanos densamente poblados y de bajos ingresos. Del mismo modo, las ciudades necesitarán ampliar áreas verdes, incrementar superficies sombreadas y rediseñar materiales urbanos capaces de reducir las llamadas “islas de calor”.
El desafío urbano del siglo XXI
Estos desafíos son particularmente relevantes para regiones como el norte de México y el suroeste de Estados Unidos, donde las temperaturas extremas forman ya parte de la vida cotidiana. Ciudades como Hermosillo, Mexicali, Phoenix, Las Vegas, Ciudad Juárez o Tucson enfrentan ya veranos con temperaturas capaces de poner en riesgo tanto la salud humana como la operación de infraestructura crítica.
En este contexto, el calor extremo deja de ser solamente un problema meteorológico. Se convierte en un problema de ingeniería, planeación urbana, energía, salud pública y justicia social.
Reflexión final
Quizá una de las lecciones más importantes del siglo XXI es que el cambio climático ya no pertenece al terreno de las advertencias futuras. Está modificando nuestras ciudades, nuestros hábitos de trabajo, nuestras formas de movilidad y nuestra relación cotidiana con el espacio urbano.
Durante mucho tiempo imaginamos los desastres climáticos como fenómenos espectaculares y repentinos. Pero las olas de calor representan otra clase de amenaza: silenciosa, progresiva y persistente.
Y precisamente por ello podrían convertirse en uno de los mayores desafíos tecnológicos, sociales y humanos de nuestra época.
ACCIONA puso en marcha Al Khobar 1 en Arabia Saudí de forma remota desde Madrid durante la pandemia, a través de un gemelo de Siemens SIMIT que replicó todo el sistema hidráulico desde la toma hasta el tanque de producto. El gemelo de IDE en Carlsbad, la planta desalinizadora más grande del hemisferio occidental, modela la bioincrustación de membranas elemento por elemento, con un ahorro proyectado de hasta 1,5 millones de dólares en mantenimiento durante cinco años.
En Singapur, el modelo de limpieza de membranas de Gradiant en la planta Bedok NEWater de PUB alcanzó una precisión del 98,1 % en la predicción de cuándo se necesitaba limpieza, y una demostración de desalinización independiente en Ulu Pandan apunta a un consumo de energía inferior a 2 kWh/m³, frente a un referente del sector de 3,5. Tres de los gemelos digitales de agua más sofisticados del planeta.
Ninguno utiliza aprendizaje por refuerzo. Todos funcionan en modo de asesoramiento.La distinción es importante. La optimización supervisada aprende del historial etiquetado; un agente de aprendizaje por refuerzo aprende de las consecuencias de sus propias acciones. Descubre políticas que maximizan el rendimiento a largo plazo sin que se le indique cuáles deberían ser esas políticas.
Aplicado a la ósmosis inversa, un agente de RL no necesita ser programado con la presión óptima para una combinación dada de salinidad y temperatura: la descubre. El paso del control consultivo al control de bucle cerrado es ahora una cuestión de la tolerancia al riesgo de las empresas de servicios públicos, la tolerancia de los reguladores a las políticas no supervisadas en activos críticos para la seguridad y los regímenes de validación que el sector aún no ha desarrollado.
Mohtada Sadrzadeh, profesor de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Alberta y uno de los investigadores líderes en RL para procesos de membrana, es directo al respecto: “La razón de esto no es una limitación algorítmica. Se trata de confianza. Cuando se produce agua potable, no hay margen de error”.
La madurez algorítmica existe. La categoría institucional para ello no.La misma asimetría se encuentra en el centro del análisis de Mervin XuYang Lim sobre la valorización de la salmuera en este número. Lim argumenta que la desalinización ha dedicado cuatro décadas a optimizar el proceso del permeado —tasas de recuperación, energía específica, vida útil de la membrana— y casi nada de tiempo a analizar el proceso del concentrado. Señala ejemplos prácticos: la planta de Tuas en Singapur, que explora la electrodiálisis con membrana bipolar para producir hidróxido de sodio in situ, y Taweelah, que aprovecha el magnesio y el calcio para la producción de áridos para la construcción.
La química funciona. Lo que falta es la categoría regulatoria adecuada para ubicar el recurso.Tengamos en cuenta lo que la OMS publicó esta semana en Estadísticas Mundiales de Salud 2026. La cobertura de agua potable gestionada de forma segura aumentó del 68 % de la población mundial en 2015 al 74 % en 2024 —961 millones de personas más beneficiadas—, pero 2100 millones aún carecen de este servicio y 106 millones siguen bebiendo directamente de lagos, estanques y ríos. El saneamiento gestionado de forma segura pasó del 48 % al 58 %. A menos de cinco años de la fecha límite de 2030, la OMS concluye que el ritmo de progreso debe acelerarse drásticamente.Situemos los dos extremos del sector uno al lado del otro.